25 de marzo de 2020

UN ENEMIGO INVISIBLE


UN ENEMIGO INVISIBLE



Con la décima apalabro
de este aislamiento el tedio,
y en ella encontré el remedio
con que el sentimiento labro.
Todas las ventanas abro
y se me va haciendo audible,
una solución posible:
me lavaré con jabón
para limpiar el bajón
del enemigo invisible.

Lavo con jabón el miedo,
lavo la mala noticia,
desinfecto la injusticia,
remiendo con fe mi credo.
Al cielo apunto mi dedo
con la esperanza plausible,
de que otra noche temible
será una menos que pasa
para extirpar de mi casa
al enemigo invisible.

Lavo con jabón el fraude
y a la angustia esterilizo,
me alimento con el guiso
de la gente que me aplaude.
Quizá algún día no laude
y esté mudo, (inamovible),
haciendo el verso inaudible
en una caja macabra,
y esta otorgue mi palabra
al enemigo invisible...

Pero mientras pueda lavo
desde mi paso a mi mente:
mi pie con buen detergente,
mi mente de ser esclavo.
Mi pie que al suelo no clavo
para remontar, flexible,
la cabeza en ser sensible
y en ser un hombre ejemplar,
pudiendo así derrotar
al enemigo invisible.

Lavo bien cada poesía
por que no tenga microbio,
doy vitamina al agobio
que me empuja a la agonía.
Lavo, enjuago con lejía
todo pasatiempo horrible,
busco el terreno apacible
donde poder sembrar flores,
que ahuyenten tufos y hedores
del enemigo invisible.

Lavo del virus la capa
de doble corteza lípida,
disuelvo la aroma insípida
que al sometimiento atrapa.
La pureza de mi napa
se va haciendo más visible,
se va forjando invencible
mi defensa de la vida,
no voy a ser la comida
de un enemigo invisible.

© Rubén Sada. 20/03/2020.

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