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LA SUEGRA (Payada satírica con Edgardo Laluz)


—Edgardo Laluz—
¡Muy buen día Rubén Sada!
Hoy voy abrir la ventana,
es una linda mañana
pa’ la copla improvisada.
Siguiendo por la pisada,
tejiendo algún decimal,
si es que usted me tira un pial
capaz el día me alegra,
le cantamos a la SUEGRA:
¡ese ser tan especial!

—Rubén Sada—
El tema, ¡qué bien! Me alegra,
le doy reconocimiento
porque créame, no miento,
fue ella mi única suegra.
Mi homenaje aquí se integra
con otro que toma encuadre,
y es que estos versos, compadre,
hasta el cielo me emocionan…
¡Mi suegra: buena persona,
buena esposa y buena madre!

—Edgardo Laluz—
Yo aunque nunca fui un galán
supe tener varias de ellas,
y tranqueando en esa huella
desmonté en más de un zaguán.
Y aunque nunca fui un "don Juan"
acá una duda me aqueja,
hoy mi verso lo refleja
y en pensamientos me agobio:
Pa’ mí me ponía de novio…
¡pa’ estar cerca de las viejas!

—Rubén Sada—
Hombre de mucha experiencia
ha resultado Laluz,
ha cargado con la cruz
del noviazgo, qué gran ciencia.
Quizá en su noble conciencia
también quiera agradecer
lo que tuvo que aprender
con tanto lío y desmadre,
toda suegra antes fue madre
y antes de eso, mujer.

—Edgardo Laluz—
La actual está bajo tierra,
ya no se ven sus albores.
Yo a veces le llevo flores,
uno a los lazos se aferra.
Solo el pensarlo me aterra,
siento un dolor espontáneo
que me atraviesa hasta el cráneo,
pero esa es su voluntad…
¡Trabajar en la ciudad
manejando el subterráneo!

—Rubén Sada—
Tiene prensa tan proterva
la de Bonafini Hebe
por hablar lo que no debe
y escucharla me exacerba.
Su discurso sí que enerva
y por eso, no me callo,
sugiero cambiarle el sayo
y en vez de “Madres” y “Abuelas”
le otorgue el pueblo secuela:
“Suegras de Plaza de Mayo”.

—Edgardo Laluz—
Yo a ella en una ocasión
le pregunté, pa’ saber…
¿qué animal gustaría ser?
¿cree en la reencarnación?
—Sí— me dijo de un tirón,
—¡sería volver a vivir!—
Y me expresó en su sentir:
—Vívora, para picar—
y ahí le tuve que aclarar:
—¡No! No vale repetir.

—Rubén Sada—
Suegras hay de toda entraña:
avispa, garza, gorriona,
gata, tigresa, leona,
rata, víbora o araña.
Cada cual tiene sus mañas:
“a su yerno aconsejar,
a su hija cuidar y hablar”,
siempre debemos ser cautos:
las suegras, como los autos,
hay que saber manejar.

—Edgardo Laluz—
Con una que conviví
tuvimos una ocasión,
una grave discusión
y por eso le advertí:
—Usted, suegra, para mí
es una madre y anote,
discúlpeme que me brote,
pues me pone como brasa
que me agarre la tenaza
pa’ depilarse el bigote.

—Edgardo Laluz—
Un negro me contó cuando
hace de esto varios años
su suegra se metió al baño
justo que estaba orinando.
Se quedó tartamudeando
y aunque al final se reintegra,
de contarlo no se alegra,
la situación la atormenta
pues todo el barrio comenta:
la vieja “se las vio negras”.

—Edgardo Laluz—
Pa’ el amigo Rubén Sada
cercenado en su expresión,
con modesta inspiración,
va mi copla improvisada.
¡Taba linda la topada!
Con humor y sentimiento,
y con débil argumento
el verso se desintegra,
y a Hebe como a la suegra…
¡se la llevaron los vientos!

—Rubén Sada—
En décimas compartidas
ya nos vamos saludando…

—Edgardo Laluz—
yo lo sigo, improvisando:
¡Soy también de la partida!

—Rubén Sada—
La suegra quedó ofendida
y nos apagó la luz…

—Edgardo Laluz—
¡Y Hebe se hace la cruz
por derrota no esperada!

—Rubén Sada—
Brilló en Quilmes Rubén Sada,
brilló en Lezama Laluz.



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