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A MÍ NO ME ENGAÑAN

Ellos han robado al pueblo la mejor década económica de la Rep. Argentina, porque el producto de las exportaciones fue usado para enriquecer las fortunas personales de unos pocos políticos y funcionarios corruptos y sus amigos empresarios. 

 “Porque cuando tengo que cantar verdades
las canto derecho nomás, a lo macho,
aunque esas verdades amuestren bicheras
ande naide creiba que hubiera gusanos.

¡Por eso en el pago me tienen idea!
¡Porque entre los ceibos estorba un quebracho!
¡Porque a todos ellos le han puesto ‘la marca’!
Y tienen envidia de verme orejano.

¿Y a mí qué me importa? ¡Soy chúcaro y libre!
¡No sigo a caudillos ni en leyes me atraco!
¡Y voy por los rumbos clareaos de mi antojo,
y a naides preciso pa’ ser mi baqueano!”

(Fragmento de “El orejano”, de Serafín J. García Correa, de su libro  "Tacuruses" - Editorial Claridad - Montevideo – Año 1941, registrado como canción en SADAIC - Año 1966).

A MÍ NO ME ENGAÑAN


A mí no me engañan
payasos de teatro
que mienten campañas
de un falaz “relato”.
“Relato-Mentira”
que al pasar los años,
desnudó sus almas
de pútrido charco.

A mí no me engañan
con su negro engaño,
porque diferencio
lo negro del blanco.
Yo sé lo que es bueno,
y sé qué es lo malo,
distingo al oscuro
de quien pinta claro. 

Sé quién es lumínico
y quién es opaco,
diferencio a un “prócer”
de quien fue un “avaro”.
Pintaron “mesías”
a un héroe de barro,
cayó su careta
y resultó un bellaco.

A mí no me engañan
los sátrapas falsos,
que en golpe a la patria
le causaron daño.
Sus pieles de oveja
los disfrazan mansos,
pero son chacales
de hocico afilado.

Por más que ellos recen
a Dios desde un palco,
por más que sus rostros
sonrían al diario,
si son de alma negra
y están disfrazados,
su esencia es la misma:
la del mismo diablo.

Juran la bandera,
mas, son mercenarios
con vanas promesas
y disfraz de gaucho,
y cuando tuvieron
la firma en sus manos
sus cuentas en Suiza
dinero ocultaron.

Cantaron el himno
con sagrado canto,
traicionando al pueblo
con atroz desfalco.
Juraron la Biblia,
con faz de “cristianos”,
con grandes rapiñas
y sangre en sus manos. 

Su vil objetivo,
fue engrosar los Bancos,
traficar con drogas,
coimas, peculados,
de inicuos terruños
importar sicarios,
mafiosos, ladrones,
terroristas, narcos.

Luego con chicanas
ante los estrados,
coimearon a jueces,
fiscales, jurados.
Y absolvieron leyes
desde sus palacios,
mientras el hambriento
murió asesinado.

Me creen estúpido,
idiota y tarado,
festejan que al pueblo
lo habrán engañado,
mas, yo soy simiente
de un pueblo sagrado,
millones que luchan
contra los tiranos.

Y no me intimida
su accionar macabro,
no les tengo miedo
ni seré su esclavo.
Aunque me silencien
con balas el cráneo,
yo, desde mi tumba
seguiré gritando:

“¡Que no los engañen!”
“¡Despierten, hermanos!”
¡Sacúdanse el polvo
del corrupto avaro!
A mí no me engañan
pues no son honrados:
¡Su “cetro” y su “oro”
los he sepultado!

Rubén Sada.



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