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LA LEY DE MOLOC

Sacrificios humanos al dios Moloc

LA LEY DE MOLOC

"¿Cómo puedes matar a alguien, cuando la voluntad de Dios dice: ‘No matarás’?"
(León Tolstói, El reino de Dios está en vosotros. Año 1894)


Y sigo rumiando historias
pues la lectura me adiestra,
y al volcarlas en mi diestra
razono y me dan memoria.
Al mirar mi trayectoria
con la paz comprometida,
siempre a favor de la vida,
sé que debo aprender de ella…
¡sigue alumbrando mi estrella
en este mundo homicida!

Mundo de cruel sacrificio
ofrecido al dios Moloc, ([1])
me horroriza, entro en shock
por tanta muerte y desquicio.
Falta de justicia y juicio,
sicarios a quemarropa,
“soldaditos” de una tropa
sirven este gran banquete,
mientras el cuarto jinete ([2])
en las noticias galopa.

Señores: Moloc ha vuelto,
mil sacrificios exige,
es su ley la que aquí rige
y a cumplirla está resuelto.
Su culto no se ha disuelto,
se ofrece en su tabernáculo,
cuando él esgrime su báculo
traen selecta carne humana,
y desde ese altar emana
el humo, vil espectáculo.

La razón no se ejercita,
victoriosa es la violencia,
donde reina la demencia
hasta el pulso calmo agita.
El plomo candente grita
desgarrando el aire en dos,
festeja el sangriento dios
y entre distracción ruidosa,
va llenándose la fosa
con una cosecha atroz.

Niños juegan a la guerra
con armas abominables,
creyéndose inimputables
siembran psicosis que aterra.
El indefenso se encierra
entre rejas, en su casa,
la justicia que fracasa
la dura condena invierte
dictando penas de muerte
con cada bala que traza.

¿El pueblo? Yace indolente
con resignación que droga,
y entre billetes se ahoga
el juez, mientras brilla ausente.
Moloc, de afilado diente,
clava a un cuello su navaja,
otra santa vida ultraja
sin compasión ni cariño,
en tanto, otra vez, un niño
viste de blanca mortaja.

Desproporcionadamente
se apagan en sueño oscuro,
los proyectos a futuro
de cadáveres vivientes.
Muertos vivos, zombies, entes
que inculcan el consumismo,
despreciando el humanismo
vociferan “viví el hoy”,
y al barranco va el convoy
sin amor, hacia el abismo.

Futuro destartalado
de quien con esfuerzo escarpa,
mientras lo amputa la zarpa
que el presente le ha talado.
Un mensaje equivocado
con erróneos argumentos,
sedantes del pensamiento
de una avara muchedumbre,
que maquilla podredumbre:
¡violento entretenimiento!

Moloc vive… ¡y es amado
cual síndrome de Estocolmo! ([3])
Exige vidas, y el colmo…
sigue siendo idolatrado.
Joven sangre ha reclamado,
no obstante le es fiel su grey,
ofrendas le harán al rey
en su altar que no descansa,
pues decretó la matanza
¡y quiere cumplir su ley!

Rubén Sada. 18-01-2017




([1]) Moloch, Moloch Baal o Mólek, nombre castellanizado también como “MOLOC”, fue un ídolo dios de origen cananeo, adorado por pueblos antiguos mediante sacrificios humanos, especialmente de niños. Estaba representado como figura humana con cabeza de carnero, becerro o toro, sentado en un trono y con una corona u otro distintivo de realeza, como un báculo. En los templos en los que se le rendía culto, se encontraba su enorme estatua de bronce, hueca; la figura de Moloc tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua se encendía un fuego que se alimentaba continuamente. En ocasiones los brazos estaban articulados, de manera que los niños que servían de sacrificio se depositaban en las manos de la estatua, que por medio de unas cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima dentro del vientre incandescente del ídolo. Plutarco relata que antes de que la estatua fuese llenada, se inundaba la zona con un fuerte ruido de flautas y tambores, de modo que los gritos y lamentos de las víctimas no alcancen a los oídos de la multitud. (Fuente: Internet).
([2]) El cuarto jinete del Apocalipsis representa a la Muerte; su nombre es Hades (palabra griega que significa sepulcro).
([3]) Síndrome de Estocolmo. Reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, violación o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con quien la ha dañado física y/o psicológicamente. 

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