11 de febrero de 2026

EL POETA ESCRIBE DESDE EL ONTO

 


*EL POETA ESCRIBE DESDE EL ONTO* (Así empieza mi nuevo libro).

En filosofía el prefijo griego “onto-” significa “ser”. La Ontología es la parte de la filosofía que se pregunta: ¿Qué es el ser? ¿Qué significa existir? Si “onto” remite al ser (ὄν, ontos), entonces la pregunta es: ¿Escribe el poeta desde el ser?
La respuesta corta sería: Sí… pero no desde el ser abstracto, sino desde el ser vivido. ¿Desde dónde escribe el poeta? Desde la herida, desde la memoria y la experiencia, el asombro y la conciencia de existir. Es decir: desde su condición ontológica. El poema auténtico surge cuando su ser se vuelve palabra.
El filósofo alemán Martin Heidegger (1889–1976) afirmaba que el lenguaje es “la casa del ser”. A partir de esta premisa, el poeta pasa a ser simplemente “un canal” mediante el cual invita al lector a ingresar adentro de “su casa” (el poema): "su ser más profundo".
Cuando un poeta nombra algo en su obra, esa cosa ya no es la misma. Ejemplo:
Antes que el poeta dijera “la noche es una herida azul”, la noche era sólo noche. Después de esa metáfora, la noche adquiere una dimensión nueva de sentido y “revela” el sentir del poeta. Esa conciencia cobrará significado en el lector, solamente si este se siente del mismo modo (volviendo al ejemplo: "herido"). Por lo tanto, es el lector quien da “significado” al poema, de acuerdo “a sus propios sentimientos, vivencias y experiencias”. La “noche” de la que habla la metáfora, será la misma para un lector feliz que para un lector herido, pero solo en el caso de este último, cobrará verdadero significado el verso del poeta.
El "ser" antes y después del poema: Imaginemos la tristeza. Antes del poema es niebla interior, es peso, es algo difuso en el pecho del poeta. Después de que convierte su tristeza en texto legible: Su tristeza tiene imagen, tiene forma, tiene ritmo, tiene rostro. No es que la tristeza no existiera. Pero ahora existe de otro modo: se ha convertido en poesía. El poema no crea la emoción, pero crea su forma ontológica compartible.
Nivel humanístico: El poeta escribe desde su ser (onto), desde su biografía, desde su memoria y experiencias vivenciales. Desde sus contradicciones, incluso. Aquí el poeta es sujeto. Siente → piensa → elige palabras → construye ritmo. No es que construya para sí un pedestal, sino más bien un puente que lo conecta con el receptor.
El “yo” como punto de partida es inevitable: No podemos sentir desde otro cuerpo. No podemos percibir desde otra conciencia. El poeta necesariamente comienza en primera persona porque: la experiencia es encarnada, lo que vivió anida en su alma y es lo que siente al escribir. La emoción está situada adentro de su propio ser, que es el “emisor” del mensaje. Luego quedará a cargo del “receptor” si lo hace carne o si lo deja pasar. Pero eso no convierte automáticamente al poeta en un ególatra. Porque sería como decir que un científico es egocéntrico porque piensa con su propio cerebro. ¿Y con cuál otro quieres que piense? Un maestro o maestra enseña “lo que sabe”, pero no puede hacer docencia de lo que ella misma no sabe. Así, todo parte desde el “yo”. Mal que le pese a algunos -que por ignorancia lo acusan de egolatría- es el “SER” propio lo que impulsa a cualquier escritor a expresar sus sentimientos por escrito. Sentimientos que no le interesan a NADIE. Porque la dura verdad a la que se enfrentan los poetas, es esta: Lo que ellos sienten NO LES IMPORTA A NADIE. Solo cuando EL RECEPTOR SIENTE LO MISMO, es cuando el mensaje hace conexión y empieza a importarle lo escrito al lector (pero desde su propio onto).
Cuanto más auténticamente personal es un poema, más universal podría volverse. Friedrich Nietzsche afirmaba que lo verdaderamente individual, llevado a fondo, toca lo humano esencial. Y Heidegger diría que el poeta no habla de sí como individuo aislado, sino como “ser-en-el-mundo”.
Es decir: el “yo” ya está tejido en lo común, porque seguramente lo que el poeta escribe, alguien más lo está sintiendo o lo sintió. Allí es donde nace la conexión “emisor-receptor” del poema. ¿Por qué entonces se acusa al poeta? Porque la poesía trabaja con sentimientos, confesiones, interioridad, experiencias personales. Y en una cultura que valora lo práctico y externo, la introspección pareciera narcisismo. Pero introspección no es adoración del espejo. Así, el poema que partió desde el “yo”, termina en el “nosotros”, solo cuando el receptor “conecta” con el mismo sentir del emisor, que es el de “su propio onto”.
Rubén Sada. 11/02/2026.

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