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EL LUGAR DE RESIDENCIA DE DON AMOR (Emulando a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita)

Rubén Sada y Arjona Delia en el Monumento a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita,
en el Acueducto de Segovia, España, el 25/06/2014

EL LUGAR DE RESIDENCIA DE 

DON AMOR

(Poema emulando a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita)
 

Paseábase Don Amor por los campos castellanos
y todos se le acercaban para besarle la mano.
Un lugar donde vivir buscaba él mismo en el llano
en medio de tanto barro habitado por humanos.

Le ofrecieron hospedaje todos los hombres honrados:
ricos, pobres, esclavos, nobles, sabios e iletrados…
“Nosotros te ofreceremos lugares bien preparados
si vienes a nuestra mesa como nuestro convidado”.

—Don Amor, sé nuestro huésped…—dijeron, caballerescos.
—Alégranos nuestros días, nuestro vivir canallesco.
Te daremos la atención de monarca y caballero,
con tal que hallemos vivir muchos días placenteros.

—Señor de los amoríos…—los ancianos lo han llamado…
—Siéntete digno de estar, por favor, a nuestro lado,
ya que en toda la existencia no nos has acompañado,
sea el tiempo que nos queda, ocasión de haber amado.

—Vente presto con nosotros…—le gritaron unos niños,
—porque somos el futuro, nos hace falta cariño.
Protégenos de los males, del hambre y del exterminio,
que el frío, guerra o peligro no halle en nosotros dominio.

Como si fuese el cantar de aves desde unas ramas…
—Acude a nosotras, ¡ven!—invitáronle unas damas.
—Alivia nuestros pesares, soluciona nuestros dramas,
ya no hemos de vivir solas y sin nadie que nos ama.

Don Amor, peregrinando, pasó frente a unos cantores,
y a coro lo festejaron, entonándole loores.
—Ven con nosotros— dijeron… —danos letras con amores,
inspíranos bellos cantos, seremos tus seguidores.

Al pasar por Quilmes Oeste, entre pimpollos que nacen,
Don Amor vio a una pareja cuyos corazones placen,
les ofreció un buen futuro impulsando a que se abracen,
y se instaló entre los dos, hizo que se enamorasen.

El joven vivía soñando, sin saber en qué momento
llegaría Don Amor con la princesa de un cuento.
Sintió besos en su piel y se puso muy contento,
y bailaba por las calles con loco enamoramiento.

Soñando estaba la joven, la más hermosa doncella,
que algún día un caballero la descubriera tan bella,
suplicando día y noche al cielo y su buena estrella
que el esperado momento los ponga en la misma huella.

Y DON AMOR RESIDIÓ EN ELLOS.


Rubén Sada. 13 / 06 / 1981.
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