9 de junio de 2013

POETA DE UNA CIUDAD VIOLENTA


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POETA DE UNA CIUDAD VIOLENTA



Él vive en medio de una guerra armada,
en la que el vivo al paredón se enfrenta.
La autoridad ya no puede hacer nada,
él reside en la metrópoli violenta.

Es temporal en el que pocos ganan,
es tempestad social, más que tormenta,
es un granizo metálico de balas,
es un diluvio que a niños no alimenta.

A la paz social, es asechanza,
es un insulto, injuria, es una ofensa,
a la existencia y su cuantía santa
vivir en la ciudad es más que afrenta.

¡Cuántos perdieron sangre en la batalla!
De tantos mártires, ya perdí la cuenta.
Vertiéndola en arterias que desangran,
en cloacas del olvido, indiferencia.

La iniquidad e inequidad canallas,
y la desigualdad, que se acrecienta,
predice el fin de un método que falla,
en que el amor y la justicia se ausentan.

Él no le teme al temporal y nunca calla,
aunque este clima se presente adverso,
Tal vez él sea el mártir del mañana
que da su vida en la ciudad violenta.

No silencia el mensajero sus palabras
aunque peligre entre seres perversos,
porque recluta corazones que se abran
a querer pacificar el universo.

Anda el juglar con armas desarmadas,
va disparando poemas y unos versos,
entre calles, donde almas desalmadas
juguetean a matar de forma cruenta.

No silencia el poeta sus palabras,
aunque peligre entre seres perversos,
Tal vez él sea el mártir del mañana
que da su vida en la ciudad violenta.


© Rubén Sada – 25-04-2010
"Creo que no hay razón ninguna de orden político, para mantener al frente de una situación local –aunque esta situación esté ubicada en pleno campo- a hombres sin ningún sentido moral, sin ningún respeto por la vida, el honor, la tranquilidad, los derechos y los intereses ajenos. Creo que si nuestro desarrollo hacia lo mejor, debiera ser comprobado ahora mismo, en presencia de un jurado compuesto de las naciones más civilizadas de la tierra, quedaría demostrado que nuestro avance es tan lento, tan insensible, tan intangible que no habría instrumento con que medirlo, ni elocuencia bastante para evidenciarlo.
Creo que no es muy notoria la diferencia entre la época de Rosas, en que se vendían cabezas humanas por las calles de Buenos Aires, y la época actual, en que se mata a un ciudadano, en que cobardemente se lo asesina, en presencia misma del comisario de policía, sin un gesto de éste, sin un solo ademán de este funcionario para evitar el crimen.
Creo que un país donde hay "razones políticas" para mantener al frente de una ciudad –de un pueblo, de un pueblecito cualquiera- a hombres sin escrúpulos, a analfabetos sanguinarios y viciosos, es un mal país, es una tierra maldita que debiera ser sembrada de sal."
(Breve discurso pronunciado por Almafuerte en ocasión del funeral de su amigo, el poeta Alberto de Diego, asesinado por motivos políticos en 1913).