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A LAS TRES DE LA MAÑANA ( poema de Juan Arrestía, el poeta nochero de Quilmes )

sueños


A LAS TRES DE LA MAÑANA

I

Por el barrio caminando
que vio mis años correr
en la esquina me paré
y allí me quedé pensando.
Un pucho se iba apagando 
en mis labios despacito 
y allá a lo lejos el pito 
de la ronda me decía 
que andaba la policía 
bien alerta al primer grito.

II

Recostao en el buzón 
las manos en los bolsillos 
oía el canto de un grillo 
serenatero y burlón,
como pidiendo perdón 
a la calma interrumpida 
las campanadas perdidas 
de un reloj dieron las tres 
y un perro vago la sed 
en un charco vio atendida.

III

Un curda trastabillando 
pasó quién sabe hacia dónde,
un gallo al otro responde
allá a lo lejos cantando.
La luna como deseando 
dormir se acuesta cansada 
broncando con la parada 
que hace un rato se perdió 
pasa chivo un jugador 
que palpitó una clavada.

IV

Del boliche de la esquina 
ya todos se han alejado 
y el gallego apresurado 
bajó pronto las cortinas. 
Cacarearon las gallinas 
detrás de un tapial cercano 
señal que alguno las manos 
metió pa' tirarse un lance 
y lo sacara del trance 
el producto de ese afano.

V

Pasa luego un colectivo 
llevando a los rezagados 
que por haber trasnochado 
sacan patente de vivos.
Mostrando su porte altivo 
sigue el auto de un bacán, 
el pucho me dio señal 
que ya se había apagado 
y arrojándolo a un costado 
dejé a mi mente soñar.

VI

Los ojos entrecerré 
y vi a mi madrecita 
santa y pura viejecita 
que es manantial de mi fe. 
Cuando sin padre quedé 
ella fue todo en mi hogar 
si aún la escucho gritar 
cuando cosas de criaturas 
hacíamos travesuras 
para oírla rezongar.

VII

Fue mi primer pensamiento 
para esa madre, mi vieja,
que nunca jamás se aleja
de mí, tan solo un momento.
Como ráfaga de viento
los recuerdos me golpearon 
y mis ideas volaron 
hacia otros tiempos lejanos 
cuando sus límpidas manos 
mis tiernas horas guiaron.

VIII

Me vi purrete en la calle
echada hacia atrás la gorra
gritando: ¡bolita porra!
a quien guste y a quien raye.
Y pa' que el pulso no faye
lo aligeraba en la tierra,
hoy que el mundo me hizo guerra
yo soy la bolita, pienso,
que en el hoyo del suspenso
sus ilusiones encierra.

IX

La rayuela, la escondida,
el vigilante y ladrón,
y el grito de: ¡ojo el botón!
que nos daba la corrida.
Hoy que juego al rango y mida
con la suerte ingrata y cruel
quisiera volver a ser
aquel pibe vagabundo
que no sabía que el mundo
era amargo cual la hiel.

X

En una pieza cualquiera 
se cabreó un despertador 
pidiendo al laburador 
que dejara la catrera.
Y así chapé la vereda, 
me fui silbando entre dientes,
para seguir la corriente 
de este mundo que es pa' mí
el derrotero sin fin 
donde se arrastra la gente.

Juan Arrestía (El poeta nochero, de Quilmes)

Mi renacer (Soneto tridecasílabo) de Rubén Sada

pajarillo, primavera



MI RENACER


(Soneto tridecasílabo ternario (1))

Yo volveré, al renacer el mes de junio,
en tu memoria viviré, es mi promesa,
y en cada pájaro, mi amor, ten la certeza,
mi verso fiel fulgurará en tu plenilunio. (2)

Renaceré con cada luna en novilunio, (3)
rindiendo honores y alabando tu belleza.
Regresaré cuando precises fortaleza
para enfrentar dificultades e infortunios.

Yo volveré, al renacer donde tú quieras,
con mis semillas germinando en contrapunto,
y brotarán cada brillante primavera...

como pimpollos que florecen en conjunto.
Mi renacer desistirá de ser quimera
porque estaremos para siempre, ¡siempre juntos!


©Rubén Sada - 01-01-2013

________________________________ 
1)Tridecasílabo ternario. Poema que posee una métrica de trece sílabas en cada verso, con acentuación obligada en la 4ª, 8ª y 12ª .
2) Plenilunio. m. Luna llena.
3) Novilunio. m. Luna nueva.

Romance para el velorio de Juan Sin Tierra (De Serafín J. García)


Romance para el velorio de Juan Sin Tierra


Sobre una mesa lunanca
- pequeña para su cuerpo -
ya sin flores y sin cruces
Juan Sin Tierra, el chacarero
que roturó muchas chacras
- todas en campo ajeno -
y sembró leguas de trigo
que sus hijos no comieron,
mañana lo llevarán
en el carrito de pértigo.
Tras medio siglo de arado
yace el áspero labriego,
hielo en sus manos raizudas,
vidrio en los ojos abiertos,
cenizas de años y penas
en los hirsutos cabellos,
seis viejos ensimismados
y cuatro velas de sebo,
con puchos y con pabilos
están ahumándole el sueño.
Tras el biombo de arpillera
que parte en dos el ranchejo,
junto a los hijos que duermen
sobresaltados y trémulos
llora su llanto sin ruido
la compañera del muerto.
Ningún velorio tan triste
como el velorio de un viejo
velado en noche de junio,
sin mate amargo ni fuego.
Se hacen de plomo las horas,
se vuelve duro el silencio
y arando penas se mella
la reja del pensamiento.
Son seis ancianos que velan
que son, los seis, chacareros.
Tienen la manos raizudas
como las manos del muerto.
La luz de las cuatro velas
tirita en sus rostros secos
y en las bermejas, hilachas
de sus ojos aguachentos.
Es triste velar a un hombre
en un rancho tan estrecho,
con grietas por las que asoma
su torva cara, el invierno.
Por eso los veladores,
ansiando ya el día nuevo,
su mudo velar alternan
con el atisbo del cielo,
donde una luna de escarcha
cuaja su lumbre y su tedio.
¡Cómo se alarga la noche
cuando hay que velar un muerto
en rancho de palo a pique,
sin mate amargo ni fuego!
Las cuatro trémulas velas
lloran su llanto de sebo
mientras azulan el aire
los puchos de los seis viejos.
Mañana lo llevarán
en el carrito de pértigo,
con el gemido del eje
por todo acompañamiento.
Y tras su media centuria
de rejar campos ajenos,
tendrá ¡Por fin! tierra propia,
Juan Sin Tierra, el chacarero.

Autor: Serafín J. García

ACEPTALO, ES NATURAL (Poema de Juan Arrestía )



ACEPTALO, ES NATURAL

I

Mirá, viejito, hace rato
que de esto yo quiero hablar,
ando breca de escuchar
al que pa' mí es pobre gato.
La ley de este mundo acato
porque así tiene que ser,
nada voy a resolver
poniéndome a hablar macanas,
de no comparar mañana
con lo que ha pasado ayer.

II

Muchos puntos escuché
con varios años vividos
y tan giles pa' mí han sido
que escuchando me empaché.
Porque no hay derecho, che,
siempre lo mismo repiten
ellos tan sólo te admiten
que aquel tiempo fue mejor
y hoy que la van de mayor
del joven nada permiten.

III

Que, porque habló con Gardel
ya se cree que sabe todo
y te lo dice de un modo
que no hay nadies como él.
Pa' mí es un triste papel
el que el hombre desarrolla
y vos sabés que las ollas
ahora vienen a presión;
antes se usaba el carbón
y hoy el gas no saca ampollas.

IV

Campaneame bien, hermano,
yo ya no soy un purrete,
que pasé los 37
bien llevados de la mano.
Por eso no me empantano
y en mis cosas me encapricho
en otra forma la bicho,
las nuevas generaciones
también tienen condiciones
y ya te aclaro lo dicho.

V

O vos te crees de que ahora
es gila la muchachada,
de que besando la almohada
se despierta con la aurora.
O que se pasan las horas
con los ángeles soñando
o que le cuentan paseando
sus congojas a la luna,
está bien que mastiquen fruna
pero igual te están sobrando.

VI

De que hay giles como antes
no lo voy a discutir,
sino no podrías vivir,
no sería interesante.
Que te resultan chocantes
con sus trajes petiteros
si vieras vos qué fauleros
esas pilchas te cobijan
y no dejes una hendija
que si no, pobres arqueros.

VII

Pues, sabés cómo patean,
ma' qué Bernabé o el Chueco,
y hoy difícil que anden secos
si lo están te bo'siquean.
Y esa pesada tarea
de hablar, que vos te has impuesto,
de que aquellos tiempos esto,
que los de ahora lo otro,
largá, viejo, entre nosotros,
que te van a dar el pesto.

VIII

Antes cruzaban lagunas
con los Fores a bigote
y hoy te andan vendiendo lotes
pa' ir a vivir a la Luna.
La chapastes, aceituna,
sos un verde virginal,
andá, cómprate Untisal,
te das una buena friega,
y lo que el tiempo nos lega
aceptalo, es natural.

Autor: Juan Arrestía.
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