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23 de noviembre de 2019

INTIMIDACIÓN

INTIMIDACIÓN


Yo estuve preso en un "pozo"
que medía dos por uno,
enfrentando sed y ayuno
en un negro calabozo.
Afuera un paisaje hermoso,
adentro intimidación,
un box para “persuasión”
con soberbias amenazas
que quemaban más que brasas
mi inexperto corazón.


Así es la intimidación, 
simplemente un espantajo,
te asusta de arriba abajo
su psicológica acción.
Una patraña, invención
de una mente que delira,
que con la coacción aspira
a violentar tu conciencia,
desafiando con su creencia
que se basa en la mentira.


Y enfrenté la soledad
con mi otro yo, quizá autista,
fui un ciego con buena vista
tanteando en la oscuridad.
Asumí mi levedad
captando con cada oído
el más ínfimo sonido
que me transportaba afuera,
y a pesar de ser quimera
fui un muerto con un latido.


Sentí el rugido del viento,
sentí del invierno el frío
y el capricho del impío
que me hundió en el aislamiento.
Quisieron que un escarmiento
con el tiempo me ablandara,
y que en mi cuero una escara
me hiciera en el alma un quiebre,
tallando una marca orfebre:
“una condena” bien cara.


Psicológico chantaje
que al más valiente amedrenta,
cuando el que obliga te enfrenta
a la demencia salvaje.
Y es que debe estar el paje
medio loco o tal vez cuerdo,
o albergar en el izquierdo
una noble convicción:
que ninguna “seducción”
lo haga firmar un “acuerdo”...


Un acuerdo en transigir,
o un atajo en el camino,
un diagonal en su sino
o razón de su existir.
Un propósito al vivir
que contiene un corazón
leal, que con devoción
fija su vista en el premio,
al que no doblega apremio
ni vil intimidación.


© Rubén Sada. 23/11/2019.

4 de noviembre de 2019

ATAÚD

ATAÚD

Yo estuve en un ataúd
dentro de mi calabozo
como un ciego caído al pozo
hondo de la esclavitud.
Todo fue negra quietud,
la noche una eternidad,
fue muerte la oscuridad,
cada minuto fue eterno,
y el silencio del averno
me amigó a la soledad.

© Rubén Sada. 3/11/2019.

CUATRO PAREDES Y UN TECHO


CUATRO PAREDES Y UN TECHO


Del recuerdo de mi pecho
mi psiquis no está prescripta,
yo viví en mi propia cripta:
cuatro paredes y un techo.
La muerte estuvo al acecho
y este hecho me faculta
a escribir poesía culta
que se empeñe en recordar,
hoy, que lo puedo contar,
aun si se me dificulta.
Si hablaran esas paredes…
¡cuánto testificarían!
Muros certificarían
el poder que hay en “¡Tú puedes!”
Mas quiero, sepan ustedes
que el tiempo lo ha derribado
y a escombros ha subyugado
“mi” calabozo canalla,
a una ruina que habla y calla
la mudez de un condenado.
Falleció en un campo yermo,
aquel que llaman “el pozo”,
testimonio silencioso
del monumento al infierno.
Pero vive en el cuaderno
del coraje y la osadía
como humilde poesía
que cada año rememora
a la atroz trituradora
de aquella mente sombría.
Cuatro paredes y un techo
no alcanzaron a apresarme,
y fueron mudo gendarme
de mi custodio maltrecho.
Mas, me sirvió de provecho
lo amargo de la derrota,
pues de mi espíritu brota
fe contra la adversidad,
¡cuántos tienen libertad
pero esta no se les nota!
Cuánta fuerza es el amor
que nos nutre y alimenta,
Dios nos yergue y nos sustenta...
¡Da energía superior!
Tanta es la fibra interior
del poder de la verdad,
que ante negra adversidad
siempre hay luz de amanecer,
y me permitió obtener
fuerzas de la libertad.
Cachetada del destino
que hoy cuatro paredes cuentan
las punzadas que atormentan
mis flores con tanto espino.
Pero igual mi canto afino
en la décima huidiza,
y mi recuerdo se atiza
y en ella viene a cantarme,
solo para recordarme
que también seré ceniza.
© Rubén Sada. 3/11/2019.


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