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9 de febrero de 2018

EL TRINAR DE ADOLFO COSSO

Payador Adolfo Fortunato Cosso

EL TRINAR DE ADOLFO COSSO



Trinares de Adolfo Cosso
me estimulan a pensar
que el arte de improvisar
es difícil, pero hermoso.
Cuando veo lo asombroso
de su vasta trayectoria,
me vienen a la memoria
sus páginas transitadas,
milongas chamarritadas
desde el suelo hasta la gloria.

Fue hijo del Gualeguay,
y hermano de Juan Chiviro, ([1])
provocando algún suspiro
y trinándolo por àhi.
Cuántas emociones hay
donde cantó ese zorzal,
que el canto tradicional
en décimas bien cantadas,
las entonan en bandadas
en el Rodeo de Bernal.


Payador Adolfo Cosso,
de tu sangre gualeyán
los versos que brotarán
son de espíritu virtuoso.
Payador bien animoso,
Entre Ríos fue tu raíz,
tu chamarrita al país
engalanada en poesía,
¡cuánta gente la aplaudía
y pedía “otra” y “bis”!

¡Que ningún foráneo maula
se atreva a hacerte callar,
imponiendo otro cantar
y encierre tu canto en jaula!
Payador, vos sos el aula
y esto quiero yo decirte…
¡no pares de describirte!
¡Sigue entonando tu trino,
aunque triste sea el camino
y aunque el sauce llore tu irte!

Rubén Sada.



[1]) Juan Chiviro. Nombre dado a un pájaro bastante común en la región litoral de Argentina.
___________________

MONOGRAFÍA DE ADOLFO COSSO


Adolfo Fortunato Cosso nació en Gualeguay, Prov. de Entre Ríos, el 28 de Marzo de 1936. Cursó estudios primarios en las escuelas "Rudecindo Alvarado" y "Juan José Castelli", de su ciudad natal. Realizó el ciclo básico técnico en la Escuela Fábrica N° 1 y cursó Dactilografía y Teneduría de Libros en el Instituto "Freyre" de Gualeguay. Hizo un estudio acelerado de Composición y Redacción Gráfica en la cátedra del Profesor Tomás Turveih, en la Capital Federal y de lenguas mapudungún y guaraní con los maestros aborígenes Ignacio Báez Kañandari y Augusto Ramallo Antuñanco. 
Payador Adolfo Fortunato Cosso
Fue socio co-fundador del Club de letras de Entre Ríos durante la presidencia de Leoncio Gianello. Fue fundador y presidente de la Ex Casa de la Cultura de Gualeguay.
Año 1953: Siendo aún un estudiante, comenzó a ejercer el arte de la versificación espontánea en reuniones estudiantiles, espectáculos peñeros y boliches rurales.
Año 1957: La editorial "Nueva Impresora", de Paraná, publicó su primer libro de versos, bajo el título "Alma Entrerriana".
Año 1958/60: Condujo, alternativamente, el ciclo cancionero musical "Cantares Patrios" por Difusora Popular de Gualeguay.
Año 1974 en adelante: Conduce el programa "Canta el País" por L.T. 38 "Radio Gualeguay" mientras publicaba y distribuía numerosos folletos con sus versos.
Entre los años 1974/76 fue participante activo en las audiciones radiales "Un alto en la huella", (del folklorista argentino Miguel Franco) y "Rincón de los payadores" conducido por Waldemar Lagos, en Buenos Aires.
Año 1977: La empresa gráfica "Ediciones del Amanecer" de la ciudad de Gualeguaychú editó su libro "Versos de andar mirando", prologado por el periodista Mario Alarcón Muñiz.
Año 1982: Un grupo de amigos, en Paraná, editó su libro "Camino del payador" con prólogo del poeta Marcelino Román.
Año 1982: La Universidad de Puerto Rico editó su libro "Cien Pensamientos y Reflexiones".
Año 1983: Publicó el libro “Camino del payador”.
Año 1989: En julio publicó su libro "De Entre Ríos al país”, poemario testimonial impreso en Zárate.
Año 1990: En octubre publicó "América antes y después de Cristóbal Colón", libro de opinión sobre la historia de América. Además, en dichos años Ediciones del Clé le publicó “La creación del amor” y “Sentires de Pueblo y Patria”.

Año 1992: Imprenta Libertad de Zárate le publicó “Quinientos años de sombras”.


Ganador de diversos premios en su actividad como payador así como distinciones en la República Oriental del Uruguay y Perú, condujo diversos programas destinados a la difusión de la música regional en LT39, Radio Gualeguay y L/41, La voz del sur entrerriano de Gualeguaychú, entre otras. Y fue colaborador de distintas audiciones radiales en la Provincia de Entre Ríos y articulista permanente del Semanario "Hoy", de Concepción de Uruguay. 

Hugo Durasec junto al payador Adolfo Cosso (E.Ríos)
Intérpretes tales como "Los Hermanos Cuestas", "Las Voces del Montiel.", "Los Hermanos Spiazzi",  "Roberto Romani", "Los del Gualeyán", "María Ofelia" y "Los Chamarriteros", han grabado cuarenta y dos versiones discográficas de sus letras anecdóticas, con musicalizaciones de destacados compositores entrerrianos.
Falleció en Gualeguay, E. Ríos, en 2004.

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MÁS BIOGRAFÍAS DE PAYADORES ARGENTINOS:

VÍCTOR NICOLÁS DI SANTO





2 de marzo de 2014

ALMAFUERTE EL POETA (CAP 15 Y 16: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

almafuerte película, narciso ibañez menta,
Narciso Ibañez Menta interpretando a Almafuerte en la película "Almafuerte" (Año 1949)
Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Almafuerte_(pel%C3%ADcula)

CAPÍTULO 15: SIGNIFICADO DE ALMAFUERTE EN LA

EVOLUCIÓN ARGENTINA

En el sentido espiritual, que es el más representativo
de Almafuerte, no es éste una aparición única
en la Argentina. Su anhelo de progreso, de justicia,
de mejoramiento humano, están ya representados
en los orígenes argentinos por Moreno, Rivadavia,
Echeverría, y muy especialmente por el
vidente Alberdi y el genial Sarmiento; su espíritu
rebelde, ardoroso y violento, propicio al anatema
contra los tiranos, tuvo por antecesor a Mármol en
sus poesías contra Rosas; y su alma popular y justiciera,
amiga y aun hermana de la chusma, está representada
en el pasado por el autor de Martín Fierro.
El genio más cercano, más análogo al espíritu
prócer de Almafuerte, en el pasado argentino, es
el borrascoso y férvido Sarmiento: su violencia, su
entusiasmo combativo, su fe en el porvenir y su
iracundo amor al progreso, culminaron más tarde
en Almafuerte, quien poseía además el genio metafísico,
la inspiración poética y un amor desesperado hacia los
siervos y los tristes. El Emperador indiscutible del pensamiento
argentino, como le llamó Almafuerte, no renovó ni acreció
fundamentalmente el pensamiento humano, pero fue ejemplo
magnífico y fecundo del hombre de pensamiento
y de acción renovadora; y en el sentido espiritual,
fue el digno precursor del poeta profético que había
de abrir nuevos rumbos a la orientación moral e 
ideológica del hombre.
Mas, en sentido integral, Almafuerte no ha tenido
antecesor. Su espíritu esencialmente metafísico y abstracto,
no tiene precedente en toda la literatura castellana;
(Calderón era un cura con todos los dogmatismos
y limitaciones de su casta) y muy difícilmente
en la poesía universal. Guerra Junqueiro
con quien le ha comparado alguien es una mente
vulgar al lado de Almafuerte; Carducci era moderno,
renovador y rebelde, pero poco metafísico; y Verhaeren,
de quien se ha hablado también, es un poeta
exterior, aunque subjetivo, y sin sentido moral. Era
sólo una conciencia exasperada por el dolor moderno.
Almafuerte es un genio en el sentido más alto
de esta palabra; y ése es un don que los pueblos
obtienen difícilmente y más aún los pueblos jóvenes
como lo es la Argentina. Hasta el momento en que
un pueblo no ha producido un genio universal, no
puede figurar en el concierto del mundo superior
de la cultura. En ese mundo imperecedero, que
constituye el tesoro permanente de la especie humana,
Grecia está representada por una pléyade entre
la cual destacan Esquilo, Sócrates, Platón y
Homero; Inglaterra por Shakespeare; Italia por
el Dante; Francia por Víctor Hugo; Alemania por
Nietzsche, Kant y Goethe ; España por Cervantes;
Norte América por Poe y Emerson, y la Argentina
estará representada por Almafuerte.
Desde luego, que tal afirmación será tachada de
absurda y excesiva por los detractores del poeta,
y de aventurada y prematura por los que no tienen
fe en su propio juicio y esperan a conocer la sanción
universal antes de consagrar con su admiración
a un genio contemporáneo, y más aún si es
connacional; pero los hechos se encargarán de justificar
sobradamente el concepto expresado.
En el porvenir moral e ideológico de la Argentina,
ejercerá la obra de Almafuerte una profunda influencia.
Dice Bovio en su obra sobre "El genio" que "en
la soledad el genio elabora la propia ascensión, para
presentarla como modelo a la ascensión humana" ; y
afirma que "cada raza que prepara su advenimiento
histórico, envía por heraldo al genio".
Tal ha sido la obra de Almafuerte y el significado
que ella tiene para el porvenir de la Argentina.
En un pueblo en formación, destinado a engendrar
una nueva raza forjada en el crisol de las anteriores,
y por lo mismo predestinada a producir
un tipo más alto de humanidad, pues según Galton
el cruce de las razas es favorable a la aparición del
genio y de tipos humanos superiores, Almafuerte
ha concebido y ha fundado una moral más perfecta
y un arquetipo del hombre, que será el eje de un
nuevo orden moral y el faro de una ascensión ilimitada
hacia las cumbres ; la base de una más justa,
más humana, más integral civilización.
Almafuerte sintetiza todo lo que hay de grande,
idealista y noble en el alma argentina, y reúne en
sí a la vez, como en un foco, las aspiraciones y tendencias
más puras y elevadas del espíritu humano
en un ideal altísimo, que podría calificarse de divinización
del hombre, o forjación del hombre integral.
Este poeta servirá al pueblo argentino de firmísimo
cimiento para su ascensión renovadora, y llegará
a convertirse en lo futuro, en el símbolo más
alto de la nacionalidad ideal.

CAPÍTULO 16: PRINCIPALES PRODUCCIONESDEL POETA ALMAFUERTE

Breve síntesis y comentario de las mismas
Después de haber estudiado en su conjunto las
obras y la vida de Almafuerte vamos a tratar de
hacer una ligera síntesis de sus principales producciones
para dar una idea de ellas a aquellos
de los lectores que las desconozcan:
Breve síntesis y comentario de las mismas
Después de haber estudiado en su conjunto las
obras y la vida de Almafuerte vamos a tratar de
hacer una ligera síntesis de sus principales producciones
para dar una idea de ellas a aquellos
de los lectores que las desconozcan :

Milongas clásicas. — Empieza por declarar que
va a cantar al pueblo, a su "chusmaje querido",
y que va a plegar sus alas para que sirvan de
escoba y estropajo en las piezas de los miserables.
Hay aquí una soberbia inaudita y una elocuente
grandiosidad al hablar de sí mismo; y al
definir los motivos por los cuales se acerca y
canta al pueblo, pone todas posibilidades del mal
y del bien. Es ello la integral comprensión de la
vida y sus instintos contradictorios. Los versos
se deslizan cantarines y suaves como el agua de
un arroyo por un álveo de arena. Y cada estrofa
contiene una elevada sentencia. Son flechas de
idealismo arrojadas desde lo hondo del pantano
hacia las más remotas estrellas. Son todos estos
versos una admirable fusión de la más alta y honda
metafísica, con la clásica llaneza del alma popular.

Olímpicos. — En estos versos el poeta designa
cuáles son los más altos y excelsos timbres que
señalan al hombre como digno de serlo, como héroe y elegido:
son los presentimientos de una vida más alta;
el estoicismo en el dolor; la amargura
y la nostalgia en el placer; la visión interior de
una luz lejana; la conciencia de ser centro de un
mundo invisible y manantial de bondad.

Cristianas. — Todo tiende a la suprema perfección
en la armonía final del universo. Cada ser calificado
como espíritu del mal, no es más que una
potencia que ocultamente trabaja para el bien,
por caminos opuestos, en apariencia, a la senda
de la vida. Son energías desviadas o que no han
llegado aún a su total perfección. Pero en ellas
también brilla la sacra chispa ideal. Y con genial
intuición adivina el poeta los destinos más altos
que se esconden en cada pecho protervo ; y ve las
cimas remotas hacia las que se dirigen todos los
tortuosos caminos.

"¡No; no cabe la noche completa
allí donde gira la estrella de un alma!
¡Vive un juez prisionero en el hombre
que jamás prevarica ni calla!
¡Hay un golpe de luz en el fondo
de aquellas más viles vilezas humanas!"

Mancha de tinta. — Es la afirmación rotunda
de la absoluta soledad del hombre en el desierto
de la vida. Quiere saber el poeta quién le ama.
Busca al pueblo, al "cardumen muerto de hambre"
que le rodea, y éste le pone en la picota.
Va tras de los amigos y le engañan todos; la mujer
a quien amaba, le traiciona; muerto de dolor,
entonces se remonta a los cielos y se dirige a "la
dorada puerta Pia" y al acercarse no había "ni
luz, ni puerta, ni nada". Esta es la crueldad consciente
de la vida. Quien no haya pasado por este
sentimiento, aún no ha nacido. En este verso
está contenida toda la filosofía de Max Stirner.
Pero aquí no es razonamiento, sino sentimiento
hecho idea; lo cual es más rotundo y verdadero.

Apóstrofes. — Es esta una bellísima poesía,
donde se hermanan admirablemente lo sublime
del fondo con la perfección absoluta de la forma.
Para abarcar las ideas tan sabias y tan hondas,
tan bellas y tan altas que se contienen en ella,
sería preciso hablar extensamente. Esta sola poesía
merece un libro. Encierra toda la sabiduría de la
evolución humana y del destino. Concentra y funde
en sí los dos acentos contradictorios de la fatalidad
y de la libertad. Es el poema de la ascensión
del espíritu humano, cuya libre voluntad vive
esclava del Destino. Baja el poeta al fondo del
ser y sorprende allí los más hondos secretos. Vibra
y ondula su verso, gracioso y terso, bajando
a los abismos y ascendiendo a las nubes.
Es tan vasto que comprende a toda la humanidad y tan
sutil que penetra lo más recóndito del espíritu. Y
termina el poeta con un apóstrofe, imprecando airadamente
a toda la humanidad, a quien somete y domina:
"Con la luz esplendorosa
Con el hierro incandescente de la fe".

Trémolo. — Honda nota sombría de angustia
y de dolor, terriblemente desoladora, que se alza
de las entrañas del espíritu humano como un grito
prometeico hasta la faz de Dios. ¿Qué valen al
lado de esto las protestas de Job, sus llagas y sus
dolores? El poeta recoge los lamentos del dolor
universal sintetizados en su alma y se presenta
ante Dios para acusarle de crueldad. Siéntense
crugir aquí los andamiajes del universo, se remueven
los cimientos de la vida y vacilan cuarteados
los pilares que sostienen el cosmos. Es que ha
nacido una nueva concepción más alta que destrona
y substituye y arroja del Olimpo a la concepción
judaica. El poeta prometeico se presenta ante
el Júpiter del Olimpo cristiano, exigiéndole cuentas
estrechísimas de su implacable dureza. El corazón
del poeta y las plantas de sus pies están
hechos una llaga, como el cuerpo de Job. Gimen
los gemebundos algarrobos y braman los leones
prisioneros en la cárcel de su instinto. Y en tanto
se refugian como liebres los Genios de la Luz y
Dios vive feliz en sus Edenes, rodeado de sus
vírgenes. "¡ Tirano sin control ! . . . ¡ Vete a tu
cielo ! ¡ No mereces ser Dios !" exclama soberbiamente
el poeta que había soñado un dios más bueno;
y se presenta ante él para exigirle que le
pague su dolor. Las notas de estos versos resuenan
clamorosas, con siniestra y solemne amargura,
como un canto "De profundis" donde se hubiese
volcado todo el humano dolor. Por su vasta
y compleja ideación y su ritmo acompasado y
grave de religiosos acentos, esta poesía parece recordar
el coro de los peregrinos en el Tanhauser.
Pero aquí hay un infinito desgarramiento que tortura
el espíritu, y lo arrebata y eleva a la cumbre
moral de la vida desde la cual se abarca y se
juzga el universo.

Gimió cien veces. — El alma del presidio formula
sus pesares y se erige severa como un juez
ante la sociedad que la condena. Canta la hórrida
angustia de su destino en tristísimos versos tan
solemnes y graves como un "Miserere". Pide
misericordia el alma del presidio, pide la misericordia
de la muerte. Y se presenta ante los intachables,
los perfectos sin lucha, para acusarles por
su maldad, por el orgullo con que la insultan y la
soberbia que muestran de su pureza irresponsable.
Ella, el alma del presidio, es también irresponsable.
"¿Les dije yo a mis padres... Pude decirles
que amasaran mis carnes con azucenas?",
exclama tristemente el presidario.
Y la suprema, total pureza sobre todos los destinos
brilla aquí como un sol de mediodía, que alumbrara
la vida con una nueva luz. En estas altas,
magnificas estrofas, zumban como saetas las palabras
de Nietzsche en su canto "Del pálido criminal".
Pero no es que las repita, no que expresen
lo mismo, sino que están aqui comprendidas y
superadas. Allí sólo hay conocimiento: aquí hay
bondad consciente, magna bondad trocada en sabiduría
y en integral potencia de ascensión, de
anhelo de lo perfecto.

Siete sonetos medicinales. — Al leer las más
grandes obras de la literatura universal, las más
alentadoras y exaltadoras del hombre, encontraréis
en Ibsen la ambición infinita, en Nietzsche
la dureza más rotunda, en Carlyle la exaltación
del heroísmo, la individualización en Stirner, en
Emerson la afirmación del yo interior y en Walt
Whitman el ímpetu marcial. Pero leed después estos
"Siete sonetos medicinales" y decidnos si no
está aquí contenido, sintetizado, todo el poder
idealista y ascensional de aquellas obras, formulado
de un modo absolutamente nuevo y personal.
Ved también si en aquel desprecio con que se habla
de los leones, no hay un sentido más alto de
valoración del hombre, por encima de la Naturaleza,
que jamás se había expresado antes de ahora.
Aquí están superados y desvanecidos cuantos
fantasmas pudieran encadenar al hombre. Este
reina de un modo soberano, y su voluntad y su
energía se exaltan y endurecen, se acrisolan y
depuran en los sonetos estos, como en la forja de un dios.

La sombra de la patria. — Idealista y sublime
clarinada guerrera que llena los espacios infinitos
con su protesta airada y dolorida ; que levanta sus
acentos hasta el trono de Dios y hace estallar allí
fulminador el volcán de sus ansias, reduciendo a
pavesas la dorada ilusión providencial; que baja
luego a la tierra y ruge sombríamente al comprobar
que la virtud y el bien, la libertad y el derecho,
únicamente son palabras resonantes, ilusión
y mentira. Y el poeta, enloquecido de dolor,
apostrofa a la Mente invisible que debiera regir
el universo, y la acusa de todos los males que
constituyen la esencia de la vida. La sombra
prostituida de la patria pasa ante el alma del
poeta, y éste siente la noche de los siglos acumularse
en su mente y gravitar sobre sí todo el
peso de los orbes. Y tras de haber llamado a juicio
a la Naturaleza y a los dioses, diríjese a la
juventud para pedirle que salve y redima y eleve
a la patria mancillada.
Un acento sublime de dolor y de ira santa hay
en toda esta poesía, que parece la voz de los profetas.
Aquí el espíritu humano se remonta a una
fusión altísima del yo individual con el alma de
un pueblo y el destino de una raza en la suprema
aspiración del bien, a pesar y por encima de la
fatalidad del mal que rige a la naturaleza.

La canción de un hombre (En el abismo).
Esta poesía es un autoretrato psicológico del
poeta, una autodefinición moral del genio.
Las más altas verdades filosóficas, las más
profundas afirmaciones morales y las averiguaciones
ideológicas más modernas y altivas, hállanse
contenidas en estos versos que pueden muy
bien marcar lo sumo a que hasta hoy ha ascendido
el espíritu humano. Es la expresión suprema
de la intuición consciente. Es la individualidad
afirmándose con rotunda fiereza, pero abarcando
y conteniendo en sí la conciencia colectiva,
el alma universal. Es el hombre elevándose
por encima de la naturaleza, del tiempo y el espacio
y proclamándose síntesis universal y eterna.
Tenemos la convicción de que en ningún idioma
existe otra afirmación tan formidable, tan integral
y tan alta, aunque tan breve, que sintetice
como ésta el espíritu del genio y la divinización del hombre.

Jesús. — Con altísimo vuelo ascensional y nítida
pureza de idealismo, dibuja aquí el poeta el
mágico perfil del Nazareno. No hay en esta poesía,
al hablar de Jesús, ni la ciega admiración de
los creyentes, sean católicos o no, ni el concepto
mezquino de los "espíritus libres", como el mismo
Nietzsche. Hay nada más que comprensión,
una comprensión total del espíritu de Cristo, una
definición superabstracta y metafísica del fenómeno
de la Redención y de las doctrinas de Jesús.
Cierto es que aquí se contiene, como no podía
menos, la afirmación de Schopenhauer : "el mundo
es nuestra representación" ; pero también está
comprendida la de Nietzsche : de que el bien y el
mal son valores convencionales. Sólo que estas
afirmaciones no tienen en aquellos filósofos el valor
y el sentido que Almafuerte les da. Al decir
Schopenhauer que el mundo es nuestra representación,
como él no cree en otro mundo que el
visible, aniquila totalmente la Realidad y cae en
el nihilismo, en el pesimismo. De igual manera
Nietzsche al comprender que los valores morales
son un convencionalismo, destruye el bien absoluto
y sólo crea un bien un mal para el hombre
fuerte, para el individuo que es la única realidad
en la cual él cree. Pero Almafuerte, no; si afirma
que es ilusión el mundo externo, es para sostener
que nuestras ilusiones son la única realidad, y
que en nuestro espíritu está Dios, la eternidad y
el destino; de lo cual se deduce, contrariamente
a Schopenhauer, un optimismo absoluto y consciente;
y al asegurar aquí el poeta que el bien
y el mal humanos son palabras vacías, no atribuye
a los hombres, como Nietzsche, la facultad
de crearse otro bien y otro mal personales y
egoístas, sino que a la vez, proclama un bien
absoluto, eterno, y un transitorio mal que se cambiará
por fin en bien. Estas afirmaciones, pues,
en Almafuerte no son individualistas, ni engendradoras
de pesimismo. Exaltan y glorifican la
individualidad humana, pero unida al espíritu absoluto;
destruyen el mundo externo para imponer
el reinado de la vida interior; aniquilan los valores
transitorios y humanos, pero proclaman el Bien eternal y divino.

La inmortal. — Baja el poeta al fondo de la
"chusma sagrada" y vuelve de allí cargado de
amargas verdades que arroja a los poderosos, a
la faz de los grandes de la tierra. La inmortal es
la chusma que labra y forja el mundo con su
esfuerzo, que con su sangre ha regado toda la
tierra y ha impregnado con la esencia de su ser
hasta las aguas del mar. De ella sale, de su seno
y sus entrañas, la chispa luminosa de los genios y
el amoroso fuego de los santos. Y sin embargo
es la esclava y la condenada, la sometida y la
proscripta. Pero ella ve o adivina la justicia y la
razón y por eso a los códigos del bien que le dictan
los amos, a las divinas pragmáticas que se le
imponen, contesta con una risa demoníaca y sarcástica,
con una risa de bestia libre de freno,
carcajada desgarrante que conmueve y desgaja
los cimientos sociales y las columnas de los cielos;
carcajada nihilista que desmiente y destruye
todas las perfecciones y progresos conquistados
aparentemente por la humanidad. Como los canes
que vuelven a la madrugada y arañando y aullando
en la puerta solicitan albergue de sus amos,
así los genios más grandes, los consagrados y
los héroes aguardarán el día de la justicia ante
las puertas de bronce que separan la sombra
de la luz.
Tú, poderoso y señor, no temas nada, aunque
se hunda el templo, mientras queden creyentes.
Teme, sí, cuando tu ley sin ley moral, tu concepto
salvaje de cruel egoísmo, de déspota sin freno,
penetre hasta el fondo mismo de la chusma ; cuando
ella vea que no va su ración en la carga y
se canse de ser pedestal y abandone la cruz ; porque
entonces se desquiciará todo el mundo presente.
Este poema es el más extenso de Almafuerte y
también el más vasto, el más grandioso. Es de una
grandeza cósmica y de un altísimo sentido moral.
¿Cuándo se escribió nada tan profundamente
justo y moral como ésto? Aquí no hay la conformidad
burguesa y la complicidad del silencio que
se ve en todos los poetas respecto a la gravísima
transgresión moral que implica la injusticia humana,
el predominio de la fuerza y de la astucia.
Pero tampoco hay las "rebeldías necias de lacayo"
que constituyen la protesta anarquista, ni
el desconocimiento de la ley moral que profesan
los ácratas. El alma y la esencia de este poema
es una ley interior sublime que cual hilo de oro
corre por encima de los hombres, sin que haya
llegado nadie, hasta hoy, a reconocerla ni acatarla.
Almafuerte, como un dios, restablece el imperio
de esta ley, y la pone por eje espiritual y por
cimiento y base de los pueblos.
Aquí sintetiza el poeta, más que en ninguna
otra de sus producciones, la tendencia de toda su
obra a realizar lo que podría llamarse apocatastasis
humana, es decir, a reintegrar en la humanidad
todas las almas y a dar a cada espíritu la
conciencia de toda la humanidad.
Tiende también su acción a realizar lo que ha
llamado Saint - Ivés "sinarquía", o sea gobierno
de los principios, de las leyes morales. Pero Almafuerte
no predica esto, como no predica nada.
Con su genial vista interior vislumbra la ley
moral desconocida por todos y él la enuncia y la
obedece. Esta es, en síntesis, su misión y su obra.

El misionero. — He aquí el más bello, el más
rotundo y trascendental de los poemas de Almafuerte.
En él está formulada y concretada toda su
vida y su fe. Cada estrofa es una sentencia de
bronce y todo él está escrito, no "con sangre
y medio loco", como Nietzsche decía, sino con
la esencia misma de su existencia. Porque las
afirmaciones que aquí se contienen las ha amasado
el poeta con su propio dolor, en una lucha
heroica y solitaria contra el cieno y el mal.
Larga y difícil tarea sería el señalar ahora todas
las altas verdades definitivas, absolutas, de
iniciación reciente o antiguamente expresadas por
los más altos espíritus y por él coloreadas con un
matiz personal, que se contienen profusamente
en este poema. El es un evangelio de idealismo,
de bondad, de sabiduría interior, y merece profundos
y extensos comentarios que desentrañen
y formulen la honda filosofía encerrada en sus
versos. Hállanse aquí sintetizadas, como hemos
dicho, las más modernas ideologías, pero a la
vez están superadas por la visión integral del
poeta, por su ímpetu inexorable de ascensión, por
la llama que arde en él, de heroica y de fierísima
bondad. El vasto ideal que le inspira de liberación
total y superación del hombre, de imperio del
espíritu y de bondad consciente, solamente lo
hemos visto expresado con igual intensidad en
José Antich, el autor de "Andrógino", apóstol y fundador,
filosóficamente, del ideal de divinización humana.
Pero como poeta propiamente, como hombre
que canta en verso y encarna en su existencia sus
propios ideales, no le encontramos semejanza ni
antecedente alguno.
Es el primero que toma como único sujeto de
sus cantos al hombre, al espíritu del hombre, de
manera sintética y ascendente, con un criterio
nuevo y audacísimo de moral ego - altruista.
En todo este poema se destaca la figura del
Cristo dictador, del heroico creador de una nueva
ley moral, del tirano del bien, cuya cruel energía
se consagra íntegramente a servir e imponer el
ideal de amor.

Apóstrofe. — Esta poesía ha coronado y sintetiza
toda la obra y la vida del poeta. Lacerada
su alma por el bárbaro espectáculo de la fuerza
agresora y humanicida que pisotea el derecho y
pretende erigirse en dictadora y soberana de la
humanidad, busca al principal culpable de este
cataclismo, con el seguro instinto de su intuición,
y alzándose por encima de todas las cobardías y
vacilaciones que atan el pensamiento universal,
él apostrofa y condena al responsable de la horrorosa
tragedia con la violencia infinita y la sagrada
indignación que sólo pueden prestar un
alma gigantesca y un corazón sin mácula. Ya hemos
hablado de la forma de esta poesía — tan reprobada
por los estetas y por los vasallos espirituales
del déspota germano — y por lo tanto no
insistiremos en su análisis. Pero sí aseguramos
que sobrevivirá como un monumento humano de
rebeldía consciente, de alto sentido moral y de
espíritu altruista y justiciero.

Evangélicas. — Las "Evangélicas" de Almafuerte
son una serie de artículos compuestos de
pensamientos en forma de versículos.
En ellos se razona y sentencia sobre todas las
cosas divinas y humanas, pero siempre desde el
punto de vista del sentido moral y de la vida interior
del hombre.
Contienen una filosofía áspera y ruda, original
y bravía ; recuerda los aletazos de las águilas y el
selvático olor que las fieras exhalan. Pero el criterio
y el fondo de todos estos pensamientos es
fuerte y sano, edificante y austero. Expresan un
concepto de rigidez moral, de dureza consciente,
de individualismo interno, a la vez que de bondad
exquisita y de suprema civilización humana.
Son estas evangélicas un verdadero código moral,
un método de individualización; despiertan y
fortalecen, humanizan y elevan.
A pesar de que, sin pretenderlo, reflejan las
corrientes de pensamiento actuales," tienen además
una originalidad singularísima por su brusca expresión,
por su tono candente de realidad. Compréndese
muy bien que no son pensamientos de
hombre sentado, como decía Nietzsche ; que han
sido elaborados no ya andando, sino viviendo ; que
se los ha forjado en el yunque de la vida y con
el martillo de la idea.
Elévase también aquí el poeta a cumbres de
idealidad formulando profundas y penetrantes
sentencias, al hablar del carácter, al definir el
genio, al meditar sobre el hombre y sobre la vida.
Consideramos como uno de los más conscientes
y hondos pensamientos éste que forma parte de
una de sus evangélicas : "El estado perfecto del
Hombre es un estado de ansiedad, de anhelación,
de tristeza infinita : una tremulación interrogante
de tentáculo".

Discursos y conferencias. — Muchas son las
producciones de este género que existen del poeta
y todas ellas versan sobre temas morales. Se caracterizan
por la construcción de largos periodos
sostenidos en que el poeta se elevaba a las cumbres
de la ideación, con la tenaz insistencia, la
intensa pasión moral para expresar una idea hasta
en sus consecuencias más remotas y en su sentido
más recóndito, que era lo más peculiar y lo
más resaltante de su genio. Los límites obligados
de este trabajo no nos permiten entrar en el análisis
de esa parte de su obra; pero señalaremos
entre las más bellas de sus piezas oratorias el discurso
sobre Mitre, la conferencia "La gran misión",
el discurso en homenaje de Carducci y la
conferencia sobre el niño.

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ALMAFUERTE EL POETA (CAP 13 Y 14: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

Almafuerte visita Trenque Lauquen
Visita de Pedro B. Palacios a Trenque Lauquen en 1913

ALMAFUERTE EL POETA (CAP 13 Y 14: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

CAPÍTULO 13: LA RELIGIÓN DEL HOMBRE

Para la literatura y la filosofía, él hombre ha
sido siempre una cosa secundaria y subalterna. Por
sobre de él han pesado, abrumadoras y absorbentes,
todas las abstracciones. Los artistas han cantado
y exaltado a la Naturaleza y la Belleza o a los
hechos exteriores. Los filósofos se han extraviado
en la discusión de los conceptos absolutos o en la
investigación de los orígenes y de las causas finales.
Y los teólogos han hecho del hombre un juguete
en las manos del Destino, denominado por
ellos Dios o Providencia. Tal vez es ésta la causa
de que en oposición a los adelantos maravillosos
de la mecánica haya el hombre, hasta hoy,
permanecido moralmente estacionado.
El primero que trató de libertarnos del yugo de
la abstracción —ya fuese la de Dios o la de los
ideales— fue aquel poeta - filósofo que se llamó
Federico Nietzsche. Pero éste, en cambio, llevó demasiado
lejos aquella aspiración liberadora, y al suprimir
la moral en absoluto hizo al hombre instrumento
de sus instintos. Falto, además, de base
espiritual para cimentar la vida humana, al abolir
la ética, creó a su vez otro ídolo para reemplazar
los anteriores, y así nació ese mito del Superhombre
que es un nuevo fetiche en cuyas aras pretende
continúe sacrificándose la especie humana.
Emerson y Carlyle han sido precursores en este
movimiento afirmativo de la personalidad, que ha
tenido últimamente un impulsor de poderoso aliento
en el joven escritor italiano, Giovanni Papini,
quien se dirige a la conquista de la divinización humana
por medio de la acción, licenciando para ello a
la filosofía, como a instrumento inútil.
Otro exaltador del hombre y fundador de un
ideal de ascensión humana, es el autor de "Andrógino".
José Antich, creador de una redentora concepción
social ego-altruísta y de un nuevo arquetipo
más alto y más humano que el Superhombre.
Pero nadie, jamás, como Almafuerte, ni siquiera
entre los antes mencionados, habíase consagrado
en absoluto a la elevación y exaltación del alma
humana. Para Almafuerte no existe la Naturaleza
porque carece de vida propia y de conciencia; el
arte es un instrumento para gritar a los hombres
la Verdad; los ideales son medios y caminos para
superarse y ascender; Dios es la ley moral que rige
al universo y cuyo código lleva el hombre escrito
en su conciencia; y lo único, por tanto, que constituye
una absoluta y suprema realidad es el hombre
mismo, que lleva en su alma los cielos y la divinidad.

Pero no es al hombre abstracto al que Almafuerte
canta y exalta, sino al hombre real, cualquiera
que sea su índole y condición, y más aún a
los bajos y caídos; a la humana conciencia en cada
ser; a las más altas, más locas, más puras y sublimes
aspiraciones.
Padece su alma una fiebre de amor que le devora,
hacia los miserables y los tristes. Mucho más
intenso aún que el fervoroso amor místico de Telesa
de Jesús por la imagen ideal del Nazareno es
el que siente Almafuerte por la chusma irredenta
y que ha expresado, entre otros, en los siguientes
versos:

"Yo siento por el dolor
de la chusma miserable,
la suprema, la inefable
maternidad del amor.
Yo siento el mismo fervor
del Cordero supersanto,
fervor tan profundo y tanto
que tendrá que vaporarme
y en la miseria regarme
como un diluvio de llanto."

Pero aunque ama tan locamente al hombre, no
le ama ni lo concibe como un hecho consumado,
como un ser ya perfecto, sino como una fuerza
ascendente que se depura y se transforma, según
expresa en "El Misionero":

"El mejor no eres tú, pálido rastro,
tímida tentativa en la redoma . .
Vas a tu superior, a tu distinto
y ese no te tendrá ni amor ni envidias.
El que vendrá después, el Prometido,
sólo será un cerebro con dos alas."

Y no sólo desea la elevación del hombre, sino
que siente un ansia ardentísima, un ímpetu ferviente
hacia lo mejor y por eso fustiga sin piedad a la
recua inerte y abomina y reniega del ansia de quietismo:

"Felicidad total : maldito nombre,
consigna del cobarde y del tirano...
¡La perfección en sí del cuadrumano
tal vez hubiese suprimido al Hombre!"

Y cual palanca suprema de la vida, canta al dolor
y al esfuerzo en estrofas magistrales:

"Dolor, santo dolor: sol iracundo
que a las almas estólidas caldea,
que tortura las fibras de lo inmundo
hasta que se hacen leña y se hacen tea
Padre de lo mejor, amo del mundo,
generador supremo de la Idea,
draga de remoción, llama expiatoria,
que convierte las pústulas en gloria

Odio por lo tranquilo y uniforme,
y ansia de otro nivel y de otro aspecto;
fiebre de perfección en lo deforme,
y hambre de super-luz en lo perfecto
soberbias de Luzbel; vacío enorme
en el alma sombría del insecto...
Eso requiere Dios para sus planes
angustias de Satán... ¡Somos Satanes!"

No hay en toda la obra de Almafuerte una sola
palabra que no esté consagrada a la educación,
a la enseñanza moral, al mejoramiento de los hombres.
Sus ideas no pueden encerrarse en ningún
molde ni dogma; si alguna calificación se le puede
aplicar es la de integralista: él aceptaba todas las
ideas, todos los principios, con tal de que sirvieran
para elevar y fortalecer el alma humana. A lo que
aspiraba él es a que el hombre fuera un ser integral,
en posesión de todas sus facultades, dueño y señor
de sí mismo, capaz de concebir y practicar la más
alta ley moral y en constante evolución hacia lo más
puro y perfecto.
Almafuerte ha fundado con su obra la religión
del Hombre, que substituirá en el porvenir a las religiones
ya agotadas de los dioses; y cuando empiecen
sus ideas a trascender al alma popular y a
penetrar en la conciencia humana, sobre el fundamento
inquebrantable de su idealismo, se levantará
una nueva humanidad más perfecta y consciente
que la antigua e iniciadora de una civilización
moral, en reemplazo de la externa que ahora existe.
La influencia futura de Almafuerte está bien expresada
por Guyau en el párrafo siguiente de su
obra "El arte desde el punto de vista sociológico":
"En último análisis, el genio y su medio nos dan
el espectáculo de tres sociedades ligadas por una
relación de mutua dependencia : 1°) la sociedad
real preexistente, que condiciona y en parte suscita
al genio; 2°) la sociedad idealmente modificada
que concibe el genio mismo, el mundo de voluntades,
de pasiones, de inteligencias que crea en su
espíritu y que es una especulación sobre lo posible;
3°) la formación consecutiva de una sociedad nueva,
la de los admiradores del genio, que realizan más
o menos, en sí mismos, por imitación su innovación.
Es un fenómeno análogo a los hechos astronómicos
de atracción, que crean en el seno de un gran sistema
un sistema particular, un nuevo centro de
gravitación".

CAPÍTULO 14: ALMAFUERTE COMO ARTISTA

Cuando se habla de Almafuerte suele ensalzarse
en él al pensador y al filósofo, no siempre comprendido
y aun atribuyéndole un valor muy subalterno;
y sobre todo se pondera del poeta el carácter
indomable y el espiritu heroico que luchó tan
tenazmente por la justicia y el bien; pero en cambio
se le considera un artista mediocre. ¿Cuál es el
fundamento de este juicio? ¿Es verdadero y justo?
En la época moderna ha descendido el concepto
esencial de la poesía. Se juzga generalmente que
el poeta es un cantor canoro, un creador de belleza,
un músico del sonido y la palabra y un colorista
del verbo. Es el criterio que ha impuesto el modernismo
decadente. No queremos lapidar a éste como
hacen los clasicistas, los fanáticos admiradores de
los moldes caducos. Pero tampoco aceptamos las
mezquinas conclusiones de los modernos juglares.
Estas ideas del decadentismo han sido sintetizadas
por el más representativo de esa escuela, el

aristocrático y paradógico Oscar Wilde; y pueden
ser concretadas en las siguientes afirmaciones tomadas
de su ensayo "El crítico como artista".
"Discernir la belleza de una cosa es el punto más
alto a que puede llegarse. Un sentido del color es
más importante en el desarrollo del individuo que
un sentido de lo justo y de lo injusto. La estética
es más alta que la ética. El arte es inmoral. El
artista verdadero es el que procede no del sentimiento
a la forma, sino de la forma al pensamiento, a la pasión.
"De tiempo en tiempo gritan ciertas gentes contra
algún encantador poeta y artista porque "no tiene
nada que decir" para usar su estúpida frase. Pero
si tiene algo que decir lo dirá probablemente y el
resultado será tedioso. Justamente porque no tiene
ningún nuevo mensaje es por lo que puede hacer
una obra bella. Tomará de la forma su inspiración,
de la forma únicamente como lo hará todo artista
verdadero. Una pasión real lo arruinaría. Toda
mala poesía procede de sentimientos genuinos. La
ciencia y el arte están fuera del alcance y de la
esfera de la moral. La moral reside, pues, en la
más baja y menos intelectual de las esferas".
No hay duda que Almafuerte sería un poeta
secundario, anodino y hasta fastidioso, desprovisto
de arte y de belleza, si se le juzga con el criterio
de este príncipe de los estetas, de este héroe del dandismo.
Si no se le supone a la existencia objeto moral
alguno, si la finalidad exclusiva de la vida es el
placer, entonces es innegable lo que Wilde afirma.
Es lo mismo que en otro orden expresa Manuel
Machado:

"No hay placer en los amores,
No hay amor en el placer."

Pero adoptar por criterio y por medida la norma
del placer, equivaldría al derrumbamiento de la vida
social y a la disolución progresiva y absoluta
de todos los fundamentos de la existencia.
He aquí el porqué constituye la poesía de Almafuerte
una piedra de toque para los espíritus.
Son enemigos de ella todos los estetas, todos los
decadentes, los juglares, los bufones de todos los
tiranos, los lacayos espirituales, los combinadores
de "cocinitas literarias", los pedantes pontificadores,
los amoralistas, los inútiles para el progreso,
los partidarios del placer a toda costa, "los canflinfleros
del dolor eterno" ; y son admiradores de su
obra, todas las almas sinceras y apasionadas, los
amantes del bien y del progreso, los rebeldes conscientes
y los libres, los peregrinos de rutas ideales,
los hijos de la lucha y del dolor, los forjadores
intrépidos de una nueva humanidad.
Aquel campeón del arte por el arte a quien nos
hemos referido. Osear Wilde, el idiólatra del placer
y la belleza, fué a purgar en una cárcel las consecuencias
de su concepto inmoral del arte y de la
vida. Y entonces, solamente, se reveló a su espíritu
el aspecto más profundo de la existencia, que
antes se hallaba oculto para él bajo el manto sombrío
del dolor. Y hostigado por el látigo implacable
de este maestro cruel, escribió sus páginas
más bellas y trascendentales, impregnadas de tristeza,
de dulzura y bondad y animadas por el soplo
de una moral muy pura, aun cuando siguiera él
repudiando este concepto.
Mas dejemos a los decadentes y opongamos a
su voz meliflua el verbo potente y cálido de Víctor
Hugo. He aquí el alto concepto viril y humano que
tenía de la poesía aquel gran lírico que reunió en
sí la dulzura de Horacio y de Verlaine y la iracundia
fulminadora de los profetas bíblicos:
"Existen dos clases de poetas : el poeta de la inspiración
y el poeta de la lógica; pero existe también
un tercer poeta, compuesto de ambos, que
corrige, completa y resume ambos en una entidad
más alta. Es decir, dos grandes figuras en una.
Este tercer poeta es el más grande. Tiene la inspiración
por cuanto obedece a su impulso, mas tiene
la lógica por cuanto cumple el deber. El primero
escribe "El cántico de los cánticos", el segundo "El Levítico",
el tercero "Los Salmos y Las Profecías". El
primero es Horacio, el segundo Lucano, el tercero
Juvenal. Y en otro sentido el primero es Píndaro,
el segundo Hesiodo y el tercero Homero.
"No pierde la belleza por ser buena. ¿Acaso el
león es menos hermoso que el tigre por tener la
facultad de enternecerse? Las quijadas que se abren
para dejar el cachorro al abrigo de la madre ¿afean
en algo la majestad de las melenas? ¿Desaparece
el verbo inmenso del rugido porque la horrible boca
que lo produce haya acariciado y lamido a Androcles?
El genio que no acudiera a prestar socorro,
sería deforme. Ser grande y no amar, es ser monstruoso.
¡ Sí, si ! ¡ Amemos ! . .
.
"Ser útil es no más que ser útil, ser bello es no
más que ser bello ; pero ser útil y bello es ser sublime.
Esto es lo que son San Pablo en el siglo I,
Tácito y Juvenal en el II, el Dante en el XIII,
Shakespeare en el XVI y Milton y Moliere en el XVII".
Y refiriéndose a Juvenal, cuya ira vengadora y
justiciera fue superada por Almafuerte, que no
era como aquel un ironista, sino un apostrofador
Júpiterino, agrega Víctor Hugo:
"Insistamos de nuevo en Juvenal. Pocos poetas
han sido tan insultados, tan combatidos y tan calumniados
como él. La calumnia contra Juvenal fue
creada a tan largo plazo que todavía dura. Una
pluma la deja y otra la toma. Los grandes aborrecedores
del mal son aborrecidos por todos los aduladores
de la fuerza y del éxito. ¿Queréis saber
quiénes son los que tratan de obscurecer la gloria
de los grandes seres que toman a su cargo el castigo
y la venganza? Pues son la turba de serviles
sofistas, los escritores que se arrancan la piel con
la rozadura de los collares, los historiógrafos matones,
los escoliastas bien retribuidos, los cortesanos
y los sectarios. Gruñen alrededor de las águilas.
No hacen con gusto justicia a los justicieros, y consiguen
irritar a los señores e indignar a los lacayos.
La indignación de la bajeza existe".
Almafuerte ha sido un poeta de la índole de
Homero y de Juvenal, pero de más elevados ideales.
Homero fue el cantor de la epopeya griega y
Almafuerte ha cantado la epopeya interior del hombre
actual. Juvenal fustigaba los vicios exteriores
de su patria, y Almafuerte azota la maldad y la
estolidez internas de todos los humanos. Pero además
anuncia y practica una moral más alta y un
ideal de ascensión y de perfeccionamiento. A quien
se asemeja más su índole, es al gigantesco Esquilo,
en la creación de su Prometeo.
Por eso no es él artista ni poeta en el concepto
inferior y usual de la palabra.
Encarna en grado máximo el poeta ideal, tal como
Víctor Hugo lo imagina y define en su obra
sobre William Shakespeare, cuya lectura recomendamos
a todos los detractores de Almafuerte, sobre
todo si lo son sinceramente por no haber comprendido
la magnitud de su obra.
Para Almafuerte es el arte sólo un vehículo; es
el arco con que arroja la flecha envenenada de sus
apostrofes, o la envoltura sutil y vaporosa que engalana
y embellece su gran pureza moral en el
"Cantar de cantares", o el bronce en que vacía y
moldea su espíritu en "El Misionero" y en "La canción
de un hombre".
Pero siempre su arte es adecuado al pensamiento
que expresa. Hay una fusión perfecta en sus poesías
entre la forma y el fondo. Una y otro están
fundidos en unidad ideal. No hay una sola palabra
que resulte forzada, ni verso ni ritmo alguno disonantes.
Tiene esa rotundidez articulada y vibrante
que es la característica del genio. Parece que sus
versos estuvieran esculpidos y grabados.
en duras piedras y solemnes bronces.
Almafuerte, ante todo, es un sintético. Todos sus
conceptos y poesías son grandes bloques de síntesis.
Todo "El único y su propiedad", en lo que tiene
de fundamental y verdadero, está, sin que él lo
haya leído, expresado en su poesía "Mancha de
tinta". La teoría de Schopenhaüer sobre la vida
hállase contenida y superada en el "Jesús". En
"El misionero" y "La inmortal" están acumuladas
en una magna síntesis las más altas teorías del idealismo
humano. Y según afirma Emerson todo gran
artista lo ha sido por la síntesis.
La forma y la expresión que da a su verso Almafuerte
es perfectamente clásica. Sin embargo no
se atiene a los moldes ni a los ritmos consagrados,
ni a las palabras arcaicas. Incorpora a su lenguaje
términos populares y modismos criollos. Es que él
habla un idioma natural y espontáneo, no respeta
ni acata los límites estrechos del academicismo.
En el prólogo a "Alemania contra el mundo" ha expuesto
genialmente su criterio sobre el arte, fulminando
a los literatoides, femeniles tejedores de frágiles
encajes con palabras bonitas.
El ritmo de su poesía es siempre rotundo y resonante
como un batir de yunques, como un martilleo
de forja, como un redoble marcial.
Es, sin embargo, a veces, musical y cristalino,
como en las "Milongas"; religioso y solemne, cual
música sagrada en "Confíteor Deo", "Gimió cien
veces" y en el rugiente y doloroso "Trémolo";
o restallante y zigzagueante, como látigo y centella,
en el magnífico "Apóstrofe".
Esta última poesía, sobre todo, que ha despertado
la ira y la indignación de los mediocres (I) por
las palabras violentas y apasionadas que contiene
y la forma original en que está escrita, es la más
bella que, como forma poética y contenido ideológico
y moral, existe en la literatura castellana. (A
pesar de que el señor Rafael Alberto Arrieta la
considere tan defectuosa, y el señor Alberto Mendióroz
juzgue que ni merece el nombre de poesía).
Libre de toda rima y de métrica uniformidad, sin
más elemento poético que el ritmo, la acentuación
trisilábica sobre la cual está compuesta, y que le da
un vigor y agilidad marcial, y una solemnidad imprecatoria
y un Ímpetu iracundo que tal vez no
podría alcanzarse en ningún otro idioma y que con
seguridad no podría haber expresado ningún otro
poeta, constituye el ejemplo más típico y más alto
de poesía libre; y conserva a la vez los caracteres
esenciales del verso tanto o más que la poesía más
armoniosa. Recorre allí el poeta todas las formas
y matices del sentimiento: ora impreca indignado,
apostrofa, maldice y fulmina; ora se apiada y conmueve
y gime enternecido; ora canta melodioso como
un arpa y se lamenta nostálgico ante la horrenda
desolación, o hace estallar su desprecio formidable
sobre este mundo efímero; y termina sepultando
en los infiernos para eternamente y en la sola
compañía de Satán, al autor del espantable, universal fratricidio.
Ningún otro poeta que Almafuerte ha podido escribir
una poesía que por su arte y su sentimiento
y su violencia intensísima haya estado a la altura
de la infernal tragedia presente, abarcando y superando
por sublimidad moral, el espectáculo horrendo,
apocalíptico y repugnante del salvajismo
desenfrenado y triunfador.
Pero ese ímpetu, esa furia, la energía colosal que
representa y que late y refulge de igual modo en
todas las poesías fundamentales de Almafuerte
—en el magnifico "Dios te salve", en la vasta "Inmortal",
en el gigantesco "Misionero", en "La sombra
de la patria"— es algo que ofende profundamente
a los pobres literatos academicistas, eunucos
del sentimiento, a las insignes y oscuras medianías,
que ofician de pontífices sacramentales y que
según es fama, han llegado en su ridículo heroísmo
de analfabetos espirituales, y en su calidad de catedráticos,
a "suspender" a sus alumnos por citar a Almafuerte
en los exámenes, o por considerarle un gran poeta.
Para tales señores representantes de la literatura
oficial vamos a reproducir — ya que no admiten
ellos otra autoridad que la de los nombres consagrados
—este párrafo de Víctor Hugo, en el cual hallarán
sintetizadas sus objeciones contra Almafuerte,
y donde tal vez se sientan aludidos:
"Los genios, los espíritus como Esquilo, como
Isaías, como Juvenal, como el Dante y como Shakespeare,
son seres imperativos, tumultuosos, violentos,
furiosos, extremados, jinetes en caballos alados,
seres "exagerados", que "pasan de raya", proponiéndose
un fin propio, que "exceden los límites",
caminando a pasos, que, por lo grandes, son
escandalosos, saltando bruscamente de una idea a
otra, y del polo Norte al polo Sur, recorriendo el
cielo en un momento, poco clementes con los que
tienen cortos alientos, agitados por todos los vientos
del espacio, y al mismo tiempo seguros en los
saltos que dan sobre el abismo, indóciles con los
Aristarcos, refractarios a la retórica oficial, ásperos
con los literatos asmáticos, rebeldes a la higiene
académica, y seres, en suma, que prefieren la espuma
del Pegaso a la leche de burra. Los bravos pedantes
son tan bondadosos, que les tienen lástima.
La ascensión provoca la idea de caída. Los paralíticos
piadosos tienen compasión de Shakespeare.
¡Está loco! ¡Sube demasiado alto!  La muchedumbre
de pedantes se atonta y se incomoda; Esquilo
y el Dante obligan a cerrar los ojos a estos críticos.
¡Esquilo está perdido! ¡El Dante va a caer ! Remóntase
un dios y estas gentes exclaman : "¡Que te rompes la crisma!"



(I) Véase una nota al final del número extraordinario
de la revista "Nosotros" consagrado en homenaje a
Rubén Darío, con motivo de su muerte. Y en cuanto al
concepto que tienen de Almafuerte los críticos de "Nosotros",
léanse los artículos zoilescos de Roberto F. Giusti,
ese campeón insigne de la mediocridad pontificante. Es
de notar que "Nosotros" publicó un extraordinario a la
muerte de Darío y otro a la de Rodó, y cuando murió
Almafuerte sólo le consagraron un artículo en el que
juzgaban su obra despectivamente.



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