11 de mayo de 2014

¿POR QUÉ SE CALLARON LOS CANTORES? (Soneto)

censura, temor,


¿POR QUÉ SE CALLARON LOS CANTORES?

"Que no calle el cantor, porque el silencio
cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas.

No callarán jamás, de frente al crimen...
Si se calla el cantor... calla la vida." (Horacio Guarany)


¿Dónde están los cantores que al canalla
denunciaban con música y su grito?
¿Por qué el canto inaudible es inaudito?
¿Por qué en silencio sepulcral, se callan?

¿Se han cansado, tal vez, de dar batalla
contra el corrupto regir de los malditos?
¿Tienen miedo, tal vez, de estar proscriptos
y que encierren su canto entre murallas?

¿No saben los cantores que "el cobarde
silencio apaña la maldad que oprime"?
¿Que nunca han de callar de frente al crimen

de quien de la deshonra hace alarde?
¿Es que acaso los cantores ya no gimen
aunque estén viendo que la patria arde?

Rubén Sada. 10/05/2014





10 de mayo de 2014

BARRIO VIEJO


BARRIO VIEJO


I

Barrio viejo; te han cambiado
te encajaron el asfalto,
hoy ya sos un punto alto,
del barro te han despojado.
Cuando una noche cansado
llegué de nuevo y te vi
créemelo, que sentí
dentro del pecho una bronca
que hasta mi voz se hizo ronca
y sólo atiné a decir:

II

Barrio viejo: ya no sos
aquel que de pibe eras,
hoy hay brillo en tus veredas,
y vas del progreso en pos.
He vuelto, buscando en vos
mis ilusiones pasadas,
y al tropezar mi mirada
con tu piso de cemento
me pareció que hasta el viento
lanzaba una carcajada.

III

Volví buscando las huellas
de tus carros ambulantes
y el grito aquél, atorrante
¡Señora, compro botellas!"
Volví a buscar las estrellas
en tus charcos dibujadas,
pero ya no había nada
y al silbido de atención
ningún muchacho salió,
dormía la noche callada.

IV

Enderecé pa' la esquina
donde de pibe jugaba,
y qué sé yo, lagrimeaba
mi cuore como una mina.
El cerco de cina-cina
ya no estaba en su lugar,
un chalet vino a ocupar
aquel terreno baldío,
y sentí aquí dentro mío
que un algo quería gritar.

V

Allá en el cielo la luna
me miraba dulcemente
y mientras bajé mi frente
un reloj daba la una.
Sentí como una laguna
en mis ojos, y partí
dejando detrás de mí
aquel perro que ladraba
porque hasta él me negaba
lo que fui a buscar allí.


Juan Arrestía

ELLOS Y NOSOTROS


ELLOS Y NOSOTROS

Ellos son diferentes que nosotros

pues jamás comerán de la basura,

porque viven del timo y de la usura,

del hambre y sacrificio de los otros.

 

Ellos tienen la piel como armadura,

e insensible es su espíritu sin rostro.

Ellos son la encarnación del monstruo

que a engullir nuestra carne se apresura.

 

Del mundo ellos se han apoderado,

festejando el poder de ser sus dueños,

aplastando la testa del pequeño,

 

robándole la vida al desgraciado.

¿Cuándo habrá de sonreírnos el hado?

Cuando al fin despertemos de este sueño.

 

© Rubén Sada, 10/05/2014

 



Más poemas del autor sobre la gran estafa de los Bancos
y en contra de la desigualdad e injusticia del Sistema:


5 de mayo de 2014

SU ATRIO AUTISTA

gobierno autista, ley de la selva, injusticia, exceso de poder


SU ATRIO AUTISTA

"Las penas y las vaquitas / se van par la misma senda.
Las penas son de nosotros, / las vaquitas son ajenas."
(A.Yupanqui - H.Chavero)

Desde su atrio autista, do se recluye
emitiendo promesas indecentes,
no puede ver de cerca las urgentes
indigencias del hombre que destruye.

Su poderío en la justicia influye
y prosperan negocios malolientes,
mientras la Ley está, por poco ausente
y más dinero hacia su cuenta fluye.

¡Si abandonara su regir autista
y empezara a escuchar desde su atrio!
¡Cuántas dichas habría en suelo patrio

si se acercara al pueblo del que dista!
Mas, no hay burbuja que nunca se disuelva
si se convierte un país en una selva.

30 de abril de 2014

POR ALGO EN LA TIERRA ESTÁS

poema dia del padre, día del niño, adolescencia

POR ALGO EN LA TIERRA ESTÁS


I
Muchacha, no te enojés 
si estas cosas yo te digo.
Ayer hablaste conmigo 
y te vi llorar, no aflojés.
No, piba, no lo dejés 
que te embalurde el chabón; 
ese otario, el corazón,
que medio te está fallando,
hablale de cuando en cuando 
pa' que aguante el tropezón.

II

Decile que vos no sos 
culpable de tu destino,
que si andás por mal camino 
por algo lo quiso Dios.
Decile, piba, que vos 
vivís el triste quebranto 
de ver mojada con llanto
la blancura de tu almohada,
cuando de noche cansada
buscás un consuelo santo.

III
Decile que si vivís 
emborrachada de vicios 
es tan cruel tu sacrificio 
que sin quererlo morís.
Decile que sos feliz 
cuando tus ojos se cierran 
y te apartas de la tierra 
sumida en sueño profundo 
alejándote del mundo 
y de las cosas que encierra.

IV

Qué se yo; te vi llorar,
tuve ganas de abrazarte,
en mi pecho cobijarte,
pero no te pude hablar.
Y me largué a caminar 
buscando un poco de luz 
pensé, muchacha, en la cruz 
que a tus espaldas agobia,
vos que pudiste ser novia 
del buen hermano Jesús.

V

Pero no importa, no aflojes,
por algo en la tierra estás,
que Él en su dulce paz 
a quien más sufre recoge.
Y cuando alguno te arroje 
una injuria despiadada 
no piba, no digas nada,
déjalo irse, déjalo, 
a tu espíritu calmalo,
seguí tu farsa alocada.

VI

Y pensá que hay un poeta,
que hay un hombre que camina,
a quien dañan las espinas
de tu existencia, pebeta.
Que en noches serenas, quietas
hasta un jardín se acercó
y tomando hermosa flor
la besa besando tu alma,
y en esa inefable calma
por vos piba, lagrimeó.

Juan Arrestía

CONSEJOS


CONSEJOS


I

Muchacho, que andás de farra
todas las noches por ahí
escuchá a este "cusifai"
que quiero soltar amarras.
Yo figuré en la pizarra
a ganador o a placé.
Si me ha tocado perder
son cosas que no interesan,
pues no en vano, en mi cabeza
cabellos blancos se ven.

II

Yo que conozco esta vida
como la palma e'mi mano
te doy un consejo: hermano,
largate pa' tu guarida.
No creas que es la bebida
la que me hace hablar,
así yo también cachorro
fui y tuve mis veinte años
pero, ya los desengaños
mataron lo que hay en mí.

III

Tuve muchos entreveros
donde copé, o me hice el gil,
tuve papeles de mil
que por otario se fueron.
Siempre copaba primero
el naipe que me gustaba
y en las carreras dejaba
todo el trabajo de un mes,
así que viejo, ya ves
si conozco el derrotero.

IV

Conozco las madrugadas
por esas calles vagando;
conozco el estar tomando
sobre un mostrador mamao;
conozco el trance apurado
de esquivar al pegador
que prepotente y traidor
nos tira la puñalada,
y conozco las mancadas
o ternuras del amor.

V

Conozco al amigo fiel
que se rompe por nosotros;
también conozco a los otros
que se arrugan cual papel;
conozco la triste y cruel
miseria del populacho;
conozco al hombre que es macho
al cobarde, al batilana,
también conozco a la cana
que casi me manda al tacho.

VI

Conozco el boliche inmundo,
bodegón o cafetín;
conozco el griego y latín
porque he recorrido el mundo;
con este verso profundo
muchacho, quiero advertirte,
que si vos no querés irte
por seguir esta milonga
a llorar nunca te pongas
si alguno quiere rendirte.

Juan Arrestía.

HAGAN JUEGO (de Juan Arrestía)

juego del amor
El juego del amor

HAGAN JUEGO


Prueben suerte, hagan juego,
ante mis ojos las veo
como demonios danzar
en un brasero de fuego.
Hagan juego, frase fatal que en mi vida
fue como el triste presagio ´
pa' mi existencia perdida.
En un sin fin de partidas
yo derroché una fortuna.
Jugué una, cien, mil veces,
mas, cual si yo fuera el trece
no la acertaba ninguna.
La pasión me devoraba,
las barajas me atraían,
y yo, infeliz no veía
que hacia un abismo rodaba.
Mientras fuerte palpitaba
en mi pecho, el corazón,
esperando el desenlace
de un final con emoción,
allá, en un triste casuchón,
en un lecho vacilante,
mi pobre vieja moría
llamándome, sollozante,
y yo anhelante jugaba,
perdía, ganaba,
pero al fin me retiraba
cabizbajo y delirante.
Y una noche, triste noche,
que en mi vida
jamás la podré olvidar,
llegué a mi casa,
la hallé dormida,
pero en un sueño que nunca
jamás pudo despertar.
Caí de hinojos delante
de su lecho sollozando
pero, yo no la estaba mirando,
no la podía mirar,
porque delante de mis ojos
miles y miles de cartas
pusiéronse a danzar;
creí el consuelo buscar
elevando una oración
y mi espíritu se alzó
buscando a Dios en su seno
pero allá arriba, estaba lleno
de naipes que me miraban
y veía en mi delirio
que pa' aumentar mi martirio
ellos reían, gozaban.
Sí, allí estaba el rey de oro
como queriendo decir
que había perdido un tesoro
en la madre que hice morir
porque yo, atraído por el juego,
por la baraja maldita,
no cuidaba a la viejita
y no atendía sus ruegos.
También estaba el de copas
contemplándome burlón
y escuchar me pareció
que sonriéndose decía
que como esa, sería
la copa en que iba a beber
la amargura de mis días
y el gran dolor de mi ser.
Y uno tras otros siguieron
en su desfile malvado
hasta que ya, doblegado,
mi espíritu, de dolor,
fue cayendo en el sopor
de un sueño que lo embriagaba
y así, durmiendo, soñaba
que todo fue una visión.
Fueron pasando los años
me hice bueno, fui honrado
y casi había olvidado
lo que pasó en un antaño,
cuando una tarde, ¡la vi!
¡Hermosa, cual primavera!
Yo le conté mis quimeras
y ella endulzó mi existir,
mas, no pudo ser feliz
porque otro la deseaba.
Una noche me encontraba
y un desafío sentí.
Yo fui cobarde, fui ruin,
pues el valor me faltó
y así, que en vez de jugarla
con la punta de un facón
yo invité a una partida,
y el naipe me la llevó. . .
Pero ahora que no tengo nada
y sé que es cosa perdida
me dan pa' mí la tallada
si pongo en ella mi vida...
¡No! ¡Tengo miedo de morir!
¡Prueben suerte! ¡hagan juego!

Juan Arrestía


LA CULPA LA TENGO YO

padre y madre con hijo adolescente


LA CULPA LA TENGO YO

I

La culpa la tengo yo,
salí pa' afuera y pensaba.
El purrete no llegaba
y la culpa la tengo yo.
La verdad que me fayó,
le dije 'vení temprano'
porque soy como un hermano
con el pibe, les prevengo,
es el único que tengo
y él me labura de afano.

II

Mi señora me rezonga:
"Vos le das todos los gustos
y yo no gano pa' sustos,
¡si la sabré esta milonga!
Es preciso que te pongas
un poco más riguroso,
todavía es un mocoso
y no va a hacer lo que quiera"...
¡Dios mío! La que me espera,
yo la escucho y me hago el oso.

III

Salí pa' afuera y pensaba:
'Mi vieja fue así también.
Si no caminaba bien
sabés cómo me chillaba'.
Mientras mi viejo escuchaba
y mi viejo fue polenta;
hoy que pasé los cuarenta
y hace tanto tiempo de esto,
me acuerdo y me encaja el pesto
el cuore sin darme cuenta.

IV

Cuando el purrete llegó
me dijo que se entretuvo,
y ¡quién doce años no tuvo!
La verdad me desarmó.
Bastante bien me explicó
de que eran lindos los juegos,
decime, vos, si le pego,
¿estaba bien, te parece?
Y vos sabes que ellos crecen
dejando de ser borregos.

V

Andá pa' adentro; largá,
arréglate como puedas,
yo me quedé en la vereda
sonriendo al escuchar:
¡Al final, vas a ganar
que no te dejen salir!
¡Vos me vas a hacer morir
mocoso de porquería!
Yo escuchaba y sonreía
y sabes, creía sentir.

VI

La voz de mi viejecita
-ella también lo decía-
¡qué lejos están los días
de esa infancia tan bonita!
Y cayó la tardecita,
debió pasar un buen rato
y vos sabés que estos fatos
uno los tiene sobrados,
el punto salió cambiado
haciéndose el pobre gato.

VII

¿Cómo, che? ¡Ya te piantás!
"Y... mamá me dio permiso"...
Después del lío que hizo
¡Qué bien que te la arreglas!
Agarró y se fue, no más,
la culpa la tengo yo.
Macanas, allí talló
el corazón de la madre
que le echa la culpa al padre
cuando el pibe les falló.

VIII

Así son todas, es justo,
¿cómo querés que ellas sean?
Gritan, rezongan, pelean,
que la matan a disgustos.
Los hijos somos injustos
porque ellas, las madrecitas,
quieren ser siempre ¡mamita!
Que cuando éramos borregos
hamacaban junto al fuego
¿no es cierto? nuestras cunitas.

IX

La culpa la tengo yo...
¡qué voy a tener la culpa!

Autor: Juan Arrestía - Poeta de Quilmes

COSAS DE MUCHOS (Décimas de Juan Arrestía)

borrachos en un bar


COSAS DE MUCHOS

I

Estaba una noche yo 
en un boliche cualquiera,
las dos más o menos eran 
cuando esto sucedió.
Un hombre joven entró
tambaleándose en sus pasos,
noté no sé qué fracaso
en su profunda mirada 
y sus pupilas cansadas 
al dolor le abrían paso.

II

Se dirigió al mostrador
apoyando allí los codos 
y pausado, de este modo
al bolichero le habló: 
¡Sirva una vuelta patrón! 
Para mí y a los presentes,
no se extrañe si mi frente 
se inclina ante el vaso lleno,
ya que él me saca el veneno 
que en mi pecho está latente.

III

Soy un hombre que camina
cansado hasta de sí mismo,
que al dolor, al pesimismo 
y a la amargura se inclina.
Yo represento la ruina 
que el hombre esconde aparente, 
yo sé que mi turbia mente
divaga con el alcohol,
pero a veces, como el sol 
brilla mi verba elocuente.

IV

No me pregunte quién soy
pues ni yo mismo lo sé.
Si canso, perdóneme
ya que en seguida me voy.
Lo que usted me escuche hoy
eche mañana al olvido,
soy un hombre que ha vivido
cosas que muchos ignoran,
la vida torturadora
el alma me ha carcomido.

V

Ando, anduve y andaré,
sé de todos los caminos,
andariego mi destino 
mucho me hizo conocer.
A la miseria palpé 
de cerca, entre miserables,
yo no quiero que me hablen 
de filosóficas plumas 
que no conocen las brumas 
de la realidad palpable.

VI

El mundo es malo, patrón,
créame lo que le digo.
Yo no tengo ni un amigo 
ni me alienta una ilusión.
La gente con su ambición 
me desespera y me aterra,
si a veces veo en la tierra 
el mismo infierno del Dante,
mi alma desesperante 
se agita en continua guerra.

VII

Bueno, patrón, cóbrese 
el gasto que yo le he hecho,
ya, medio, alivié mi pecho 
y me voy, dónde, no sé.
No quiero me vea usted 
las pupilas empañadas,
llorar es una pavada 
pero a veces en la vida 
unas lágrimas perdidas 
se nos escapan por nada.

VIII

Pues cuando me veo así
por la bebida mareado
me ataja el ser venerado
que quiero con frenesí.
¡Mi madre! Que me ata, ¡sí!,
por quien todavía soy bueno,
que sino este veneno
que tengo guardado yo...
hasta la vuelta patrón
¡lo que haría es lo de menos!

Juan Arrestía (El poeta nochero, de Quilmes)

29 de abril de 2014

SONETOS SIN UNA VOCAL (Celedonio Junco de la Vega) Martín de San Martín

sonetos sin vocales

Autor: Celedonio Junco de la Vega

SONETO SIN LA a
Martín de San Martín

El sol en el cenit tiene esplendores
tiene hermosos crepúsculos el cielo;
el ruiseñor sus trinos y su vuelo;
corriente el río, el céfiro rumores.

Tiene el iris sus múltiples colores,
todo intenso dolor tiene consuelo;
tienen mujeres mil, pechos de hielo
y el pomposo vergel tiene sus flores.

Tienen sus religiones los creyentes,
tiene mucho de feo ser beodo,
tiene poco de pulcro decir mientes,

todo lo tiene el que lo tiene todo
y tiene veinte mil inconvenientes
el escribir sonetos de este modo.


SONETO SIN LA e
Martín de San Martín

Con ojillos oscuros, luminosos,
ambas tan blancas como dos palomas,
cruzando prados y salvando lomas
hoy las vi con dos pícaros gomosos.

Iban con ambas pollas orgullosos,
cortándolas aquí jugosas pomas,
dándolas más allá lícitas bromas,
pasando así las horas muy gozosos.

Cuando callaron todos los ruidos
y la pálida luz agonizaba,
los pájaros volaban a sus nidos.

Y sus hojas la flor mustia doblaba,
y los cuatro cogidos por las manos
tornaron a sus casas muy ufanos.



SONETO SIN LA i
Martín de San Martín

Blanca como la luz que el alba arroja,
pura como la flor que el aura mece,
por ella oculto, pero noble, crece,
este amor que locura se me antoja.

Cuando en llanto su faz la pena moja,
¡cuán hermosa a los ojos aparece!
¡Tanto el pudor en ella resplandece,
que, al ensalzar sus galas, se sonroja!

Pero su corazón amor no altera;
yo del suyo soñando con la palma
juré adorarla con el alma entera.

¡Mas todo ve con desdeñosa calma!
¿qué alcanzará? que grande, hasta que muera,
guarde entero su amor por ella el alma.



SONETO SIN LA o
Martín de San Martín

Gime desamparada Magdalena,
víctima de pesares que la matan;
y sus pupilas el raudal desatan
de lágrimas que acusan tanta pena.

Ayer amaba de esperanzas llena;
mas ya, ¿qué dichas a la vida le atan?
¿A qué vivir, si así se desbaratan
venturas en que sueña un alma buena?

¿Quién tal infamia tiene permitida?
El que al pie del altar la fe le jura,
huye y la deja en la amargura hundida,

¡a ella siempre buena y siempre pura!...
Virtud, santa virtud, ¡sé tú la egida
de esa infeliz que gime sin ventura!



SONETO SIN LA u
Martín de San Martín

Soneto me pedís en donde omita
la postrera vocal del alfabeto;
y en dos por tres pergeñaré el soneto
si no se llega a enmarañar la pita.

Nadie para tal obra necesita
estar de genio y de saber repleto;
basta paciencia y sale del aprieto
toda persona en el rimar perita.

¡Vanidoso! -exclamáis-, ante el sentido
del octavo renglón; mas yo no paso
por mote, a mi entender, inmerecido.

Vanidad, si la tengo, será acaso
en haberme de sobra conocido
para no pedir sitio en el Parnaso.

Con tu visita yo vibro./ Tu regalo apreciaré,/y te obsequiaré mi libro/ si me invitas un café.

Invitame un café en cafecito.app