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ESCALONES DEL MEDIO (Cuento premiado, escrito por Rubén Sada)

Escalones del medio, cuento de Rubén Sada

ESCALONES DEL MEDIO

Era una escalera que se sentía útil a todos, pues gracias a ella las personas podían alcanzar sus objetivos, por altos que estuviesen.
Sus escalones estaban contentos de ser lo que ellos eran, simples escalones, pero como un grupo, formar parte de la escalera, cada uno con una posición asignada en la misma. Los de más abajo eran los primeros en ser usados y además eran los más usados, por estar cerca de "la nada", el suelo. Los escalones del medio también estaban contentos, porque habían crecido algo y ya no estaban tan cerca del piso, siendo el nexo entre los escalones de abajo y los superiores… que eran el objetivo final de quien subía a la escalera.
Pero un día, el escalón de más arriba, orgulloso de su posición, empezó a vanagloriarse de ser el superior. Se manifestaba contento de haber alcanzado una posición bien alta. Empezó a jactarse de no estar en el nivel "inferior" de los otros. Y hasta decía “yo estoy aquí porque me lo merezco, trabajé mucho para lograrlo” y aseguraba... “nadie me va a sacar de ser el primer escalón, mientras esta escalera esté viva”.
El escalón más alto se sentía “el supremo”, muy cerca del cielo. Era algo así como un pequeño dios, al que los demás escalones consideraban “el gran escalón, el más alto”. Lo veían como inalcanzable.
Desde su posición encumbrada miraba para abajo, y decía “aquí las cosas se harán como digo yo, porque soy el escalón superior”. Entre los métodos que el escalón “supremo” utilizaba para frenar la iniciativa y menguar  ánimo en los otros, estaban: El ridiculizarlos en público, el hacerlos sentir mal para que siquiera se animaran a moverse del sitio que se les había asignado. Exhibía desmedidamente sus "blasones" de ser "el primer escalón”.
Así fue que los escalones inferiores y los del medio, escuchando estas declaraciones comenzaron a murmurar entre sí: “¿Quién se habrá creído éste? ¿No se da cuenta que está arriba de todo gracias a nosotros?” Y en verdad era así, por supuesto, ya que no existiría nunca un escalón superior si no existieran los escalones inferiores. Además, los usuarios que quisieran llegar arriba, siempre lo harían “gracias” a la existencia de los escalones de abajo y luego a los del medio. El “gran escalón”, el más alto, empezó a ver en los comentarios de los de abajo una conspiración. Comenzó a sospechar de que algunos de sus compañeros de escalera le podrían quitar el puesto que ostentaba, que era su único orgullo.
Primero pensó: “Me desharé de los escalones inferiores, porque están cerca del piso, y no valen nada. No han crecido, no se han esforzado y por eso no tienen mucho valor”. Pero luego, al meditar bien en su estrategia, se dio cuenta que si eliminaba a los escalones de más abajo, la gente no podría utilizar la escalera, y ésta perdería su razón de existir.
Entonces vislumbró que "la amenaza" eran los escalones "del medio". Después de todo, los de abajo estaban suficientemente alejados él y aunque no tenían demasiado valor, tampoco representaban peligro, porque antes de llegar arriba deberían atravesar "el medio", mientras él estaría a tiempo de advertirlo.
Así, circunscribió su problema a "los escalones del medio". Estos habían crecido y seguían creciendo. Estaban tan cerca suyo, que eran la "verdadera amenaza de su liderazgo", atentando contra su posición de "supremo". ¡Había que eliminarlos! Había que impedir a cualquier costo que los escalones del medio sigan subiendo. Y al no existir escalones del medio, los de abajo de todo, de poco valor, no intentarían jamás escalar,  amenazando el “estatus” del "supremo". Los inferiores seguirían siendo igual de útiles para la escalera, pero sin riesgos para la seguridad del escalón “superior”.
Para cumplir su plan exterminador, comenzó a poner trabas para que los escalones del medio dejen de existir en esta, que ya consideraba era “su” escalera. Serruchó disimuladamente sus costados para que cuando los usuarios lleguen a alturas medianas, se sientan inseguros y con miedo desciendan a la "seguridad" de los escalones inferiores. Desde entonces, un abismo invisible comenzó a aparecer entre los escalones inferiores y “el gran escalón”, haciendo que poco a poco la escalera que tan útil había sido, se arrojara al galpón del abandono, como algo poco útil por carecer de los escalones del medio.
Ya descartada la escalera completa, el escalón superior comenzó a sentirse muy solo. Sus robustos  compañeros del medio no existían más. Añoraba el tiempo en que éstos eran el puente tan útil y necesario entre el piso de la nada y el cielo glorioso donde él había disfrutado estar y en el que se alcanzaba todo. Pero ya no había vuelta atrás. Los escalones del medio ya no existían más. Muy solos quedaron allí "el supremo" y "su séquito" de escalones inferiores, tirados y abandonados en el galpón de la inutilidad.
Moralejas:
1) "Las cosas se valoran recién cuando se las pierde".
2) "Es muy importante cuidar a los escalones del medio, no sólo a los de más abajo".
Autor: Rubén Sada

Este cuento recibió el "SEGUNDO PREMIO" en el "Primer Concurso de Cuento Corto del BANFIELD TEATRO ENSAMBLE." Muchas gracias a los firmantes y al jurado que intervino en la selección de los textos. [VER].
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