7 de mayo de 2020

MI NOVIA, LA DÉCIMA (Diálogo en décima espinela)


MI NOVIA, LA DÉCIMA

(por Reinaldo Figueroa y Rafael Sarmiento Enríquez)

♦Reinaldo Figueroa♦
Corre sobre la lectura
con las piernas de tus ojos,
mira con latidos rojos
valles de literatura.
Interpreta la espesura
de un monte con plantas prietas,
que vas a ver en tus betas
cómo el diamante aparece,
la lectura es quien le ofrece
ese brillo a los poetas.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Yo que ya para esos trillos
uso de cristal zapatos,
de aumento, corro de a ratos
por párrafos amarillos.
Con letras en los bolsillos
mentales salgo a aprender,
vuelvo a los parques que ayer
bajo una fronda me vieron,
leyendo donde me dieron
en páginas el poder.

♦Reinaldo Figueroa♦
Es lógico que el cristal
se vuelva una mano amiga,
cuando siente la fatiga
el imán intelectual.
Es como tener la sal
cerca de la guardarraya,
y donde el río se halla
con ese sueño latente,
por falta de un afluente
no pueda besar la playa.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Para que bese la playa
borrando viejos agravios,
cristal de miel en los labios
corriendo el río se entalla.
A veces cree que desmaya
el ritmo en su paso ingente,
pero siendo transparente
en su modo de pasar
por el prado suele hallar
la ayuda de un afluente.

♦Reinaldo Figueroa♦
Todo el que recibe ayuda
de la tinta en el papel,
vuelve en loro, Rafael,
la lengua que estaba muda.
Con la palabra desnuda
acaricia su pasión,
y a labios de corazón
la rima empieza a besar
hasta el fin poder lograr
un orgasmo de expresión.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Quien halla el extraordinario
y paginado tesoro
de tinta, más que ser loro,
se convierte en diccionario.
Va hasta su encuentro a diario
procurando cualquier vía
de estar a su compañía
en un tan estrecho nexo,
que acaban teniendo sexo
todas las horas del día.

♦Reinaldo Figueroa♦
Yo tengo una relación
con este arte tremendo,
desde que me dio leyendo
piropos al corazón.
Le empecé a poner crayón
a los labios de la brisa,
por eso cuando improvisa
mi poeta frente al viento,
se vuelve mi sentimiento
rojo como su sonrisa.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
A mí en esta relación
de dar el alma a la brisa,
se me arqueó en una sonrisa
en el pecho el corazón.
Con un trozo de carbón
hice en los celajes trazos,
con tanto amor que a retazos
fui una noche construyendo,
que cuando me ve sufriendo
me consuela entre sus brazos.

♦Reinaldo Figueroa♦
Yo estoy tan enamorado
de este rimado camino,
que me parezco un felino
ronroneando en el tejado.
Mirando el queso plateado
en el plato de la noche,
para no entrar en reproche
con mi amada de arrebol,
dejo que el beso del sol
el traje le desabroche.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Mi romance con la rima
no tiene un tiempo tan largo,
pero sus caricias cargo
con mucho cariño encima.
Hay días que me lastima
el desplante de un error,
pero con tanto fervor
vuelvo a besarle el latido,
que me perdona el olvido
regresándome su amor.

♦Reinaldo Figueroa♦
Yo le tengo tanto amor
a la novia de mi infancia,
que ella no le da importancia
cuando cometo un error.
Debe ser porque la flor
que yo le doy cada día,
con perfume de alegría
de mis jardines de antojos,
es flor de pétalos rojos
con olor a poesía.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Será que mi novia es
un tanto perfeccionista
que casi nunca en su lista
de notas me saco un diez.
Pero si sobre mi pies
en la tarima me encuentro,
viaja rauda hasta mi centro
y con amor excesivo
me hace sentir fuerte y vivo
el beso que pone dentro.

♦Reinaldo Figueroa♦
Mi novia me dijo un día
con sus labios de rubí,
que ella iba a ser para mí
si yo me comprometía.
Fui al tronco de una Baría
a preguntarle al sinsonte,
“Dime, ¿le regalo el monte?”
Y él dijo con voz de cielo:
“Mejor, regálale el velo
del cristal del horizonte”.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
La mía me dijo: “Muchacho,
entra rápido a mi bar,
que yo te voy a besar
si estás de versos borracho”.
Entré y pedí en su despacho
licores de poesía,
y cuanto no bebería
en ese báquico exceso,
que me están durando el beso
y la embriaguez todavía.

♦Reinaldo Figueroa♦
La mía dijo también:
“Ven, que te haré caminante”.
Por eso, mi consonante,
tiene olor a terraplén.
Guiado por el vaivén
de los galopes del viento,
salí a caminar contento
y a piernas de maravillas
se le rompió el cuentamillas
al paso de mi talento.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
La mía me dio una escuela
para el paso peregrino,
luego señaló al camino
para guiarme la suela.
Dijo: “Anda”, —entendí “vuela”.
Y entre dicha y sobresalto
di un paso sobre el asfalto
pero puse tanto anhelo
que al segundo llegué al cielo
tomándolo por asalto.

♦Reinaldo Figueroa♦
Mi novia es tan creativa
de colores y crisol,
que evapora como el sol
el error de mi saliva.
Mi novia parece diva
de una novela de antaños,
ella subiendo peldaños
no le hace caso a la queja,
mi novia es la niña vieja
que no lastiman los años.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Mi novia es amor que crece
sin limitar sus instantes,
que tiene muchos amantes
pero a nadie pertenece.
Con erotismo se ofrece
a quien le escribe o le canta,
a los infieles espanta
y aunque con muchos se acuesta,
para todos, en la fiesta,
sigue virgen, pura y santa.

♦Reinaldo Figueroa♦
Tu novia es como la mía,
son dos gemelas iguales,
hijas de las palmas reales
y del agua en la bahía.
De temperatura fría
fueron pequeñas infantes,
pero poniendo diamantes
frente a los ojos de ellas,
se volvieron dos estrellas
nuestras novias consonantes.

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Tu novia es como la mía,
hijas de los papalotes,
navegando con mogotes
sobre el río y la bahía.
Un par bello que confía
en nosotros con el alma,
bella pareja que en calma
a coro dan en murmullo,
un “te amo” que es arrullo
construido a brisa y palma.

♦Reinaldo Figueroa♦
Llega el fin, al testimonio
como el calor al invierno...

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Confesión de idioma tierno,
Don Juanes en matrimonio.

♦Reinaldo Figueroa♦
Qué bonito patrimonio
para soles de esperanzas...

♦Rafael Sarmiento Enríquez♦
Dos noviazgos en las mansas
sombras frescas del bohío...

♦Reinaldo Figueroa♦
Una de Pinar del Río
y la otra de Matanzas.

© 7/05/2020. ♦Reinaldo Figueroa♦ y ♦Rafael Sarmiento Enríquez♦.