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LE CIMITIÈRE MARIN Por Paul Valery POETA FRANCÉS (Versión/traducción castellana)





LE CIMITIÈRE MARIN Por Paul Valery
Versión: Raúl Gustavo Aguirre


EL CEMENTERIO MARINO


Este techo tranquilo, de palomas surcado,
Entre pinos y tumbas palpita, deslumbrado.
El justo Mediodía compone allí su fuego.
¡El mar, el mar, el mar que siempre recomienza!
Después de un pensamiento, ¡qué dulce recompensa
Una larga mirada al divino sosiego!



¡Qué pura obra de relámpagos consume
Tanto y tanto diamante que la espuma reúne
Y qué serenidad parece acontecer!
Cuando sobre el abismo un alto sol dormita,
Orfebrerías puras de una causa infinita,
El tiempo reverbera y el ensueño es saber.



Tesoro estable, templo consagrado a Minerva,
Mole de sosegada y visible reserva,
Aguas altivas, Ojo que velas en tus llamas
Tanto sueño que en ti se prolonga en la calma,
¡Oh mi silencio! ... Grave edificio en el alma,
¡Pero cima de oro, Techo, con mil escamas!



Templo del Tiempo, que un suspiro resume,
Allí mi ser la pura elevación asume
Y mis ojos marinos circundan lo que ven;
Como a los dioses mi ofrenda soberana,
El calmo reverbero lentamente desgrana
Por sobre las alturas un supremo desdén.



Como la fruta que se funde en complacencia,
Y suscita placer a cambio de su ausencia
En una boca donde se disuelve su forma,
Mi futura humareda yo también aquí huelo,
Y al alma consumida la música del cielo
Le habla de la ribera que en rumor se transforma.



¡Mírame a mí que cambio, bello cielo real!
Después de tanto orgullo, y de tanta inusual
Ociosidad, no obstante plena de poderío,
Yo dejo que me venza este brillante espacio.
Por sobre los sepulcros va mi sombra, despacio,
Y en su frágil andar se domestica el mío.



El alma expuesta a las antorchas del solsticio,
¡Tu justicia contesto, incomparable juicio
De la luz que utilizas tus armas sin piedad!
Yo te devuelvo pura a tu lugar primero,
¡Contémplate!. . . Fulgor, y reflejarte, empero
Significa de sombra una triste mitad.



¡Oh, sólo para mí, a mí solo, en mí mismo,
Cerca de un corazón, de ese inicial abismo
Donde surge el poema, entre el suceso puro
Y el vacío, yo espero de mi grandeza interna
El eco, amarga, oscura y sonora cisterna
Que un vacío en el alma suena siempre futuro!



¿Sabes, falsa cautiva de los follajes prietos,
Golfo devorador de magros parapetos,
En mis ojos cerrados, secretos esplendentes?
¿Qué cuerpo me conduce a tus mudos santuarios?
¿Qué rostro lo vincula a esta tierra de osarios?
Sólo una chispa allí, yo pienso en mis ausentes.



Sacro interior, de un fuego sin materia colmado,
Fragmento de la tierra a la luz consagrado,
Este lugar me place, de antorchas circuido,
Hecho de oro y piedra y de nocturnos árboles,
En el que hay tantas sombras bajo trémulos mármoles.
¡Allí, sobre mis tumbas, el mar fiel se ha dormido!



¡Perra espléndida, al idólatra aparta de tu lado!
Porque yo solo como un pastor he llevado
A pacer largamente corderos misteriosos,
Esa nívea majada de mis tumbas morosas,
¡Alejaos de allí, palomas cautelosas,
Inútiles ensueños, serafines curiosos!



Aquí, llegado, el porvenir es pereza,
El insecto desgasta la marchita maleza;
Lo ardido y lo deshecho, todo halla el amparo
Del aire en una extraña y rigurosa esencia...
La vida es vasta porque está ebria de ausencia,
Y la amargura es dulce, y el espíritu claro.



Los muertos escondidos están bien en la tierra
Que
les da su calor y su misterio encierra.
Mediodía en lo alto, Mediodía impasible,
En sí se piensa y a sí mismo conviene...
joya ideal, cabeza que todo lo contiene,
Yo soy dentro de ti el cambio imperceptible.



¡Sólo conmigo cuentas para acallar tus miedos!
¡Mis arrepentimientos, mis dudas, mis denuedos,
Son de tu gran diamante la única impureza! ...
Pero en su noche grávida de silenciosos mármoles,
Un pueblo vago en las raíces de los árboles
Ya de tu lado, quieto, a colocarse empieza.



En una ausencia honda ellos se han diluido,
La arcilla roja una blanca especie ha bebido,
De la vida en las flores se continuó el encanto.
¿Dónde están de esos muertos las frases familiares?,
El arte personal, las almas singulares?
La larva se desliza donde surgía el llanto.



Los jubilosos gritos de las adolescentes,
Los párpados, los ojos y los húmedos dientes,
El seno encantador que juega con el fuego,
La sangre ardiente en los labios que se entregan,
Y los últimos dones, los dedos que los niegan,
¡Todo va bajo Tierra, todo regresa al juego!



Y tú, gran alma, ¿acaso por un sueño deliras
Del que puedan estar ausentes las mentiras
Del color que, ola y oro, los ojos aquí ven?
¿Cantarás cuando cambies en vaporosa esencia?
¡Oh, parte! ¡Todo huye! Porosa es mi presencia,
¡La sagrada inquietud llega a su fin también!



¡Magra inmortalidad dorada y tenebrosa,
Dadora de consuelo de pavores laureada,
Que de la muerte haces un regazo materno,
Una bella mentira, un engaño piadoso!
¿Quién no conoce y quién aceptará gustoso
Este cráneo vacío y este reír eterno?



Hondos antepasados, cabezas despobladas
Que bajo el peso de tan antiguas paladas
Ya sois la tierra y confundís nuestro andar,
El real roedor, el verme irrefutable,
No es para aquel que duerme un sueño interminable,
¡El vive de la vida, me sigue sin cesar!



¿Amor, quizás, u odio? No lo sé. ¡Tan presente,
Tan cerca está de mí su diente soberano
Que todo nombre bien le podría caber!
¡No importa! Él mira, él toca, él fantasea, él ama!
¡Mi carne es de su agrado y hasta sobre mi cama
A este solo viviente vivo de obedecer!



¡Oh Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Oh Zenón el Eleata!
Tú me has atravesado con esta flecha ingrata,
Esta flecha que vibra, que vuela sin llegar!
¡El sonido me crea y el dardo me da muerte!
¡El sol! ¡Qué sombra es de tortuga, alma inerte,
Aquiles que aunque corres no cambias de lugar!



¡No, no! ... ¡Vamos, de pie! ¡A la era sucesiva!
¡Destroza, cuerpo mío, tu forma pensativa!
¡Bebe, sed interior, este viento naciente!
Una suave frescura, por el mar exhalada,
Me devuelve mi alma... ¡Oh potencia salada!
¡Corramos a la ola que refluye viviente!



¡Sí! Majestuosa mar de delirios dotada,
Piel de pantera y clámide agujereada
Por millones de ídolos donde el sol se refleja,
Hidra absoluta, ebria de tu carne azulada,
Que en tu brillante cola hundes la dentellada
En
un tumulto que al silencio semeja,



¡El viento se levanta! ... ¡Hay que intentar vivir!
Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir,
¡De las olas deshechas nuevas olas derivan!
¡Volad, volad vosotras, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped con aguas exaltadas
Este techo tranquilo donde los foques iban!



Charmes, 1922.




Le cimetière marin (poema en francés)

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencée
Ô récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
Ô mon silence! . . . Édifice dans l'âme,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi! . . . Mais rendre la lumière
Suppose
d'ombre une morne moitié.

Ô pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence . . .
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant! . . .
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irréfutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil . . . Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non! . . . Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme . . . O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de délires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!

Paul Valéry



BIOGRAFÍA DE PAUL VALÉRY
Ambroise-Paul-Toussaint-Jules Valéry (30 de octubre de 187120 de julio de 1945) fue un escritor francés, principalmente poeta, pero también ensayista de gran aliento.
 Tras realizar sus estudios secundarios en Montpellier, inició la carrera de derecho en 1889. En esa misma época publicó sus primeros versos, fuertemente influenciados por la estética simbolista dominante en la época. En 1894 se instaló en París, donde trabajó como redactor en el Ministerio de Guerra.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, se convirtió en una suerte de 'poeta oficial', inmensamente celebrado, al punto de ser aceptado en la Academia francesa en 1925. Tras la ocupación alemana rehusó a colaborar, perdiendo su puesto de administrador del centro universitario de Niza. Su muerte, acontecida unas pocas semanas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, fue celebrada con funerales nacionales y su cuerpo fue inhumado en Sète, en el cementerio marino que inspiró una de sus obras cumbres. Pues entre sus poemas más importantes cabe destacar «La Joven Parca» (1917) y «El cementerio Marino» (1920).
Su obra poética, influenciada por Stéphane Mallarmé, es considerada una de las piedras angulares de la poesía pura, de fuerte contenido intelectual y esteticista. Según Valéry, «todo poema que no tenga la precisión de la prosa no vale nada».
La poesía pura fue seguida en España por Juan Ramón Jiménez (de la generación del 98 española, Premio Nobel) y luego por Jorge Guillén (de la generación del 27 española)



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