2 de marzo de 2014

AQUELLOS VERSOS ( Poema de amor de Juan Arrestía)

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AQUELLOS VERSOS


I

Recuerdas aquel verso
romántico, que un día
con ansias en tus manos
bailando yo dejé.
Tal vez lo hayas quemado
y ya no lo recuerdas,
tal vez aún lo recuerdes
quizás me equivoqué.
Tus quince primaveras,
un año te llevaba,
entonces yo tenía
tan sólo dieciseis,
qué hermosos parecieron
aquellos versos míos
que esa noche mi vida
bailando te entregué.

II

Recuerdo te alejaste
y en un rincón solita
leíste febrilmente
el verso que te di;
y cuando regresaste
qué linda tu carita,
qué hondo aquel suspiro
cuando dijiste "sí".
Desde esa noche fuimos
el uno para el otro,
nada nos separaba,
un solo corazón.
El mundo no importaba
solamente nosotros,
qué bello paraíso
vivimos de pasión.

III

Veredas silenciosas
contaron nuestros pasos,
cien lunas en las noches
nos miraron besar.
Qué obscuro estaba el cielo,
¿te acuerdas, vida mía,
cuando vos me dijiste
"no nos veremos más"?
Jamás yo te he culpado,
jamás, nunca, mi vida.
Comprendo mi fracaso
pues nada te ofrecí.
Yo sigo haciendo versos,
eterna es mi bohemia
y en ellos los recuerdos,
mi amor, están en ti.

Juan Arrestía.

25 de febrero de 2014

ALMAFUERTE EL POETA (CAP 9 Y 10: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)



ALMAFUERTE EL POETA (CAP 9 Y 10: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)


CAPÍTULO 9
DE LA MUJER Y DEL AMOR

Con motivo de las conferencias que dio Almafuerte en el Odeón, se dijo por un crítico que Almafuerte no amaba a la mujer. Semejante afirmación, más aún que disparate, es una calumnia, una de tantas calumnias con las que se fomentaba el odio del vulgo contra el gran poeta. Lo que Almafuerte no amaba, o mejor aún detestaba, es el sensualismo. Su profundo sentido moral, repudiaba ese bajo sensualismo que es el alma de la poesía moderna, que con el nombre de amor, consagra e idealiza los más bajos instintos sexuales. Odiaba esa poesía corruptora que envenena el alma de las jóvenes generaciones rebajando el ser humano al nivel de la bestia, o más abajo aún, por la exacerbación del sensualismo. El amor, para él, era algo sagrado, supremamente moral, como cumbre y fuente que es de la existencia.  Amaba a la mujer más profundamente que ninguno de los literatos actuales. Por eso precisamente no la endiosaba en su aspecto carnal ni la dedicaba vanos galanteos. Pero estaba muy lejos de profesar el ascetismo insensato y farisaico que predicaba Tolstoy en sus últimos tiempos. Adoraba en la mujer lo que tiene de grande, de sagrado y puro; su instinto maternal, su bondad, su ternura, su idealismo y su belleza moral. Y por eso mismo detestaba en ella la hipertrofia sensualista que hoy la caracteriza, y que sobre todo es obra de los hombres, a cuya imagen y semejanza se moldea moralmente la mujer. Tenía Almafuerte un concepto del amor mucho más alto y austero que el expresado por Platón en “El Banquete”. Contestando el poeta la falsa imputación que se le hacía de desamor hacia la mujer, dijo así en la tercera de sus lecturas en el “Odeón”, expresando bellamente su alto criterio moral respecto de la mujer y el concepto que de ella debe tener el hombre. “Es ya de pública voz y fama, que el viejo Almafuerte ni amó ni ama a la mujer; pero el viejo Almafuerte carga con esa cruz como con cualquiera otra — él no las elige, — y hace su jornada sin dar a la calumnia otra respuesta que una vida más ponderada, que un alma mejor, dentro de lo posible. . . ¡ya veces dentro de lo imposible!  “Porque amé y amo a la mujer, en lo sano y en lo limpio, la apostrofé cuando me pareció, cuando a mi amor por la mujer le pareció necesario, indispensable, el apóstrofe. El amor masculino que no tiene algo de amor paternal, es un afecto incompleto, porque no llena enteramente sus fines. “Perdonadme aquellos apóstrofes, señoras, si así lo encontráis a bien, si así lo tenéis por digno de vuestra alteza, de vuestra magnanimidad; y aquí tenéis mi cerebro, y he aquí mi lengua que habló y mis manos que escribieron, para que las fulminéis de un solo golpe de vuestra cólera, si ese corazón, como el de las diosas del Olimpo, no sabe perdonar. “Entretanto, permitid que deje constancia, — no en mi defensa, sino en defensa de vuestra majestad de seres humanos — que deje constancia, repito, de que toda filosofía, toda organización social, todo arte, — por más excelso que él sea, — deben concebir y tratar a la mujer como a la compañera insubstituible del hombre, como a la copartícipe de las angustias y los ensueños del hombre, como a la madre del hombre y la madre y la maestra de los hijos del hombre”. En los versos amorosos de Almafuerte no existe rastro siquiera de sensualismo, al cual condena y fulmina en “Vade Retro”. Sus poesías consagradas al amor están todas inflamadas por un fuego ideal en donde arde el más puro sentimiento. Y la única vez que canta a la mujer es en “Cantar de cantares”, en cuyos mágicos versos primorosos hay tal pureza y ternura que parece una oración. Entre el “Cantar” de Almafuerte y el lúbrico y sensualista de Salomón median muchos milenarios de evolución moral. Su concepto del amor_y la mujer está sintéticamente contenido en estas dos décimas de su poesía “En el abismo”:

"Mi hogar, si tuviese hogar,
sería un huerto sellado ;
tan solemne, tan aislado,
como una roca en el mar.
Nido azul, — nido y altar,

todo en él, luz y armonía;
pero a la primer falsía...
¡todo en él, espanto y duelo,
como si el alma de Otelo
resplandeciese en la mía.
Yo respeto en la Mujer
a la Madre, nada más
y jamás, nunca jamás,
por su igual me ha de tener.
Virgen roja en el taller,
toga ilustre en los procesos,
verbo mismo en los congresos
y genio mismo en las artes;
pero allí y en todas partes. .
¡ catedrática de besos !"



No considera inferior a la mujer por sus aptitudes y talentos sino por su enfermizo predominio del sensualismo, que hace, en ella, subalternas todas sus facultades. En estos tiempos de feminismo, en que la mujer pretende emanciparse de las condiciones secundarias en que se halla socialmente, debido al concepto primitivo que de ella tiene el hombre, y al abandono en que, moralmente, la deja, es conveniente afirmar que la verdadera emancipación y dignificación de la mujer, consistirá en libertarse del sensualismo para que el hombre vea en ella solamente un ser moral ; la conceptúe una madre, una hermana, una hija y una novia; la venere como a un templo, como a una fuente sagrada de donde debe brotar el porvenir por los siglos de los siglos; y la forje y la moldee convirtiéndola en la imagen de su más alto ideal. Tal es, en síntesis, el concepto que Almafuerte tenía de la mujer y del amor.  

CAPÍTULO 10 
PESIMISMO Y OPTIMISMO  


Si se juzga pesimismo la visión descarnada y cruel de la vida, no hay genio verdadero que no sea pesimista. La aparente placidez del mismo Goethe, y la risa burlona de Cervantes, no son más que una máscara bajo la cual apenas ocultan su honda desolación. Amargos y pesimistas fueron Byron y Dante, Leopardi y Edgardo Poe, Baudelaire y Laforgue, Federico Nietzsche y Schopenhaüer. Este último, sin embargo, llevó demasiado lejos el pesimismo pues llegó a convertirlo en un sistema. La beata placidez y el cándido optimismo son propios solamente de inconscientes. El genio tiene un concepto cruelísimo de la vida; ve que toda la existencia se compone de contradicción y de crueldad; sabe que la vida humana es una lucha implacable de la voluntad y del pensamiento contra las fuerzas adversas de la ciega y feroz fatalidad. Comprende que en el hombre se libra una batalla permanente del ángel contra la bestia y con frecuencia es ésta la triunfante.  Desde las altas cimas de su ideal contempla el genio la vida como pudiese observar el naturalista una colonia de insectos. Para él la sociedad es un hormiguero. Ve y abarca el conjunto de la lucha y de los locos afanes, pero sin mezclarse en ellos más que para sufrir con el dolor de los homúnculos. Al comparar con sus ideales el espectáculo de la vida, le parece ésta un infierno. Nadie ha sentido de un modo tan desgarrador como Almafuerte este contraste. Con. un altísimo ideal moral, en absoluto desconocido por su siglo; ajeno a todas las luchas y ambiciones que preocupan y absorben a los humanos, él habita entre los hombres como entre sombras, convertido en sombra él mismo, unido a la existencia solamente por los lazos inmortales del amor y del dolor. El penetra en los pliegues más recónditos de todas las existencias y descubre las vilezas que anidan en cada pecho; ve flotar y envolverle la injusticia y el mal, y triunfar la mentira y el crimen. Baja a los más sombríos antros del infierno social, y se identifica con las más abyectas almas y se siente responsable de los más crueles destinos. Así centellea la ira en sus estrofas, restallantes cual látigos. Rugen enfurecidos sus dolores, como tigres hambrientos en casi todas sus poesías, especialmente en “Incontrastable” y “Trémolo”, en “Vigilias Amargas”, “Mancha de tinta” y “El Misionero”. Apuró hasta las heces la copa del dolor y descendió a las regiones más sombrías del corazón del hombre. Su concepto del mal hállase contenido en estos versos Los hijos de la Sombra y del Prostíbulo, Miente la Compasión, no se redimen, Nacieron con el síntoma del crimen Y el fervor inefable del Patíbulo 1 ^ Y el Mal es mal; lo mísero, lo inmundo. Lo formado de pústulas y lamas Debe rodar al centro de las llamas Para salvar de su contacto al mundo. Tal es el pesimismo de Almafuerte que no es más que la vasta y profunda comprensión de la existencia, la enunciación de la ley kármica. Pero su espíritu no se estanca en este pesimismo; no le abruma la montaña del Dolor. Con sus robustos hombros de Atlante carga sobre sus espaldas ese espantable fardo bajo el cual otro cualquiera perecería. El lo lleva, sin embargo, casi alegremente. Y todavía le resta fuerza bastante para profesar un hondo y potente optimismo. Tiene una ciega fe en el porvenir; en la fuerza evolutiva y ascendente del espíritu humano. Dijérase que posee los hilos providenciales y conoce el fin último a que se dirigen los hechos y sufrimientos de los hombres. Por eso les azota despiadadamente para que triunfen de los instintos y conquisten la soberanía de su ser moral. Y su optimismo es tan grande que recoge y absuelve a los más viles y proclama la inocencia de los reprobos, estimulando a todos los seres a dominar e imponerse sobre sus propios destinos, y a no perder jamás la fe en las propias fuerzas:

"Si te postran diez veces, te levantas,
otras diez, otras cien, otras quinientas.
No han de ser tus caídas tan violentas,
ni tampoco, por ley, han de ser tantas."
...

"Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura

que se rompen las garras de la suerte.
¡Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de la muerte!"

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OTROS CAPÍTULOS PUBLICADOS:

CAPÍTULO 1: Datos biográficos de Almafuerte - Idealismo del poeta Pedro B. Palacios.
CAPÍTULO 2: Almafuerte o el genio.

CAPÍTULO 3: Carácter de Almafuerte.
CAPÍTULO 4: Su vida heroica.

CAPÍTULO 5: Almafuerte y los poetas.
CAPÍTULO 6: El poeta de la chusma y del dolor.

CAPÍTULO 7: El poeta del hombre.
CAPÍTULO 8: Filosofía de Almafuerte.

CAPÍTULO 12: La moral de Almafuerte.



EL POEMA " APÓSTROFE " DE ALMAFUERTE ¿ES EXCESIVO? Juicio del Dr. Francisco A. Barroetaveña

APÓSTROFE - de Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)


22 de febrero de 2014

ENGRANAJE DEL SISTEMA

engranaje del sistema


ENGRANAJE DEL SISTEMA

De hoy en más, engranaje del sistema
deberá ser el propósito en tu vida.
Indigna esclavitud, por la comida,
agregará penuria a tu condena.

Hasta hartarte, luchar, será tu lema,
para útil ser, a esa cruel maquinaria
de hacer más rico al rico, al pobre, paria,
otra abeja servil de sus colmenas.

Te asignarán un número de orden
y sabrán reprimirte ante el desorden,
cuando las masas, de odio, se desborden.

Porque incubaron de la sierpe el huevo,
prometiendo falsamente "Orden Nuevo",
aunque en verdad, volverás al Medioevo.

© Rubén Sada - 21/02/2014

21 de febrero de 2014

ALMAFUERTE Y SU POESÍA (CAP 7 Y 8: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

PEDRO B PALACIOS, ALMAFUERTE, BIOGRAFÍA


CAPÍTULO 7

EL POETA DEL HOMBRE

Pasaron ya los tiempos en que el poeta era sólo
un trovador que narraba las grandes hazañas militares
y los hechos de los viejos cronicones, un
historiador en verso, especie de trompeta de la fama
que sólo tenía tres cuerdas en su lira : las de la
guerra, el amor y el comentario de las costumbres.
El poeta moderno es más complejo, más interior
y más amplio. Canta el amor también, pero no el
de los sentidos, sino un amor más intenso, más
sutil y más amargo. Ha perdido la ufanía ingenua
y la simplicidad del clasicismo. Expresa las inquietudes
y el dolor del espíritu, la duda corrosiva y
la acerba desesperación. Los más representativos
son el prometeico Baudelaire, ese cantor rugiente
de las más turbadoras letanías de la angustia y el
hastío ; el fúnebre y macabro Rollinat ; Laforgue, el
amarguísimo; Verhaeren y Verlaine, hiperestésicos
y Corbiére el funámbulo ; Poe también es un genio
atormentado, devorado por la fiebre de la vida y
explorador de las sombras. Todos estos poetas han
expresado las hondas inquietudes del espíritu moderno.
Pero en ellos el hombre se desvanece ante
la hoguera de las pasiones que les atormenta, ante
el oscuro misterio que les ofusca o el sensualismo
exacerbado que domina en sus obras. Walt Whitman
ha consagrado en sus poesías al hombre, pero
al hombre natural; y más que al hombre al hecho,
a la realidad total del universo.
Ningún poeta ni escritor ha dedicado su obra tan
absolutamente como Almafuerte, a engrandecer y
exaltar al hombre con absoluta exclusión de toda
otra realidad. En los unos domina lo abstracto, la
metafísica o la teología, y en los otros la Naturaleza,
el Sensualismo o el Arte.
Pero en Almafuerte no existía ni la sombra siquiera
de todo esto, en cuanto pudiera aminorar
o sobreponerse al hombre, que es quien domina en
su obra por completo.
El desdeñaba la Naturaleza, despreciaba el Arte,
odiaba el sensualismo y reducía las abstracciones a
instrumento de ascensión humana y de perfeccionamiento
moral del individuo.
El lo ha expresado en una de sus poesías:

"Yo miro el Universo pasar delante
Como a pelusa tonta, sin que me asombre
Soy profeta, soy alma, soy como el Dante. .
¡Yo no siento más vida que la del Hombre!"

Esta ha sido la gran preocupación, la obsesión
exclusiva de toda su existencia. En su acción, en
su vida, en sus poesías y evangélicas, Almafuerte
no ha tenido otro propósito ni ideal que redimir
y elevar al hombre, señalarle el camino de su ascensión
y despertar y afirmar en él rotundamente
la personalidad moral.
El no ha sido, como Darío, el poeta de una aristocracia
intelectual, ni de una casta social; ha sido
el poeta del Hombre. Y como el hombre se halla
actualmente, en su mayoría, confundido en la masa,
sumergido en la chusma, ha descendido al fondo
de ella para volver de allí, vibrante de ira justiciera,
con los puños cargados de verdades, que arrojó violentamente
al impasible rostro impío de esta humanidad pagana.
Y al exaltar y afirmar al hombre no se ha referido
al hombre externo, sino al hombre interior, a
la esencia, al espíritu ascendente y perfectible del
hombre. Porque éste constituye para él la suprema
energía de crecimiento y de elevación moral, el instrumento
de Dios, que lleva a Dios en sí mismo; la
fuerza directriz del universo y creadora del destino.
Casi todos los poetas que han existido son siervos
y adoradores de la Naturaleza a la que toman
por arquetipo. Cual los hombres primitivos, son
idólatras del sol. Siéntense subyugados por el grandioso
espectáculo de la Naturaleza y se prosternan
ante ella. Son ingenuos como niños, o serviles y
retóricos copistas.
Oscar Wilde al rebelarse contra la Naturaleza
se declaraba esclavo del Arte. Porque él tampoco
era un hombre, sino un artista.
Y esta ha sido la más alta grandeza de Almafuerte;
que no fue literato, ni artista, ni poeta ; ni maestro,
ni creyente, ni discípulo de secta alguna.

El ha dicho : "Ser algo es ser esclavo" y declaró que
no aceptaba lo definitivo sino como un corral donde
se le quería aprisionar y empequeñecer; — él ha
sido sencillamente un hombre, un alma violentísima
y apasionada de lo mejor, un carácter durísimo como
el acero; un espíritu integral, abierto a todas las
altas orientaciones humanas, que manejaba su pluma
como un cetro moral y ha grabado con ella las tablas
de la ley del hombre nuevo.
El ha sido un augur sacerdotal de los gloriosos
tiempos futuros, poeta del dolor y del misterio humanos;
profeta y legislador que anuncia y que consagra
el próximo reinado augusto del Hombre.
Almafuerte, por eso, marca el fin del reinado
actual de la Naturaleza, a la cual despreciaba, porque
encarna el ciego imperio de la inconsciencia,
como afirma en estos versos:

"Para mí, la gran Natura,
Por su cielo y por su tierra
Nada dice, nada encierra
Que cautive mi emoción.
Por lo mismo — porque nunca
Ni vacila ni fracasa
Y es eterna y sólo pasa
Por el riel de lo cabal

No la tengo yo por sabia
Como el sabio que la escruta:
Fuerza misma, fuerza bruta
que no sabe adonde va.
Y jamás de los jamases
Me absorbieron las esferas,
Ni el verdor de las praderas,
Ni el desierto, ni la mar,
Ni las aves, ni las flores.
Ni los ríspidos insectos
Serán bien, serán perfectos,
Mas lo son sin voluntad.
¿Quién dirá que la Gioconda
Modeló sus propios labios
Y esos fríos ojos sabios
Que Leonardo eternizó ? . .
Así el sol, así los astros
De más fúlgida apariencia
:
Luminarias sin conciencia
Que dan luz y dan calor.
Nada saben, nada quieren.
Nada buscan, nada inventan;
Ni reforman, ni violentan
Ningún fin, ninguna ley,
Y a pesar de que circulan
Por el éter tan audaces.
Son idiotas incapaces
De pensar y resolver."

Y opone a esa inconsciencia, en estos otros versos,
la luminosa y fecunda conciencia humana
:
"Pero el Hombre, pero el Genio
Más que un sol en el abismo.
Por sí solo, por sí mismo
Marcha mal o marcha bien;
Tiene rumbos preconceptos,
Con sus planes y su equipo
Y ha forjado el arquetipo
Supra excelso de su ser.
Y persigue aquel modelo
Por más leyes que lo impidan,
Por más fuerzas que coincidan
Y le arrastren hacia atrás
Presidiario incorregible
Que la ergástula no arredra
Y en el hierro y en la piedra
Va y escribe : ¡ Libertad !"

CAPÍTULO 8

FILOSOFÍA DE ALMAFUERTE

Su concepto de la Naturaleza y de la Vida
Más que poeta, Almafuerte es un filósofo. Pero
no es, sin embargo, un frío razonador que predique
una doctrina lógica, pues en tal caso no sería
poeta, sino versificador; él es poeta verdadero,
porque las ideas que expresa están cristalizadas
en sentimientos y son nacidas de la intuición. Pero
este sentimiento que en los poetas no es más
que emoción externa objetivada, cuya substancia
ideológica la forman las ideas y conceptos de su
época o de épocas anteriores, en Almafuerte es
una emoción absolutamente interna y personal
fundada sobre conceptos y principios que se
adelantan en siglos a los de su época. La intuición es
en él sabiduría, vasta y profunda sabiduría que,
como la de Jesús, prescinde de todo dogma y de
toda verdad clásica y consagrada, y se convierte
en una fuente de prístino y purísimo saber, exclusivo
producto del espíritu.

Mas no por eso sus enseñanzas son menos
elevadas y profundas. Las más altas tendencias filosóficas
del siglo — Nietzsche, Stirner, Emerson,
Carlyle, Schopenhaüer, James y hasta el mismo
Bergson — hállanse contenidas y superadas en
sus versos, no como seca doctrina, sino como intuición
consciente, hechas carne y realidad en su propia vida.
Justifica así y confirma la afirmación de Peladán,
de que los grandes poetas son los más sabios
de los hombres, y aun ellos son los únicos de todas
las edades que han penetrado el misterio.
Su obra está más allá de la "Crítica de la razón
pura" kantiana. Aunque habla en él la razón, trágicamente,
no es un esclavo de la lógica. Ha superado
el dominio de la razón. Su espíritu se mueve
en el imperio de las realidades trascendentes.
Todo en él es subjetivo, pero de una subjetividad
tan depurada que a su vez se hace objetiva, pues
sus ideas no son personales, ni limitadas, sino humanas
y universales.
El tema casi exclusivo de sus poesías es el ideal
moral en sus diversos aspectos. Disparado hacia
el futuro, colócase en el centro de la evolución humana
ascendente ; y abarcando el conjunto de todos
los ideales y tendencias capaces de elevar al
individuo, reforzar su voluntad, fortalecer su carácter
y depurar su conciencia, arroja sus enseñanzas
como ubérrima semilla sobre el espíritu
humano y fustiga la inercia y el rebajamiento de
los hombres.
Su concepto filosófico del mundo y de la vida
es de una unidad perfecta, dentro de la vastedad
de su conjunto que a veces se manifiesta en contradicciones
aparentes, pero que confirman la unidad
del fondo. El encarna esa cima característica
del genio en que como observa Bovio se unifican
y confunden en uno solo todos los principios más
elevados. Conviene, pues, a su obra, singularmente,
la siguiente afirmación de dicho autor:
"La unidad moral del hombre de genio no es
más que la prefiguración ideal del hombre venidero
en el cual religión, moral y politica, no serán
términos hipócritamente separados, como hoy, como
ayer, como en todo tiempo, en que se ha podido
decir que un mismo hecho es inmoral, pero
es jurídico, es político y aún religioso ! Esta separación
que es fondo de toda maldad humana no
se encuentra en el hombre de genio, a cuya síntesis
no puede escapar la conexidad de los términos
éticos, y no se encontrará en la sociedad ideal
predeterminada por la evolución, que, bajo el
respecto ético es una creciente traducción de la
moral en derecho, de la equidad en religión, de la
justicia en política. La disidencia entre la intención
y el acto no es desdoblamiento psíquico, es
una alienación moral, que se encuentra todos losdías
en el vulgo, pero que es repugnante al genio".
La idealidad de Almafuerte pertenece a la esfera
del conocimiento místico. Pero su misticismo
no es teológico ni metafísico, es humano, o más
bien suprahumano. Para él la fuente del misterio
y la clave del destino residen en el hombre únicamente.
El hombre, en su concepto, no es una
cosa conocida, ni un hecho terminado, como parece
serlo para todos los poetas y aun la mayoría
de los filósofos. Es la síntesis de la existencia y
se halla sometido férreamente a la ley moral que
es la escala por la cual asciende a sus futuros
destinos. Es una fuerza preñada de misterio y en
marcha hacia el porvenir.
A la Naturaleza, por el contrario, la considera
una fuerza ciega, inconsciente y cruel, que crea y
destruye al azar, como la fatalidad viviente:

"fuerza misma, fuerza bruta
que no sabe a dónde va."

Por eso él no canta nunca a la Naturaleza, porque
no es un esteta ni un jilguero, ni se postra
ante dioses impasibles

"Sólo vibra mi salterio
Pensativas notas graves
Yo no sé como las aves
"Saludar al padre sol".
Para mí la gran Natura,
Por su cielo y por su tierra
Nada dice, nada encierra
Que cautive mi emoción.
Yo la siento un mecanismo
Que no piensa, que no fragua

Cual su gas, como su agua,
Que proceden porque sí
Un recurso, un instrumento,
Del propósito divino.
Un vehículo en camino
Con un fin que no es su fin."

Ningún poeta se ha elevado a una concepción
tan alta y tan moral de la vida. Quien se acerca
más a ella es Osear Wilde, aunque no en sentido
ético, al decir que no es el arte quien imita a la
Naturaleza, sino que la Naturaleza imita al Arte.
El concepto que Almafuerte expresa de la Naturaleza
ha sido también expuesto por Peladán
en "La ciencia del amor", al afirmar : "La diferencia
más grande que hay de la naturaleza al hombre
es la de que ella no tiene otro ideal que su
realidad misma, en tanto que el hombre extiende
su pensamiento sin límites : puede elevarse o descender
casi hasta el infinito".

Para Almafuerte la vida es una ascensión que
eleva las fuerzas naturales y las transforma en
fuerza moral. Ella es la que dirige y gobierna el
mundo. La perfección del hombre está en someter
y dominar a la Naturaleza, en superar el plano
de los instintos, viviendo solamente la vida moral,
punto de la evolución que raramente se alcanza.
Esto es lo que afirma el poeta al decir: "Metiéndose
dentro de la naturaleza física, no se hace
camino muy largo ; apenas, sí, el que media entre
la cuna y el sepulcro. Evadiendo la tiranía de los
instintos, se traspasa el límite de la bestia, y se
salva la tumba dejando en ella nada más que lo
que gravita".
Y en este otro pensamiento hállase contenido
sintéticamente su concepto de la evolución y de
la vida.
"Cada acción humana tiene una historia interesantísima:
es el resultado de una lucha incipiente
entre la bestia que quiere ser bestia, porque es
bestia y la bestia que no quiere serlo"
En esa lucha moral por desbestializarse, está
para Almafuerte el objeto y el fin de la existencia.
Tal concepto sobrepasa el plano espiritual del
alma pagana cuya moral era la satisfacción de los
sentidos ; y que hasta ahora no había sido superado;
pues el cristianismo, que es la tentativa más
seria en tal sentido, es demasiado teológico, poco
consciente de sus fines humanos y harto desviado
de ellos, al colocar en el más allá el centro y el
objeto de la existencia.
Almafuerte, en cierto modo, es un continuador
del platonismo. Niega valor a la experiencia y al
testimonio de los sentidos.

"Como chispa fugaz o estrofa trunca
palpita lo absoluto entre los pechos
La verdad miserable de los hechos
no es la misma verdad ni será nunca."

Su espíritu esencialmente sintético es enemigo del análisis:

"El afán del análisis es propio
del imbécil, del pérfido y del niño."

Es, como Platón, sintético, intuitivo, moralista
absoluto, creyente en la eternidad de las ideas y
del alma; ferviente adorador de la justicia y del
bien ; desdeñador del arte ; da un valor absoluto al
pensamiento y al espíritu y sólo el de instrumento
al cuerpo y a la materia; y considera la ética como
la suprema autoridad que rige al universo.
"Todas las cosas existen para el bien y éste es
causa y origen de toda belleza". Tal principio
que es síntesis y base de la filosofía platónica es
también el que anima toda la obra de Almafuerte.
Según Emerson, "Platón es la filosofía y la
filosofía es Platón — gloria y vergüenza a la vez
de la especie humana, puesto que ni sajones ni
romanos han conseguido agregar ninguna idea a
sus categorías".
Eucken afirma también, que la filosofía platónica
es la cúspide de la obra espiritual de Grecia
y una de las más altas concepciones sintéticas de la vida.
Pero Platón es consciente y frío, es inteligencia
pura y poco sentimiento; acepta la esclavitud y
sacrifica el hombre a la abstracción ; es demasiado
asiático, poco individualista y algo dogmatizante;
cierra los ojos a la realidad, oponiendo a
ella sus dogmas; en este último sentido dice Bergson
que nacemos platónicos. Almafuerte es más

violento, más humano, más individualista y nada
dogmático. Acepta libremente la realidad, de la
que extrae sus enseñanzas y no establece más
dogma que el imperio absoluto de la ética.
También están contenidas en la obra de Almafuerte
las teorías filosóficas más representativas
de la antigüedad : la austeridad renunciadora y la
heroica altivez del estoicismo, condensadas en el
lema : "soporta y abstente", que ostentaba aquella
escuela ; el precepto nirvánico del budismo de aniquilación
de las pasiones para llegar a la divinización
del espíritu

"De la más ruin pasión a la más alta
pasan frente de mi sin que yo sepa.
Llegué por fin. Ya estoy sobre la estepa
Donde la sombra de si mismo falta."

Todas, en fin, las más altas tendencias del espíritu
hállanse sintetizadas en la vida y la obra
del poeta.
Pero el pensador que tiene más analogías y
coincidencias con el idealismo de Almafuerte, es
el fundador de la escuela neoplatónica, "el divino
Plotino", de quien afirma Eucken que ha ejercido
influencia en todas las épocas y que hoy en día no
está todavía agotado como pensador original y
puede aún inspirar una obra fructífera.
Plotino es el filósofo que más alto ha elevado
el concepto del espíritu humano. Dividió la realidad
en tres reinos : el de lo subconsciente, lo consciente
y lo superconsciente, correspondientes a las
tres esferas : de la naturaleza, el alma y el espíritu.
Sostenía que hay que liberarse de la sensibilidad,
lo que reclama una purificación del ser,
una vuelta completa de la voluntad hacia adentro.
"No cedamos a las impresiones del medio ambiente
y aceptemos indiferentes lo que el destino
nos depara; paremos con orgullosa altivez, ante
la misma naturaleza y la actitud quejumbrosa de
la masa, como hábiles atletas, los golpes del destino.
Esta purificación de la materia y de los
acontecimientos exteriores es a la vez la entrada
en el reino de la libertad. Está en nosotros librarnos
de la sensibilidad y encontrar la libertad
en el mundo suprasensible".
El grado inferior de la vida íntima es la naturaleza.
Libre, por encima de la materia, está la
vida del alma para sí ; lleva ella misma su fuerza
y también su responsabilidad; no está impulsada
desde fuera, sino que decide por sí misma.
El conocer es replegarse a su propio ser.
Era contrario a la reflexión, como Almafuerte,
a la que oponía el pensamiento creador.
Afirmaba que el pensamiento en su interiorización
máxima se convierte en religión y como
tal domina toda la vida.
Concebía el mundo como una sucesión de círculos,
de jerarquías interiores, a través de las cuales,
"las fuerzas ascienden y descienden y se pasan
los cubos de oro".
Lo sensible, para él, es despreciable en cualquier forma.
Conceptúa que la belleza no puede estar en la proporción,
sino en la victoria de lo superior sobre lo inferior,
de la idea sobre la materia, del alma sobre el cuerpo,
de la razón y el bien sobre el alma. En consecuencia,
el arte no significa para él una imitación de la naturaleza,
sino que ésta imita a aquél. El arte debe construir
una nueva realidad enfrente del mundo sensible que nos rodea.
Lo bello descansa sobre el bien como el valor
por excelencia y no puede separarse de él ; la apariencia
exterior sólo tiene un carácter secundario;
lo bello no nace de la asociación de lo interno con
lo externo, sino de lo intimo y para lo íntimo.
Todas estas ideas que constituyen el fondo de
la filosofía de Plotino, han sido llevadas a su máxima
realización por Almafuerte — sin haberlo
leído, desde luego — y constituyen sólo una parte
de su vasta concepción del hombre y de la vida,
en la que están sintéticamente comprendidas y
superadas las conquistas más fundamentales realizadas
hasta hoy por el espíritu humano.

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MASACRE PATRIÓTICA


CONQUISTA DEL DESIERTO, PATAGONIA ARGENTINA
Instalaciones de un fortín utilizado durante la Campaña al Desierto

en Cipolletti. de. La vuelta del Malón, 1892, óleo de Angel Della Valle.

MASACRE PATRIÓTICA

Hace ciento treinta años una masacre patriótica,
fue una guerra despótica, sanguinaria por demás.
Desde el poder del Estado, por mandato militar
se proyectó un genocindio,(₁) vestido de “libertad”.

Los pueblos del aborigen desde miles de años ha,

habitaron estas pampas, desde el Norte al Sur austral.
De retrógradas costumbres, primitivas y ancestrales,
su conducta sanguinaria llegó a oídos militares.

Hábiles para la guerra, mas, no para trabajar,

aprendieron a montar, y vivían de la tierra.
La mapuche Araucanía atacaba a los tehuelches,
a los rankulches y puelches. Muy poco en paz convivían.

“La Ley es la telaraña que a los más chicos atrapa”

pero los más grandes zafan, dijo el gaucho con su maña.
“Hay que sacarles las tierras, porque nunca las cultivan,
al trabajo ellos le esquivan, ellos sólo cuatrerean.”

Insana “Ley de enfiteusis” (₂) dictada por el gobierno,

para pocos mucho suelo, y exterminio al aborigen.
Militar apropiamento, expansión de latifundios,
y mucho pretexto sucio del poderoso estanciero.

Soberanía lapidante, preciado botín los campos,

con fusiles en las manos civilizando barbaries.
Entre Pampas y Tehuelches tampoco hubo unidad,
ni el ‘Napoleón del desierto’(₃) al huinca (₄) hizo claudicar.

Promesas de “libertad” nunca el gobierno cumplió,

pero el indio se rindió y lo tuvo que aceptar.
El gigante ‘malón blanco’ (₅) por muchos años reinó
con manos sucias de sangre e indecente corrupción.

Hoy sigue el trabajo esclavo, y la trata de personas,

y aunque ya ni están los onas, continúa el contrabando.
Sigue el choque de culturas, sigue el estómago flaco,
sigue el político caco... y vacía la Patagonia.

[...]


Finalizo esta poesía diciendo 

que la mejor carne del mundo es la carne argentina... 
porque con ella y en esta gran carnicería,
se ha conseguido mantener la soberanía. 

© Rubén Sada. 17/01/2012

(Perteneciente al libro "Octonarios" - Primer libro de poesía del mundo con Código QR en cada una de sus páginas.
REFERENCIAS:

1) Contracción o crasis popular de “genocidio” e “indio”.

2) Ley promulgada bajo el gobierno de Bernardino Rivadavia, sancionada el 18 de mayo de 1826, que establecía concesionar vastos territorios a unos pocos terratenientes, a cambio de un canon o alquiler que los mismos jamás pagaron al Estado. Esta corrupta Ley sentó durante el Siglo XIX las bases para el exterminio de los aborígenes que allí habitaron desde tiempos ancestrales, a cargo de los gobiernos que se fueron sucediendo.

3) Napoleón del desierto. Apodo dado al cacique mapuche Juan Calfucurá, quien combatió en varias oportunidades contra las fuerzas militares oficiales.

4) Huinca. Término despectivo (proveniente del dialecto mapuche) que significó “Nuevo Inca” y se refería a los conquistadores blancos o a cualquiera que no perteneciera a los pueblos aborígenes. Su uso estuvo ligado al significado de “ladrón” o “usurpador” proviniendo del verbo mapudungún wigkalf o uikalf, que significa ‘robar’.

5) “Gran Malón Blanco”. Nombre dado por los guerreros aborígenes a los soldados que participaron en la campaña militar “Conquista del desierto”.

20 de febrero de 2014

VAMPIROS VERDES ( Soneto antisistema )

dinero vampiro, dolar vampírico

VAMPIROS VERDES

Los verdes vampiros te chupan la sangre,
consumen tu tiempo, tu vida vigilan,
absorben tu savia, provocan tu hambre,
te dejan desnudo, te afeitan, te esquilan.

Papeles pintados que cubren el mundo,
los verdes vampiros circulan, desfilan,
causando un hedor letal, moribundo,
pues todo a su paso feroz aniquilan.

Herramientas magnas de control de gente,
vampirizan seres, todo lo que existe,
cual dios poderoso, sanguinario ente.

Los vampiros verdes al planeta embisten,
depredan las selvas, el clima pervierten,
nos plagan de odio y entre hermanos, muerte.



Rubén Sada.  20/02/2014
Soneto incluido en el libro 
POESÍA ANTISISTEMA (Ed.2014)

17 de febrero de 2014

SONETO ANTIBANCARIO ( Del estilo Poesía Antisistema )


SONETO ANTIBANCARIO


Si tú estás operando con la Banca
sabrás bien el peligro a que te expones,
y si en los Bancos tu dinero pones
caerás como víctima en su trampa.

Son los Bancos la faz legal del hampa
saqueando y depredando por millones,
y destilando sangre a borbotones
clavarán su puñal en tu garganta.

Su método parásito es perfecto,
succionándole el jugo hasta a sus fieles,
y en falaz telaraña de papeles

que avasalla al más púdico intelecto,
sentirás su aguijón, mordidas crueles.
Ellos son las arañas. Tú el insecto.

© Rubén Sada
17/02/2014


15 de febrero de 2014

Mis libros

libros, bibilioteca


MIS LIBROS

I

En cuna pobre he nacido,
fue mi viejo laburante,
si yo le salí atorrante
él la culpa no ha tenido.
Muchos años no he vivido
recién pasé los cuarenta,
mas cuando por ahí comentan
de cancha y sabiduría
me callo y es cosa mía
hacerme pa' mí la cuenta.

II

Mis libros fueron mis ojos,
mi escuela lo que viví,
a muchos de arriba vi
postrarse luego de hinojos.
Vi también a muchos flojos
que por ahí se acomodaron
y afuera el pecho sacaron
con gesto de prepotencia
y con fría indiferencia
a los de abajo golpearon.

III

A mí me gusta poner
las cartas sobre la mesa
y nunca empleo rarezas
para hacerme comprender.
Porque de tanto correr
uno aprende tantas cosas
que a veces ves una rosa
deslumbrante y perfumada
pero le haces la esquivada
no vaya a ser venenosa.

IV

Pa' mí la ley de la vida
es la ley del taca taca,
señor es aquel que empaca
aunque su alma esté perdida.
Porque el que lleva escondida
en su pecho la nobleza
anda mal de la cabeza
según comenta la gente
pues qué importa ser decente
la guita es lo que interesa.

V

Muchas historias recuerdo
de corsarios y piratas,
tenían de palo una pata
y un parche en el ojo izquierdo.
De esas historias me acuerdo
muchas veces en el día
porque andando ¡mama mía!
cada pirata encontrás
que si pronto no rajás
te desnudan en la vía.

VI

Hoy son piratas cambusas
de monóculo y bastón
mas si encuentran la ocasión
te enchufan bien la papusa.
Cada argumento te acusan
que si a morfar no te llaman
te mandan para la cama
porque te dejan tan mal
que hasta te afanan la sal
que pone al puchero mama.

VII

Con esto quiero decir
que es todo grupo en la vida
y es cosa harto sabida
que de grupo hay que vivir.
Por eso no quiero oír
hablar de sabiduría
si yo me llamo Arrestía,
y vos, fulano de tal,
qué te importa a vos mi mal
si mi mal es cosa mía.

Juan Arrestía. De Quilmes, Buenos Aires, Argentina.

11 de febrero de 2014

A TU ALMA ADORMECIDA ( Poema contra el alcoholismo, de Juan Arrestía )


A TU ALMA ADORMECIDA
I

Pa vos muchacha que andás
de noche de un lado al otro
y a tus amigos, nosotros,
tus encantos dedicás.
Pa' vos que te emborrachás
en la noche cruel, del vicio
y a tu alma el sacrificio
de tus alegría le impones
yo te pido me escuches
pues mi sentir no es ficticio.

II

Tu vida no me interesa,
pero le canto a tu vida,
a esa almita adormecida
que es hija de tu pureza.
A la escondida belleza
de tu alma yo le canto,
sí, muchacha, a tu quebranto,
que ahogar con alcohol querés,
pero ahogarlo no podés
y a solas matas, con llanto.

III

Yo te pido, no desdeñes
mis palabras, muchachita,
pues quiero que de tu almita
mis sentimientos se adueñen.
No muchacha, no te empeñes
en mostrar lo que no sientes,
la blancura de tus dientes
no marquen tu carcajada
que allí, en tu risa alocada
está tu dolor latente.

IV

Sí, ya sé, que me interesa
de tu vida, ya lo sé,
que lo que vos padecés
está en tu hermosa cabeza.
Qué me importan tus tristezas
si soy como los demás
que solo buscan el fugaz
placer que tu carne brinda,
perdón, muchachita linda,
ya no puedo hablarte más.


Juan Arrestía

Versos ( de Juan Arrestía )



VERSOS


I

Si el corazón que uno tiene
no fuera tan papanatas
que te hace meter la pata
con las cosas que nos viene,
si al corazón que uno tiene
lo dominara la mente
vos sabés qué diferente
sería todo muchacho,
no creas que estoy borracho
son cosas que uno las siente.

II

Cuántas veces he tenido
ganas de dar un trompazo
y me sujetó los brazos
el chabón con sus latidos.
Cuántas veces le he pedido
déjame; déjame hacer
pero tuve que ceder
porque él me lo reclamaba
y al hacerlo lagrimeaba
lo mismo que una mujer.


Juan Arrestía

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