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22 de agosto de 2016

UN CUENTO DE LA EDAD MEDIA

Castillo del Bellver, donde estuvo preso el escritor Baltasar Melchor Gaspar María de Jovellanos


UN CUENTO DE LA EDAD MEDIA

  —“¡Prendedlo !” ˗Ordenó imperativamente el caballero medieval a sus lanceros, fornidos guerreros, que lo tenían rodeado.
El poeta no tuvo temor cuando lo arrestaron, arrojándolo luego a un calabozo donde pasaría muchos años preso.
Allí dentro se le pasaría la vida, con la única tarea de “escribir sus pensamientos”. 
Su cuerpo estaría preso, pero sus ideas volarían en libertad afuera de los barrotes y se transformarían en unas cerillas que propagarían su fuego en el bosque.
Aunque escritas en cautiverio, sus ideas “prendieron”.
Un fósforo puede estar preso en una caja, pero cuando el mismo es prendido, puede iluminar…
… O causar un incendio.
Nunca había sido tan equivocadamente cierto el mandato del caballero medieval a sus soldados: “¡Prendedlo!” Pues fueron esas ideas la luz brillante que propagó en otros el fulgor que puso fin a la “edad del oscurantismo”.
Sus letras causaron un incendio.
Al “prenderlo”, “encendieron” una antorcha.

©Autor: Rubén Sada.


29 de noviembre de 2014

POTROS


POTROS


Hay potros que galopan sin cesar adentro mío y no los puedo detener,
una carrera que arrasa con mi calma.
Enardecen mi sangre cuando veo que los hombres hasta matan por tener,
me hierve el alma.

Y corren desbocados cual tropilla sin jinete por las calles del saber,
aturden con sus cascos mi conciencia.
Asolan mis principios pisoteando verdes hierbas que he podido recoger,
mi rica esencia.

Me empujan adelante con violencia, potros que me impiden retroceder,
es una lucha.
Están embravecidos y me esfuerzo por domarlos, mas no me escuchan.
No los puedo someter.

El polvo levantado en la tropilla me quita la luz del camino.
La salvaje estampida galopa con furia y no la puedo detener,
y no se detendrá mientras mi espíritu esté vivo, 
pero que, de a ratos tiene luz y alivio: ¡cuando yo escribo!

Rubén Sada. 29/11/2014

20 de septiembre de 2014

DISPUTA EN LA BIBLIOTECA

Algo asombroso ocurrió en la biblioteca cuando su encargado, el bibliotecario, se fue del lugar.

biblioteca

DISPUTA EN LA BIBLIOTECA

Por: Nabonazar C. Ayala 

   
Las gentes se marchaban puesto que ya era tarde,
la rica biblioteca muy sola se quedó.
Las lámparas de aceite temprano hacían alarde
de dar diez mil destellos, la noche las venció.

El Conde y la Condesa con ritmo acompasado
haciendo reverencias salieron del lugar.
Marchóse la señora del Guardia del Condado,
también los escolares, que hurgaban sin cesar.

El fiel bibliotecario tomó los viejos libros
y en su carrito lento los redistribuyó…
Aquí puso el grandioso Conde de Montecristo
y allá puso a Cervantes, quien fama cultivó.

Al buen estagirita,[1]  el filósofo cantado,
discípulo grandioso del límpido Platón…
Lo halló en catorce libros… ¡magníficos tratados
que fueran consultados con mágica pasión!

Los puso en el estante, bien junto al aquinate,[2]
Tomás, el que cambiara del mundo la visión.
Y en el estante opuesto, barroco escaparate,
puso del noble Esopo, su libro de ficción.

Puso con gesto lento y andar parsimonioso
a Horacio el generoso, también a Cicerón.
Y hallose con deleite el libro escandaloso
con que el febril Boccaccio causara conmoción.

Marcaba en el cuadrante del viejo campanero
las doce… ¡Era la hora de irse a dormitar!
Feliz pero jadeante y con alma de librero
el viejo, tras de sí, echó llave a aquel lugar.

No bien se hubo marchado cuando… ¡Prodigio grande!
Los libros de sus sitios se empiezan a mover.
Y caen con gran estrépito del elevado estante
abriéndose expectantes, diez, veinte y más de cien.

De allá salta el Quijote con su grito de guerra
y el noble Sancho Panza lo sigue siempre fiel.
El firme Lanzarote, amado de Ginebra,
la reina de Inglaterra renace en su corcel.

En la fila de ilustres y grandes pensadores
surge con el donaire de su generación,
rodeado por discípulos y por admiradores,
de la Academia grande, el filósofo Platón.

Surgen uno tras otro como una miniatura,
su talla nunca excede el formato al empastar,
del libro en que se hallan, las hojas con blandura
abrigan su existencia y la luz de su pensar.

¡En guardia!- Grita fiero a todos, Don Quijote,
Yo soy el caballero que viene a rescatar…
a la sin par doncella cristiana que el galeote,
Ladrón de los caminos preténdese llevar.

¡Ah, loco entre los locos!- Le  espeta con gran sorna
aquel Jorge Guillermo de Hegel, alemán,
¿Y qué es lo que pretendes? ¿Acaso es que retomas
de tiempos ya lejanos el cándido ideal?

Los tiempos medievales ha mucho se marcharon,
no existen caballeros en la modernidad…
No seas iluso viejo, los autos remplazaron
a la caballería… ¡Curiosa antigüedad!

¡Jamás!... ¡Bufón de corte, recorta tus palabras!
Pues la febril metralla de mi lanza genial…
hará que te arrepientas de tu verbo canalla...
¡En guardia! ¡La batalla principia hasta el final!

—¡Calmaos, calmaos Quijote y tú también, oh Hegel!-
Dice con voz que busca los ánimos calmar,
el buen señor del Tiempo, quien en su carro leve
de nubes y minutos detiénese en su andar.

Los dos tienen jirones de la verdad eterna,
mas, nadie se alza en dueño completo de su ser.
En tu momento, Hegel, miraste la conciencia,
de lo moderno alzarse del tiempo y renacer.

Y tú, Quijote, vuelas con tu mente a los tiempos
del Amadís de Gaula y Arturo, el rey bretón…
La nube de tu idea trocada en pensamiento
te lleva al medioevo con firme corazón.

Vivieron dos momentos con sus justas verdades,
no existe una –repito-, que abarque el ideal.
De la verdad unida del tiempo en las edades
fundidas cual un molde de luz universal.

¡No es cierto, Padre Tiempo!- Le espeta al buen anciano
el sabio entre los sabios… ¡Magnífico Agustín!
quien de Las Confesiones, sale con libro en mano,
henchido de sapiencia, cual limpio serafín.

¡El tiempo no es el tiempo! Las horas ya se marchan
como se escapa el agua en los dedos al tocar.
No existe el hoy presente, pues cuando te levantas
al hoy, éste se marcha sin poderlo evitar.

Y el futuro es la idea del tiempo que no ha sido,
el ayer se ha cumplido, se funde en el no ser.
¿Sí ves que el tiempo es nada? No más que ser vencido
que cuando te aproximas tiende a desvanecer.-

Al verse desarmado, el buen señor del tiempo
se calla y torna lento al libro celestial…
Aquella Teogonía, la voz del pensamiento
que de la Grecia grande fue airoso pedestal.

Esopo, el fabulista de la Frigia, levanta
su rostro con un aire de herida dignidad…
—¿Y cómo es eso –dice- que Roma en la garganta
de un sofista de escuela, pretende la verdad…

sobre el señor del Tiempo, más sabio entre los sabios?
¡Retracta tus palabras!-  Le exige al pensador…
De la noble Tagaste, Agustín aprieta labios
y ya va a responderle al genial fabulador...

cuando surge la voz del poeta más sapiente
que Roma produjera en su historia colosal.
Horacio es aquel hombre que habla mansamente
con trinos de canario y acentos de turpial…

¡Ni es bueno que se riñan ni Júpiter desea
que por su patria inicien una guerra verbal!
Vamos amigos, todos, cesemos la pelea,
¡porque somos modelos del bien universal!

No olviden que la vida se escapa a cada instante,
en el tiempo inclemente y la deben ocupar
en hacerse felices, labremos vindicantes
la vida noble y pura de la felicidad…

El sol ya despuntaba con tintes purpurinos
en la línea de oriente con fiel exactitud…
Mientras los personajes buscaban los destinos
en los libros que albergan su ser de plenitud.

Se marcha Don Quijote, jinete, en Rocinante,
se marcha Lanzarote, quien fiel se limitó
a oír de sus vecinos de libros y de estante
la lívida disputa que el día nuevo acabó.

Disípase el señor de los Tiempos en su carro,
se marcha ya Agustín con un aire vencedor,
mientras el fabulista repite los descargos
con que ataca el embate del recio pensador.

Horacio también marcha, detrás, con gesto grave,
prosigue cavilante el prolífico Platón…
quien, dictamina a todos...  —¡No es sabio quien más sabe!
¡Es sabio quien aprende errando en su lección!

El hombre busca esencia inmortal en sus ideas,
que abriguen las verdades de acento celestial…
Y sólo las consigue quien piensa, no pelea,
y aprende de los otros el brillo sideral.

Con las últimas frases se cierran de los libros
las tapas y regresan todos al anaquel.
No pasa mucho tiempo, el librero, aquel recinto
abre con gran estruendo… ¡Su norma es siempre fiel!

Abrir la biblioteca y los libros que atesora
a quien quiera leerlos con límpida fruición.
¡Los libros son el mundo y el tiempo que devora
las glorias de los siglos, con sabia erudición!
  
Nabonazar C. Ayala. Poeta colombiano.
Madrid (Cundinamarca)
01/05/2006




[1]). Estagirita. adj.-com. De Estagira, ciudad de la ant. Macedonia. Dícese por antonomasia de Aristóteles.

[2]). Aquinate. Es toda la obra de Tomás de Aquino (St. Thomas), para la expansión: las cosas Aquino, su trabajo y los estudios relativos a la misma. El mundo de Aquino. La filosofía de Tomás de Aquino, la mayoría de los estudios relacionados con él.
  

15 de agosto de 2014

A MI PLUMA ESTILOGRÁFICA (Poema Día del Escritor) de Amador Porres, poeta español

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A MI PLUMA ESTILOGRÁFICA


Confidente de mis penas,
oh, mi pluma estilográfica,
noche y día estás en vela,
noche y día me acompañas
con fidelidad de novia
y con cariño de hermana.
Tú mezclas cuando estoy triste
con mis lágrimas tus lágrimas,
tú interpretas el lenguaje
silencioso de mi alma.

A veces pecas de ilusa,
a veces de visionaria.
Informal e incongruente,
tus trazos, ya son plegarias,
ya blasfemias, ya sarcasmos,
ya salmos, ya carcajadas.
¿Quién te inspira entre mis dedos?
¿Quién en mi mano te inflama?

Arado y quilla, en la tierra
de mis zozobras amargas
o en el mar de mis ensueños,
tu sol y tu sal derramas.
Ebria de palpitaciones
estás y febril de ansias.
¿Qué de extraño, ya que siempre
junto al corazón cabalgas?

Cuando el odio te flagela,
y la envidia te maltrata
te ofrece, pía, un sudario
blanco la cuartilla blanca,
para que enjugues tu llanto,
¡oh, mi pluma estilográfica!

¡Quién te viera volar alto,
alto, y bañarte en las auras
inmaculadas del cielo
en que se bañan las águilas!
¡Quién te viera volar alto,
y ser pluma de sus alas!


Amador Porres

13 de junio de 2010

POEMA DÍA DEL ESCRITOR





13 DE JUNIO = Día del escritor

(Décimas del Payador Urbano)

Una luna de arrabal
nos atiza las pasiones
para evocar a Lugones
poeta fundacional.
“Lunario sentimental”
de un recuerdo cantarín
con perfume de jazmín
que nos refugia en el eco
del “Romance del Río Seco”
que precediera a su fin.

En el día del escritor
reverbera su destello,
junto a su firma y el sello
de su talento y fervor
-establecido en honor
de su pluma prestigiosa-.
Cuando a su vida tortuosa
se la transfirió al demonio,
nos legó el gran patrimonio
de su distinguida prosa.

Un pantallazo final
para el insigne escritor:
En su libro “El Payador”
la pampa se hace inmortal.
Su ensayo testimonial
es un aporte a la historia
de su pluma gestatoria
que sin el gaucho ropaje,
le rinde culto al coraje
y respeto a la memoria.

Autor: Mario Rojman