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EL INJERTO INSÓLITO (de Gabino Sosa)


EL INJERTO INSÓLITO (de Gabino Sosa)


Aunque experiente y seguro
con el arao de mancera
un chacarero cualquiera
puede verse en un apuro.
Y arando en un campo duro
con  reja bien afilada
se hirió un pie en una volcada
el pobre Martín Camacho,
y le quedó el dedo macho
saltando en la tierra arada.

Paró con acierto y maña
la hemorragia de la herida
cubriéndosela enseguida
con unas telas de araña;
cualquier hombre de campaña
conoce esta solución 
y al fin de la curación
Martín con el toco blanco,
salió pa' su rancho al tranco
pisando con el talón.

Ya en su rancho de terrón
con el pie en un ta'urete
tomó como seis o siete
tragos grandes del porrón,
y pa evitar la infección
que es peligrosa también,
asegurándolo bien
y apretándolo sin miedo
se ató donde estaba el dedo
un trapo con querosén.

Metió el caballo tordillo
entre las varas del carro,
se subió, armó un cigarro
y echó el tabaco al bolsillo;
luego salió por el trillo
rumbo al pueblo algo distante,
luciendo lo más campante,
su ponchito de verano
con el porrón en la mano
y la pata en el pescante.

El carro y el animal
se los dejó a un primo hermano,
y tomó el tren de Soriano
que va pa la Capital;
cuando llegó al hospital
lo atendió el doctor de turno
y un practicante nocturno,
más bruto que un domador,
que le hizo ver de dolor
a Júpiter y a Saturno.

Cuando pudo reaccionar
el doctor le dijo: -"Usté,
el dedo gordo del pie
lo puede recuperar;
si me permite cortar
su enorme nariz sin miedo,
yo le aseguro que puedo
largarlo como si nada,
con la nariz arreglada,
y de paso, con el dedo".

-"Si ve que puede matar
dos pájaros de un chumbazo,
corte nomás el pedazo
que necesite cortar".
Y sin hacerse esperar
el médico decidido
lo cortó, y desconocido
salió al mes del hospital
con una nariz normal
y un dedo como nacido.

Cuando a su pueblo volvió
recuperado del todo,
había que ver de qué modo
la gente lo recibió;
más de uno se interesó
por conocer de raíz
la intervención tan feliz
del doctor Julio Macedo
que le hizo a Martín un dedo
con un trozo de nariz.

Comentaba satisfecho
que el dedo recién cosido,
era, más que parecido,
igual al del pie derecho.
Y que el injerto fue hecho
porque él tenía mucha cuña,
y un tal Emeterio Acuña,
muy cargoso y muy lambeta,
le hizo sacar la chancleta
pa' ver si tenía la uña.

Pero era como lombriz
sin nada por ningún lao
aunque grueso y colorao
como espiga del maíz.
Comentaba: -"La nariz
me quedó al pelo en la pata,
gracias a la clase nata
de un médico macanudo;
eso sí, cuando estornudo
¡se me salta la alpargata!

Autor: Gabino Sosa


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