*LA DÉCADA INFINITA*
En este capítulo los llevaré de la mano por un corredor cósmico donde la paternidad se vuelve revelación, y el alma, al multiplicarse, descubre su verdadera forma. Entre 1984 y 1994 no solo nacieron mis cinco hijos: Nació un universo íntimo, una arquitectura emocional hecha de vértigo, amor, fragilidad y coraje. El yo interior ya no se mediría por lo que fui capaz de conquistar, sino por lo que sería capaz de crear, engendrar, cuidar, proteger y sostener durante décadas junto a mi compañera inseparable de vida: Delia, sin la cual nada habría tenido sentido. La canción se expande en recuerdos, se curva en aprendizajes y se enciende en cada gesto cotidiano que el tiempo dejará en cinco huellas vivientes. La vida se vuelve una epopeya silenciosa donde el héroe no empuña espadas, sino que abraza, duda, teme… pero aun así sigue adelante. Es que hay triunfos que no se celebran con trompetas, sino con el simple hecho de persistir e insistir nuevamente, a pesar de una caída. LA DÉCADA INFINITA es un canto a la paternidad como fuerza cósmica, a la fragilidad de la potencia creadora y a la certeza de que todo ser humano, cuando ama, se convierte en una constelación viviente. Cada hijo es una estrella naciente; cada recuerdo, una órbita; cada miedo vencido, una luz que se enciende e ilumina el camino. Aunque esta obra reconoce la victoria ineludible del tiempo, gran ganador en este cuento, con un verso final descubre su verdad más honda: no somos eternos, pero podemos ser triunfadores por lo que damos a los demás. Como ilustra la conocida ‘Teoría de juegos’ en sus escenarios cooperativos, donde ambos jugadores pueden lograr un ‘ganar-ganar’ al elegir la colaboración mutua, así pude gritar al viento mi célebre frase: “‘¡He triunfado!’” Que este canto emocional nos atraviese como una lluvia lenta, como un pulso antiguo que reconoce su origen. Porque hay décadas que no pasan… Se quedan viviendo adentro de nosotros.
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