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¡PARAPETATE!


¡PARAPETATE!


Si estás perdido, parapléjico,
en el páramo paralizador
y no sabés tu paradero, ¡parapetate!
¡Pará! Hacé un paréntesis. 
¡Pará! Hacé una parada.
Parapetate detrás del parapeto de tu alma. 
Tu alma te parapetará.
Parapetate en el par de alas del parapente de tu alma, 
para volar cual pájaro,
y no parar hasta el paraje paradisíaco 
sin parangón que está en el paraíso paraguayo.
Volá por el Paraná, más allá del Paraguay 
y hasta el último paralelo.
Parapetate para parar la parafernalia 
paralizante preparada por paramilitares.
Es una paradoja que el paradigma 
de la parálisis sea lo que te para.
Si estás paranoico andá al parapsicólogo
o al paramédico, y que te recete paracetamol.
Paralelamente, para no quedar parapléjico, 
parapetate del paracaídas, 
parapetate del paragolpe.
No te parapetes de la paica, 
parapetate de la parca, que no te atrape.
No estás para la parcela. 
Parapetate de los parásitos. 
Que no te parta el pararrayo.
Pero no te parapetes del bien, 
y que estar de parabien sea tu parámetro.
Parafraseá conmigo: ¡Parapetémonos!
En este diario combate: ¡Parapetate!

Autor: Rubén Sada

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