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ALMAFUERTE Y SU POESÍA (CAP 7 Y 8: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

PEDRO B PALACIOS, ALMAFUERTE, BIOGRAFÍA


CAPÍTULO 7

EL POETA DEL HOMBRE

Pasaron ya los tiempos en que el poeta era sólo
un trovador que narraba las grandes hazañas militares
y los hechos de los viejos cronicones, un
historiador en verso, especie de trompeta de la fama
que sólo tenía tres cuerdas en su lira : las de la
guerra, el amor y el comentario de las costumbres.
El poeta moderno es más complejo, más interior
y más amplio. Canta el amor también, pero no el
de los sentidos, sino un amor más intenso, más
sutil y más amargo. Ha perdido la ufanía ingenua
y la simplicidad del clasicismo. Expresa las inquietudes
y el dolor del espíritu, la duda corrosiva y
la acerba desesperación. Los más representativos
son el prometeico Baudelaire, ese cantor rugiente
de las más turbadoras letanías de la angustia y el
hastío ; el fúnebre y macabro Rollinat ; Laforgue, el
amarguísimo; Verhaeren y Verlaine, hiperestésicos
y Corbiére el funámbulo ; Poe también es un genio
atormentado, devorado por la fiebre de la vida y
explorador de las sombras. Todos estos poetas han
expresado las hondas inquietudes del espíritu moderno.
Pero en ellos el hombre se desvanece ante
la hoguera de las pasiones que les atormenta, ante
el oscuro misterio que les ofusca o el sensualismo
exacerbado que domina en sus obras. Walt Whitman
ha consagrado en sus poesías al hombre, pero
al hombre natural; y más que al hombre al hecho,
a la realidad total del universo.
Ningún poeta ni escritor ha dedicado su obra tan
absolutamente como Almafuerte, a engrandecer y
exaltar al hombre con absoluta exclusión de toda
otra realidad. En los unos domina lo abstracto, la
metafísica o la teología, y en los otros la Naturaleza,
el Sensualismo o el Arte.
Pero en Almafuerte no existía ni la sombra siquiera
de todo esto, en cuanto pudiera aminorar
o sobreponerse al hombre, que es quien domina en
su obra por completo.
El desdeñaba la Naturaleza, despreciaba el Arte,
odiaba el sensualismo y reducía las abstracciones a
instrumento de ascensión humana y de perfeccionamiento
moral del individuo.
El lo ha expresado en una de sus poesías:

"Yo miro el Universo pasar delante
Como a pelusa tonta, sin que me asombre
Soy profeta, soy alma, soy como el Dante. .
¡Yo no siento más vida que la del Hombre!"

Esta ha sido la gran preocupación, la obsesión
exclusiva de toda su existencia. En su acción, en
su vida, en sus poesías y evangélicas, Almafuerte
no ha tenido otro propósito ni ideal que redimir
y elevar al hombre, señalarle el camino de su ascensión
y despertar y afirmar en él rotundamente
la personalidad moral.
El no ha sido, como Darío, el poeta de una aristocracia
intelectual, ni de una casta social; ha sido
el poeta del Hombre. Y como el hombre se halla
actualmente, en su mayoría, confundido en la masa,
sumergido en la chusma, ha descendido al fondo
de ella para volver de allí, vibrante de ira justiciera,
con los puños cargados de verdades, que arrojó violentamente
al impasible rostro impío de esta humanidad pagana.
Y al exaltar y afirmar al hombre no se ha referido
al hombre externo, sino al hombre interior, a
la esencia, al espíritu ascendente y perfectible del
hombre. Porque éste constituye para él la suprema
energía de crecimiento y de elevación moral, el instrumento
de Dios, que lleva a Dios en sí mismo; la
fuerza directriz del universo y creadora del destino.
Casi todos los poetas que han existido son siervos
y adoradores de la Naturaleza a la que toman
por arquetipo. Cual los hombres primitivos, son
idólatras del sol. Siéntense subyugados por el grandioso
espectáculo de la Naturaleza y se prosternan
ante ella. Son ingenuos como niños, o serviles y
retóricos copistas.
Oscar Wilde al rebelarse contra la Naturaleza
se declaraba esclavo del Arte. Porque él tampoco
era un hombre, sino un artista.
Y esta ha sido la más alta grandeza de Almafuerte;
que no fue literato, ni artista, ni poeta ; ni maestro,
ni creyente, ni discípulo de secta alguna.

El ha dicho : "Ser algo es ser esclavo" y declaró que
no aceptaba lo definitivo sino como un corral donde
se le quería aprisionar y empequeñecer; — él ha
sido sencillamente un hombre, un alma violentísima
y apasionada de lo mejor, un carácter durísimo como
el acero; un espíritu integral, abierto a todas las
altas orientaciones humanas, que manejaba su pluma
como un cetro moral y ha grabado con ella las tablas
de la ley del hombre nuevo.
El ha sido un augur sacerdotal de los gloriosos
tiempos futuros, poeta del dolor y del misterio humanos;
profeta y legislador que anuncia y que consagra
el próximo reinado augusto del Hombre.
Almafuerte, por eso, marca el fin del reinado
actual de la Naturaleza, a la cual despreciaba, porque
encarna el ciego imperio de la inconsciencia,
como afirma en estos versos:

"Para mí, la gran Natura,
Por su cielo y por su tierra
Nada dice, nada encierra
Que cautive mi emoción.
Por lo mismo — porque nunca
Ni vacila ni fracasa
Y es eterna y sólo pasa
Por el riel de lo cabal

No la tengo yo por sabia
Como el sabio que la escruta:
Fuerza misma, fuerza bruta
que no sabe adonde va.
Y jamás de los jamases
Me absorbieron las esferas,
Ni el verdor de las praderas,
Ni el desierto, ni la mar,
Ni las aves, ni las flores.
Ni los ríspidos insectos
Serán bien, serán perfectos,
Mas lo son sin voluntad.
¿Quién dirá que la Gioconda
Modeló sus propios labios
Y esos fríos ojos sabios
Que Leonardo eternizó ? . .
Así el sol, así los astros
De más fúlgida apariencia
:
Luminarias sin conciencia
Que dan luz y dan calor.
Nada saben, nada quieren.
Nada buscan, nada inventan;
Ni reforman, ni violentan
Ningún fin, ninguna ley,
Y a pesar de que circulan
Por el éter tan audaces.
Son idiotas incapaces
De pensar y resolver."

Y opone a esa inconsciencia, en estos otros versos,
la luminosa y fecunda conciencia humana
:
"Pero el Hombre, pero el Genio
Más que un sol en el abismo.
Por sí solo, por sí mismo
Marcha mal o marcha bien;
Tiene rumbos preconceptos,
Con sus planes y su equipo
Y ha forjado el arquetipo
Supra excelso de su ser.
Y persigue aquel modelo
Por más leyes que lo impidan,
Por más fuerzas que coincidan
Y le arrastren hacia atrás
Presidiario incorregible
Que la ergástula no arredra
Y en el hierro y en la piedra
Va y escribe : ¡ Libertad !"

CAPÍTULO 8

FILOSOFÍA DE ALMAFUERTE

Su concepto de la Naturaleza y de la Vida
Más que poeta, Almafuerte es un filósofo. Pero
no es, sin embargo, un frío razonador que predique
una doctrina lógica, pues en tal caso no sería
poeta, sino versificador; él es poeta verdadero,
porque las ideas que expresa están cristalizadas
en sentimientos y son nacidas de la intuición. Pero
este sentimiento que en los poetas no es más
que emoción externa objetivada, cuya substancia
ideológica la forman las ideas y conceptos de su
época o de épocas anteriores, en Almafuerte es
una emoción absolutamente interna y personal
fundada sobre conceptos y principios que se
adelantan en siglos a los de su época. La intuición es
en él sabiduría, vasta y profunda sabiduría que,
como la de Jesús, prescinde de todo dogma y de
toda verdad clásica y consagrada, y se convierte
en una fuente de prístino y purísimo saber, exclusivo
producto del espíritu.

Mas no por eso sus enseñanzas son menos
elevadas y profundas. Las más altas tendencias filosóficas
del siglo — Nietzsche, Stirner, Emerson,
Carlyle, Schopenhaüer, James y hasta el mismo
Bergson — hállanse contenidas y superadas en
sus versos, no como seca doctrina, sino como intuición
consciente, hechas carne y realidad en su propia vida.
Justifica así y confirma la afirmación de Peladán,
de que los grandes poetas son los más sabios
de los hombres, y aun ellos son los únicos de todas
las edades que han penetrado el misterio.
Su obra está más allá de la "Crítica de la razón
pura" kantiana. Aunque habla en él la razón, trágicamente,
no es un esclavo de la lógica. Ha superado
el dominio de la razón. Su espíritu se mueve
en el imperio de las realidades trascendentes.
Todo en él es subjetivo, pero de una subjetividad
tan depurada que a su vez se hace objetiva, pues
sus ideas no son personales, ni limitadas, sino humanas
y universales.
El tema casi exclusivo de sus poesías es el ideal
moral en sus diversos aspectos. Disparado hacia
el futuro, colócase en el centro de la evolución humana
ascendente ; y abarcando el conjunto de todos
los ideales y tendencias capaces de elevar al
individuo, reforzar su voluntad, fortalecer su carácter
y depurar su conciencia, arroja sus enseñanzas
como ubérrima semilla sobre el espíritu
humano y fustiga la inercia y el rebajamiento de
los hombres.
Su concepto filosófico del mundo y de la vida
es de una unidad perfecta, dentro de la vastedad
de su conjunto que a veces se manifiesta en contradicciones
aparentes, pero que confirman la unidad
del fondo. El encarna esa cima característica
del genio en que como observa Bovio se unifican
y confunden en uno solo todos los principios más
elevados. Conviene, pues, a su obra, singularmente,
la siguiente afirmación de dicho autor:
"La unidad moral del hombre de genio no es
más que la prefiguración ideal del hombre venidero
en el cual religión, moral y politica, no serán
términos hipócritamente separados, como hoy, como
ayer, como en todo tiempo, en que se ha podido
decir que un mismo hecho es inmoral, pero
es jurídico, es político y aún religioso ! Esta separación
que es fondo de toda maldad humana no
se encuentra en el hombre de genio, a cuya síntesis
no puede escapar la conexidad de los términos
éticos, y no se encontrará en la sociedad ideal
predeterminada por la evolución, que, bajo el
respecto ético es una creciente traducción de la
moral en derecho, de la equidad en religión, de la
justicia en política. La disidencia entre la intención
y el acto no es desdoblamiento psíquico, es
una alienación moral, que se encuentra todos losdías
en el vulgo, pero que es repugnante al genio".
La idealidad de Almafuerte pertenece a la esfera
del conocimiento místico. Pero su misticismo
no es teológico ni metafísico, es humano, o más
bien suprahumano. Para él la fuente del misterio
y la clave del destino residen en el hombre únicamente.
El hombre, en su concepto, no es una
cosa conocida, ni un hecho terminado, como parece
serlo para todos los poetas y aun la mayoría
de los filósofos. Es la síntesis de la existencia y
se halla sometido férreamente a la ley moral que
es la escala por la cual asciende a sus futuros
destinos. Es una fuerza preñada de misterio y en
marcha hacia el porvenir.
A la Naturaleza, por el contrario, la considera
una fuerza ciega, inconsciente y cruel, que crea y
destruye al azar, como la fatalidad viviente:

"fuerza misma, fuerza bruta
que no sabe a dónde va."

Por eso él no canta nunca a la Naturaleza, porque
no es un esteta ni un jilguero, ni se postra
ante dioses impasibles

"Sólo vibra mi salterio
Pensativas notas graves
Yo no sé como las aves
"Saludar al padre sol".
Para mí la gran Natura,
Por su cielo y por su tierra
Nada dice, nada encierra
Que cautive mi emoción.
Yo la siento un mecanismo
Que no piensa, que no fragua

Cual su gas, como su agua,
Que proceden porque sí
Un recurso, un instrumento,
Del propósito divino.
Un vehículo en camino
Con un fin que no es su fin."

Ningún poeta se ha elevado a una concepción
tan alta y tan moral de la vida. Quien se acerca
más a ella es Osear Wilde, aunque no en sentido
ético, al decir que no es el arte quien imita a la
Naturaleza, sino que la Naturaleza imita al Arte.
El concepto que Almafuerte expresa de la Naturaleza
ha sido también expuesto por Peladán
en "La ciencia del amor", al afirmar : "La diferencia
más grande que hay de la naturaleza al hombre
es la de que ella no tiene otro ideal que su
realidad misma, en tanto que el hombre extiende
su pensamiento sin límites : puede elevarse o descender
casi hasta el infinito".

Para Almafuerte la vida es una ascensión que
eleva las fuerzas naturales y las transforma en
fuerza moral. Ella es la que dirige y gobierna el
mundo. La perfección del hombre está en someter
y dominar a la Naturaleza, en superar el plano
de los instintos, viviendo solamente la vida moral,
punto de la evolución que raramente se alcanza.
Esto es lo que afirma el poeta al decir: "Metiéndose
dentro de la naturaleza física, no se hace
camino muy largo ; apenas, sí, el que media entre
la cuna y el sepulcro. Evadiendo la tiranía de los
instintos, se traspasa el límite de la bestia, y se
salva la tumba dejando en ella nada más que lo
que gravita".
Y en este otro pensamiento hállase contenido
sintéticamente su concepto de la evolución y de
la vida.
"Cada acción humana tiene una historia interesantísima:
es el resultado de una lucha incipiente
entre la bestia que quiere ser bestia, porque es
bestia y la bestia que no quiere serlo"
En esa lucha moral por desbestializarse, está
para Almafuerte el objeto y el fin de la existencia.
Tal concepto sobrepasa el plano espiritual del
alma pagana cuya moral era la satisfacción de los
sentidos ; y que hasta ahora no había sido superado;
pues el cristianismo, que es la tentativa más
seria en tal sentido, es demasiado teológico, poco
consciente de sus fines humanos y harto desviado
de ellos, al colocar en el más allá el centro y el
objeto de la existencia.
Almafuerte, en cierto modo, es un continuador
del platonismo. Niega valor a la experiencia y al
testimonio de los sentidos.

"Como chispa fugaz o estrofa trunca
palpita lo absoluto entre los pechos
La verdad miserable de los hechos
no es la misma verdad ni será nunca."

Su espíritu esencialmente sintético es enemigo del análisis:

"El afán del análisis es propio
del imbécil, del pérfido y del niño."

Es, como Platón, sintético, intuitivo, moralista
absoluto, creyente en la eternidad de las ideas y
del alma; ferviente adorador de la justicia y del
bien ; desdeñador del arte ; da un valor absoluto al
pensamiento y al espíritu y sólo el de instrumento
al cuerpo y a la materia; y considera la ética como
la suprema autoridad que rige al universo.
"Todas las cosas existen para el bien y éste es
causa y origen de toda belleza". Tal principio
que es síntesis y base de la filosofía platónica es
también el que anima toda la obra de Almafuerte.
Según Emerson, "Platón es la filosofía y la
filosofía es Platón — gloria y vergüenza a la vez
de la especie humana, puesto que ni sajones ni
romanos han conseguido agregar ninguna idea a
sus categorías".
Eucken afirma también, que la filosofía platónica
es la cúspide de la obra espiritual de Grecia
y una de las más altas concepciones sintéticas de la vida.
Pero Platón es consciente y frío, es inteligencia
pura y poco sentimiento; acepta la esclavitud y
sacrifica el hombre a la abstracción ; es demasiado
asiático, poco individualista y algo dogmatizante;
cierra los ojos a la realidad, oponiendo a
ella sus dogmas; en este último sentido dice Bergson
que nacemos platónicos. Almafuerte es más

violento, más humano, más individualista y nada
dogmático. Acepta libremente la realidad, de la
que extrae sus enseñanzas y no establece más
dogma que el imperio absoluto de la ética.
También están contenidas en la obra de Almafuerte
las teorías filosóficas más representativas
de la antigüedad : la austeridad renunciadora y la
heroica altivez del estoicismo, condensadas en el
lema : "soporta y abstente", que ostentaba aquella
escuela ; el precepto nirvánico del budismo de aniquilación
de las pasiones para llegar a la divinización
del espíritu

"De la más ruin pasión a la más alta
pasan frente de mi sin que yo sepa.
Llegué por fin. Ya estoy sobre la estepa
Donde la sombra de si mismo falta."

Todas, en fin, las más altas tendencias del espíritu
hállanse sintetizadas en la vida y la obra
del poeta.
Pero el pensador que tiene más analogías y
coincidencias con el idealismo de Almafuerte, es
el fundador de la escuela neoplatónica, "el divino
Plotino", de quien afirma Eucken que ha ejercido
influencia en todas las épocas y que hoy en día no
está todavía agotado como pensador original y
puede aún inspirar una obra fructífera.
Plotino es el filósofo que más alto ha elevado
el concepto del espíritu humano. Dividió la realidad
en tres reinos : el de lo subconsciente, lo consciente
y lo superconsciente, correspondientes a las
tres esferas : de la naturaleza, el alma y el espíritu.
Sostenía que hay que liberarse de la sensibilidad,
lo que reclama una purificación del ser,
una vuelta completa de la voluntad hacia adentro.
"No cedamos a las impresiones del medio ambiente
y aceptemos indiferentes lo que el destino
nos depara; paremos con orgullosa altivez, ante
la misma naturaleza y la actitud quejumbrosa de
la masa, como hábiles atletas, los golpes del destino.
Esta purificación de la materia y de los
acontecimientos exteriores es a la vez la entrada
en el reino de la libertad. Está en nosotros librarnos
de la sensibilidad y encontrar la libertad
en el mundo suprasensible".
El grado inferior de la vida íntima es la naturaleza.
Libre, por encima de la materia, está la
vida del alma para sí ; lleva ella misma su fuerza
y también su responsabilidad; no está impulsada
desde fuera, sino que decide por sí misma.
El conocer es replegarse a su propio ser.
Era contrario a la reflexión, como Almafuerte,
a la que oponía el pensamiento creador.
Afirmaba que el pensamiento en su interiorización
máxima se convierte en religión y como
tal domina toda la vida.
Concebía el mundo como una sucesión de círculos,
de jerarquías interiores, a través de las cuales,
"las fuerzas ascienden y descienden y se pasan
los cubos de oro".
Lo sensible, para él, es despreciable en cualquier forma.
Conceptúa que la belleza no puede estar en la proporción,
sino en la victoria de lo superior sobre lo inferior,
de la idea sobre la materia, del alma sobre el cuerpo,
de la razón y el bien sobre el alma. En consecuencia,
el arte no significa para él una imitación de la naturaleza,
sino que ésta imita a aquél. El arte debe construir
una nueva realidad enfrente del mundo sensible que nos rodea.
Lo bello descansa sobre el bien como el valor
por excelencia y no puede separarse de él ; la apariencia
exterior sólo tiene un carácter secundario;
lo bello no nace de la asociación de lo interno con
lo externo, sino de lo intimo y para lo íntimo.
Todas estas ideas que constituyen el fondo de
la filosofía de Plotino, han sido llevadas a su máxima
realización por Almafuerte — sin haberlo
leído, desde luego — y constituyen sólo una parte
de su vasta concepción del hombre y de la vida,
en la que están sintéticamente comprendidas y
superadas las conquistas más fundamentales realizadas
hasta hoy por el espíritu humano.

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