28 de junio de 2020

GUANACO


GUANACO

Quisiera ser un guanaco
de esos de la Patagonia,
y trotar con parsimonia
en el libre suelo opaco.
Que el viento me haga arrumaco
y que el cardal me acaricie,
arrancarle a la planicie
uno que otro pasto duro,
ahí tendría más futuro
que un humano en su desquicie.

Podría bajar la nube
cerúlea hasta el lago yermo,
y al fósil de un paquidermo
darle alas de un querube.
Desde el rocío que sube
del espíritu del lago,
podría beber un trago
elogiando a las retamas,
y a sus amarillas ramas
regalarles un halago.

Lograría conversar
con el chilko y su dulzura,
y un cóndor desde su altura
me ofrecería un collar.
La ballena desde el mar
me retaría a carreras,
no habría razas, fronteras
que limiten mi calibre
de ser guanaco y ser libre
trotando mil primaveras.

Quisiera ser un guanaco
para escupir la simiente
del violador, del demente,
de la asesina y del caco.
Rumiaría aunque esté flaco
y que me vista el paisaje,
la meseta en su hospedaje
me daría libertad,
sin la falsa humanidad
de copiar lo que es salvaje.

Conquistaría la nieve
y mi reino fundaría
desde el monte a la bahía
con piedritas en relieve.
Ante un volcán que se eleve
desde el cráter más bellaco
lograría un sueño alpaco
y en mi mundo merecido,
jamás estaría aburrido
bajo este pelo guanaco.

Pero no, no pudo ser,
me tocó nacer humano,
en un claustro cotidiano
que no me deja crecer.
Desde aquí no puedo ver
el sol de mi Patagonia,
y esta cuita testimonia
el grito de mi silencio,
y un futuro en que sentencio
beber más de esta acrimonia.

© Rubén Sada. 27/06/2020.

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