Se cruzaron impacientes como una cuerda invisible, más que un atisbo sensible hicieron brillar los dientes. Se establecieron mil puentes y no entendieron razones, se unieron dos corazones intercambiando miradas, y bailaron sus pisadas *entre notas de acordeones.*
Vienen gorriones lozanos a sosegarse en mi pecho, vienen ramitos de helecho y me acarician las manos. Mil perfumes artesanos me llegan hasta el hocico, transportan el vaho rico de tu magna poesía… ¡Todo eso me lo envía el aire de tu abanico!
Vienen tenues mariposas a coquetear en mi piel, viene el dulzor de la miel de tus miradas hermosas. Larga un perfume de rosas y envía el trinar de un pico, con cantos que no me explico pues destellan mil bengalas, cuando hacen vaivén las alas del aire de tu abanico.
Me transportan a un jardín donde un bello pavo real trae el viento angelical de tu aliento bailarín. Los efluvios del jazmín vienen y lo certifico, con tu elixir me medico respirando en este predio un céfiro que es remedio: ¡El aire de tu abanico!
Cuando agitas tu pantalla me transportas tu latir, y el aura viene a nutrir el deseo que en mí estalla. Vos sos mi mayor medalla y por vos me sacrifico, por favor, te lo suplico, dejame estar junto a vos, dame el hálito de Dios: ¡El aire de tu abanico!