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18 de enero de 2017

LA LEY DE MOLOC

Sacrificios humanos al dios Moloc

LA LEY DE MOLOC

"¿Cómo puedes matar a alguien, cuando la voluntad de Dios dice: ‘No matarás’?"
(León Tolstói, El reino de Dios está en vosotros. Año 1894)


Y sigo rumiando historias
pues la lectura me adiestra,
y al volcarlas en mi diestra
razono y me dan memoria.
Al mirar mi trayectoria
con la paz comprometida,
siempre a favor de la vida,
sé que debo aprender de ella…
¡sigue alumbrando mi estrella
en este mundo homicida!

Mundo de cruel sacrificio
ofrecido al dios Moloc, ([1])
me horroriza, entro en shock
por tanta muerte y desquicio.
Falta de justicia y juicio,
sicarios a quemarropa,
“soldaditos” de una tropa
sirven este gran banquete,
mientras el cuarto jinete ([2])
en las noticias galopa.

Señores: Moloc ha vuelto,
mil sacrificios exige,
es su ley la que aquí rige
y a cumplirla está resuelto.
Su culto no se ha disuelto,
se ofrece en su tabernáculo,
cuando él esgrime su báculo
traen selecta carne humana,
y desde ese altar emana
el humo, vil espectáculo.

La razón no se ejercita,
victoriosa es la violencia,
donde reina la demencia
hasta el pulso calmo agita.
El plomo candente grita
desgarrando el aire en dos,
festeja el sangriento dios
y entre distracción ruidosa,
va llenándose la fosa
con una cosecha atroz.

Niños juegan a la guerra
con armas abominables,
creyéndose inimputables
siembran psicosis que aterra.
El indefenso se encierra
entre rejas, en su casa,
la justicia que fracasa
la dura condena invierte
dictando penas de muerte
con cada bala que traza.

¿El pueblo? Yace indolente
con resignación que droga,
y entre billetes se ahoga
el juez, mientras brilla ausente.
Moloc, de afilado diente,
clava a un cuello su navaja,
otra santa vida ultraja
sin compasión ni cariño,
en tanto, otra vez, un niño
viste de blanca mortaja.

Desproporcionadamente
se apagan en sueño oscuro,
los proyectos a futuro
de cadáveres vivientes.
Muertos vivos, zombies, entes
que inculcan el consumismo,
despreciando el humanismo
vociferan “viví el hoy”,
y al barranco va el convoy
sin amor, hacia el abismo.

Futuro destartalado
de quien con esfuerzo escarpa,
mientras lo amputa la zarpa
que el presente le ha talado.
Un mensaje equivocado
con erróneos argumentos,
sedantes del pensamiento
de una avara muchedumbre,
que maquilla podredumbre:
¡violento entretenimiento!

Moloc vive… ¡y es amado
cual síndrome de Estocolmo! ([3])
Exige vidas, y el colmo…
sigue siendo idolatrado.
Joven sangre ha reclamado,
no obstante le es fiel su grey,
ofrendas le harán al rey
en su altar que no descansa,
pues decretó la matanza
¡y quiere cumplir su ley!

Rubén Sada. 18-01-2017




([1]) Moloch, Moloch Baal o Mólek, nombre castellanizado también como “MOLOC”, fue un ídolo dios de origen cananeo, adorado por pueblos antiguos mediante sacrificios humanos, especialmente de niños. Estaba representado como figura humana con cabeza de carnero, becerro o toro, sentado en un trono y con una corona u otro distintivo de realeza, como un báculo. En los templos en los que se le rendía culto, se encontraba su enorme estatua de bronce, hueca; la figura de Moloc tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua se encendía un fuego que se alimentaba continuamente. En ocasiones los brazos estaban articulados, de manera que los niños que servían de sacrificio se depositaban en las manos de la estatua, que por medio de unas cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima dentro del vientre incandescente del ídolo. Plutarco relata que antes de que la estatua fuese llenada, se inundaba la zona con un fuerte ruido de flautas y tambores, de modo que los gritos y lamentos de las víctimas no alcancen a los oídos de la multitud. (Fuente: Internet).
([2]) El cuarto jinete del Apocalipsis representa a la Muerte; su nombre es Hades (palabra griega que significa sepulcro).
([3]) Síndrome de Estocolmo. Reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, violación o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con quien la ha dañado física y/o psicológicamente. 

26 de septiembre de 2016

LUCHA MACABRA



LUCHA MACABRA 


La misma tapia cercaba 
los cementerios rivales, 
y un mismo azadón cavaba 
aquel suelo que tragaba 
ateos y clericales.

Otra tapia recia y fuerte, 
ambos campos dividía... 
¡Libertad y tiranía, 
ni en presencia de la muerte 
cejaban en su porfía! 

La iglesia, en el paredón 
de su fúnebre mansión, 
puso la cruz nazarena, 
mientras el otro frontón 
mostraba un reloj de arena. 

Y en la augusta soledad 
de los que en la eternidad 
yacían en hondo sueño, 
reñía la Humanidad 
su psicológico empeño. 

Sobre losas sepulcrales 
y entre galas funerales, 
la tradición y la duda, 
-fieros y eternos rivales,- 
proseguían su lid ruda. 

En el católico osario 
los nichos, en largas filas 
fingían al visionario 
quietos ojos sin pupilas 
mirando al campo contrarío. 

Así, buscando motivos, 
hasta en los despojos yertos, 
siempre fieros, siempre esquivos, 
se amenazaban los vivos 
sobre el polvo de los muertos. 

En aquel combate vano, 
con escrúpulo servil, 
cuidaba el rencor humano 
el cementerio cristiano 
y el cementerio civil. 

Mas en su torpe ceguera, 
los combatientes no ven 
que, mientras en lucha fiera 
sucumben por su quimera 
y por su mutuo desdén, 

subiendo de opuesto lado, 
sobre ese muro elevado 
que divide a los rivales, 
con amor se han abrazado 
las ramas de dos rosales. 

Y que sus entrañas puras 
a todos abre la tierra, 
y desde azules alturas 
el sol alumbra su guerra 
y besa su sepultura. 

Venancio Serrano Clavero
Poeta, escritor y periodista valenciano.
(España, 1870-1926)

24 de febrero de 2016

LA VIDA Y LA MUERTE (Décimas filosóficas, entre Rubén Barbosa y Rubén Sada)


LA VIDA Y LA MUERTE

(Décimas, con Rubén Barbosa)

—(Rubén Sada)—
Querido amigo tocayo,
ya le invito a improvisar,
debatiendo en un cantar
que sirva a modo de ensayo.
Ninguna cuestión soslayo
ni me asusta ningún tema,
escribamos un poema
sobre la vida y la muerte,
quizás hallemos, con suerte,
la respuesta a este dilema.

—(Rubén Barbosa)—
La respuesta a este dilema
no encadena el pensamiento,
recurso que uso al momento
de la décima es emblema.
Seguir la huella es mi lema,
este asunto es urticante.
Poniendo el mejor talante
vamos a filosofar
para poder arribar
a buen puerto, Dios mediante.

—(Rubén Sada)—
Comienzo por preguntarle,
y respóndame en poesía:
¿Por qué la absurda ironía
que procederé a contarle?
¿Por qué al muerto van a honrarle
en un “parque” cementerio,
pero en opuesto criterio
afuera, la gente viva,
de hermosos parques, se priva,
y sufre miseria en serio?

—(Rubén Barbosa)—
Parece que va apurado
comenzó por el final
pero es así, cada cual,
expresa lo barruntado.
Un “vivo” seguro ha ideado
otro ardid pa’ recaudar.
¿Se priva o la hacen privar?
Por más que abunden las flores
esos honrados señores
¡No las podrán olfatear!

—(Rubén Sada)—
A mi existencial consulta
ha respondido muy bien,
¿no cree usted, don Rubén,
que la muerte nos insulta? 
Colmado en lujos, resulta,
que están rodeados, yaciendo,
mientras los vivos, sufriendo.
¿Desde el vergel los cautivos
se burlarán de los “vivos”?
¡Me parece estarlos viendo!

—(Rubén Barbosa)—
No pierde tiempo la parca
en agravio ni amenaza,
el ser humano se abraza
a tales cosas. La barca,
de la señora, es el arca
que en un mar atemporal
mas allá del bien y el mal
cumple con su derrotero
y ni siquiera el dinero
te salva, si te hecha el pial.

—(Rubén Sada)—
Por sus respuestas, Barbosa,
de verdad que le agradezco,
responderle yo le ofrezco
si usted su pregunta glosa.
Nuestra vida es majestuosa,
tenemos la dicha inmensa,
de alegría, que compensa
del más allá alguna paz,
ahora ataque si es capaz,
que yo jugaré en defensa.

—(Rubén Barbosa)—
Atacarlo, ¿le parece?
No pienso en contrapuntear.
Sólo quiero socavar
lo que el pensamiento mece.
Toda vida que florece
trae beatitud, lozanía,
risa, dicha, algarabía,
pero todos ya sabemos
el final, pues fenecemos
y aguarda la tumba fría.

—(Rubén Sada)—
Ya que no pregunta nada
seguiré yo preguntando,
y usted siga despejando
las dudas de Rubén Sada.
Si es que la vida es sagrada,
¿por qué no se la respeta?
¿Por qué del hombre es la meta
el dinero acumular?
¡Si nada podrá llevar
allá adentro de la grieta!

—(Rubén Barbosa)—
En la segunda pregunta
ya responde la primera
y en su afirmación certera
aclara la que hace yunta.
El humano es marabunta,
todo devora a su paso
no se sacia y por si acaso
acumula pa’l futuro
aunque sabe que es oscuro,
¡no tiene bolsillo el raso!

—(Rubén Sada)—
Bueno, nos vamos apeando,
¡gracias de estar en mi libro!

—(Rubén Barbosa)—
En la décima desfibro
lo que voy elucubrando.

—(Rubén Sada)—
Usted y yo en el mismo bando
con esta hermandad hermosa,

—(Rubén Barbosa)—
versificando o en prosa
tenemos igual mirada

—(Rubén Sada)—
Lo saluda Rubén Sada
al poeta Rubén Barbosa.

¡Gracias, poeta Rubén Barbosa, por tu excelente versar!
Este poema fue publicado en el libro DE DIEZ de Rubén Sada. (Año 2015)

27 de septiembre de 2015

LA BÚSQUEDA (Cuento de Rubén Sada)








LA BÚSQUEDA


Aquella madrugada se levantó decidido a ir en la búsqueda. Los sueños que lo habían atormentado y no lo dejaban dormir, seguramente tendrían su explicación y él quería encontrarla.

Aún con lagañas en los ojos, salió presuroso, caminando en dirección al bosque. Sabía de la existencia de este lugar, pero nunca se había animado a entrar, por las muchas historias tenebrosas que circulaban. Pero él ya se sentía "grande", maduro, como para entrar y conocer la verdad.

Caminó entre la penumbra, iluminado sólo por el último tizón de pila de una vieja linterna. Un silencio sepulcral le aseguraba que nadie podría hacerle daño. Únicamente oía sus propios pasos en el crujir de las hojas secas que alfombraban el suelo.

Clavado en el tronco de cada ciprés, había un cartel con el nombre del difunto. Cada uno había sido plantado para nutrirse de un ser humano cuya última voluntad fue ser sepultado allí. Esa fue durante muchos siglos la costumbre del pueblo: pervivir luego de la muerte en una especie arbórea y que la savia de cada hierba de la floresta fuera absorbida de la propia sangre de los ancestros, abonado con la carne descompuesta de los cuerpos, un reverdecido bosque.

Se estaban despegando sus ojos y comenzaba a leer, ahora más consciente, cada uno de los letreros clavados en cada árbol. Buscaba su mismo apellido. Cada cartel había sido una vida. Cada leyenda contaba en apenas unas palabras, una historia, revelando que allí debajo yacía un ser, otrora de carne, que seguramente había cedido algún legado en su paso por este mundo.

Ya estaba amaneciendo y el canto de los pájaros crecía al mismo tiempo que su inquietud por llegar a la verdad. La impaciencia comenzó a apoderarse de sus pasos, a medida que los apuraba. Recorrió cada centímetro del bosque. Casi todos los cipreses eran parecidos; sólo se diferenciaban por el nombre y apellido de sus respectivos letreros; pero, atención, una rama seca lo hizo trastabillar y descubrir un ciprés más alto que los demás. Lo vio. Sí, allí estaba su objetivo. Era él, ahora estaba seguro. Al acercarse, levantó la vista hacia la inmensidad de su copa. Este era "su" árbol, un ciprés gigante, el más grande de todo el “bosque cementerio”.





Al pie del mismo, empequeñecido por su majestuosidad, él comprendió cuán grande había sido su abuelo.






CONCURSO: "EL HOMBRE O LA MUJER DE MIS SUEÑOS".




26 de enero de 2015

¡BROTA!


¡BROTA!


Si tu aliento amenaza la patota
y en el fin de tu vida te dan turno,
aunque tumben tus piernas al nocturno
y supongan victoria en tu derrota,

aunque duro te den en la picota
y tu verbo se torne taciturno,
aunque apaguen tu idea de sol diurno...
aunque procuren enterrarte, ¡brota!

¡Surge de nuevo como fénix ave
que se levanta en medio de la llama!
¡Brota de nuevo como nueva rama

que no habrá tumba que el inicuo cave!
Brote y germine, crezca tu denuncia
que sólo estará muerto el que renuncia.

© Rubén Sada. 26-01-2015

SERÁ JUSTICIA. Por el fin de las mafias y las patotas asesinas, por el fin de los ataques terroristas contra inocentes víctimas, por la neutralización de la embajada clandestina liderada por Luis D'Elía y secuaces. Por el esclarecimiento absoluto de los atentados terroristas que investigaba Nisman antes de que lo silenciaran.






30 de marzo de 2014

SONETO CONTRA EL GLIFOSATO


SONETO CONTRA EL GLIFOSATO


Aviones desde el cielo nos fumigan,
y 'chemtrails' nos diluvian glifosato,
sumándonos dolor y asesinato
nos matan como a insectos, como a hormigas.

Con tóxicos, temibles pesticidas,
rocían de las nubes, sus estratos,
y el cáncer nos diezma igual que a patos
espantados ante el rifle homicida.

Su exterminio, letal y traicionero
encubre "producción" con "mejor vida".
Más mortífero es, peor que el SIDA.

Monsanto, monstruo vil, bestial, artero:
Nos obliga a beber sus fungicidas
pero ellos se emborrachan con dinero.

Rubén Sada. 30-03-2014


Ver en las noticias cómo nos están envenenando:

http://www.lanacion.com.ar/1920899-glifosato-un-peligroso-herbicida-que-el-conicet-encontro-en-el-rio-parana?

1 de enero de 2014

Romance para el velorio de Juan Sin Tierra (De Serafín J. García)


Romance para el velorio de Juan Sin Tierra


Sobre una mesa lunanca
- pequeña para su cuerpo -
ya sin flores y sin cruces
Juan Sin Tierra, el chacarero
que roturó muchas chacras
- todas en campo ajeno -
y sembró leguas de trigo
que sus hijos no comieron,
mañana lo llevarán
en el carrito de pértigo.
Tras medio siglo de arado
yace el áspero labriego,
hielo en sus manos raizudas,
vidrio en los ojos abiertos,
cenizas de años y penas
en los hirsutos cabellos,
seis viejos ensimismados
y cuatro velas de sebo,
con puchos y con pabilos
están ahumándole el sueño.
Tras el biombo de arpillera
que parte en dos el ranchejo,
junto a los hijos que duermen
sobresaltados y trémulos
llora su llanto sin ruido
la compañera del muerto.
Ningún velorio tan triste
como el velorio de un viejo
velado en noche de junio,
sin mate amargo ni fuego.
Se hacen de plomo las horas,
se vuelve duro el silencio
y arando penas se mella
la reja del pensamiento.
Son seis ancianos que velan
que son, los seis, chacareros.
Tienen la manos raizudas
como las manos del muerto.
La luz de las cuatro velas
tirita en sus rostros secos
y en las bermejas, hilachas
de sus ojos aguachentos.
Es triste velar a un hombre
en un rancho tan estrecho,
con grietas por las que asoma
su torva cara, el invierno.
Por eso los veladores,
ansiando ya el día nuevo,
su mudo velar alternan
con el atisbo del cielo,
donde una luna de escarcha
cuaja su lumbre y su tedio.
¡Cómo se alarga la noche
cuando hay que velar un muerto
en rancho de palo a pique,
sin mate amargo ni fuego!
Las cuatro trémulas velas
lloran su llanto de sebo
mientras azulan el aire
los puchos de los seis viejos.
Mañana lo llevarán
en el carrito de pértigo,
con el gemido del eje
por todo acompañamiento.
Y tras su media centuria
de rejar campos ajenos,
tendrá ¡Por fin! tierra propia,
Juan Sin Tierra, el chacarero.

Autor: Serafín J. García

9 de julio de 2013

HUNDIDO Y CON ZAPATOS DE CEMENTO



HUNDIDO Y CON ZAPATOS DE CEMENTO


“Hundido en el horizonte soy polvareda que al viento va”. 
Zamba de mi esperanza – Luis Profili

Presumo que te perdí pues no tengo tu presencia,
y me hallo solo en mi ausencia, pues por ti siempre viví.
Me quemé a fuego lento, caminando lentamente,
arrastrando todo el peso de zapatos de cemento.

Estos pesados zapatos que arrastro desde el pasado
me han mantenido anclado a ti y tu bello retrato.
Hoy me siento empantanado a riesgo de estar hundido,
tengo mi espíritu herido, mi corazón quebrantado.

La promesa de los años siempre fielmente cumplí,
con los principios que en mí, de niño se han implantado.
Hoy, la muerte a cada rato, me muestra su rostro feo,
la esquivo como en rodeo y de huir de ella trato.

Quiero llegar al momento ‘confesando que he vivido’,
total, ya lo construido me permite irme contento.
Los zapatos de cemento me sacaré y ya descalzo,
podré hacer frente al cadalso cuando ya no tenga aliento.

Me niego a dejar de amar, me rehúso, me rebelo,
sentirme amado es provecho y de vital necesidad.
Pero hoy me siento deshecho, comprobando que no hay tiempo,
y un bendito salvavidas mi brazo quiere aferrar.

Aquí estoy, empantanado en polvorienta ‘tristoria’
que da vueltas como noria y me tiene abandonado.
El día menos pensado se abrirá mi jaula, y libre
podré atravesar el viento que en el presente es vedado.

Me elevaré así, liviano, por los cielos espejados,
tan blancos y azules claros, de un horizonte lejano.
Mas, hoy, en último intento, aún hundido o enterrado,
a mis pies quiero sacarles los zapatos de cemento.

© Rubén Sada 4-03-2012

DESDE EL ATAÚD

ruben sada ataud
¡Último momento! Ha muerto Rubén Sada.
Escribirá su poema post mortem...

DESDE EL ATAÚD


“Detrás de las paredes que ayer te han levantado
espero que respires todavía”. (Charly García) 




Todo el mundo preguntaba si había vida post mortem,
mi pregunta siempre fue si antes que el suelo me aborte
pude realmente vivir, o era acaso un existir
el transitar turbulento que me condujo hasta aquí.

Nunca quise que me encierren los muros de un manicomio,
ni de otros nosocomios, geriátricos u hospitales.
Desde atrás de las paredes de esta cripta escucho encomios,
elogios que algunos gritan, mientras respiran los tales.

¡Cómo debe estar riendo el ladrón de mis sonrisas,
el que mi vida hizo trizas mientras yo me iba muriendo!
Hoy soy pájaro, soy brisa, soy el sol en pleno invierno,
soy un cometa del cielo que en la noche se desliza.

Pero estoy en este encierro rasguñando gruesas piedras
y por medio de mis letras intentando escalar muros.
Aunque ya no pueda hablarte, dejé escritos unos libros,
y a través de ellos me libro de este sitio tan oscuro.

No te preocupes, mi amor, de que aquí sea todo negro.
Todo es oscuro aquí dentro, todo es del mismo color.
Porque igual era allá afuera: selvas de acero y cemento
y algunas negras conciencias de sembradores de horror.

Desde aquí dentro no importa el modo en que pasa el tiempo,
no importa el lujo, el dinero, tampoco lo que este aporta.
Todo aquello por lo cual la humanidad estaba absorta,
aquí dentro ya no importa, son lágrimas de funeral.

Desde este ataúd respiro, aún detrás de estas paredes,
con un aire de poesía que despliega mil misterios.
¡Un momento! ¡Un momento! ¡Algunos me están leyendo!
¡Viviendo he quedado en letras! ¡Por fin salí de este encierro!

© Rubén  Sada – 14-01-2013

2 de abril de 2010

VELORIO DE UN NEGRO CRIOLLO (poema de Nicómedes Santa Cruz)


Velorio de un negro criollo

(Poema de Nicómedes Santa Cruz, Perú, 11-06-1960)

Negra la capilla ardiente,
negro el muerto y su ataúd.
Adentro llora la gente,
afuera dicen... "¡Salud!"

Alguien pasó a mejor vida.
La mala noticia vuela,
y preguntan "¿Quién lo vela,
su mujer?"."¡No, la querida!"
Cae la noche rendida
sobre el murmullo de gente:
Negro en la puerta: un pariente.
Negras con manta: vecinas.
Negros con negras chalinas,
negra la capilla ardiente.

La casa pone el difunto,
lo demás todo prestado:
La luz del cuarto de al lado,
las bancas son de aquí junto.
El bodeguero fue el punto:
-japonés de gran virtud,-
firmó la solicitud
garante en los funerales
y así quedaron cabales
negro el muerto y su ataúd.

Negras teñidas de luto 
sirven tazas de café.
Viejas, teñidas de fe
rezan por el disoluto.
Tampoco falta algún bruto
que porque trajo aguardiente
vocifere tontamente
y haga chistes colorados.
Afuera, ríen mareados.
Adentro, llora la gente.

La noche parte a destierro.
Alguien pregunta con teatro:
"¿A las diez, o a las cuatro?"
¡Mentira, no irá al entierro!
El aullido de un perro
turba a la negra quietud.
Y en irónica actitud
libando alcohólica dosis
sin dar tregua a la cirrosis
afuera dicen: "¡Salud!"

Autor: Nicómedes Santa Cruz (1949-1989)