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CHEVROLETEANDO (de Abel Soria, interpretado por Julio Gallego)


CHEVROLETEANDO 

(de Abel Soria, interpretado por Julio Gallego)


Como aura soy del poblao, 
dónde no hay zanjas ni barro,
vendí la yegua y el carro 
pa' comprarme un auto usao.
Lo blando del tapizao 
me desconcertó bastante
y acostumbrao al pescante, 
la martinica y las riendas;
soporté dudas tremendas 
con los cambios y el volante.

Pero igual mostré la garra 
y en lo que chifla un chingolo
lo aprendí a lidiar yo sólo 
como aprendí la guitarra.
Tratando de no hacer farra 
lo monté lo más tranquilo
diciendo "si agarro el hilo 
del secreto del chofer,
calculo que esto va a ser 
cómo cantar un estilo".

Cuando tantié la palanca 
dejándolo en punto muerto
pensé, voy a ver si acierto 
cuál es el botón que arranca.
Le hundí una perilla blanca 
y al rugir cómo una fiera
dije: -"acerté de primera!"
pero lo que había prendido
fue el radio, que metía ruido 
de música nuevaolera.

Después toqué el clavijero 
del medidor de bencina
los faroles, la bocina, 
la escobilla y el yesquero
y todito aquel tablero 
de teclas al por mayor,
nervioso y de mal humor;
toqué tantas que al final
no pude saber con cuál 
hice arrancar el motor.

El radio anunció un conjunto 
con la zamba "La Engañera"
y al sentir gritar: -"¡Primera!" 
puse el cambio en ese punto.
Como llevando un difunto 
salí con pasó de entierro
y escuchando como el perro 
con la atención más profunda
cuando dijeron: -"segunda!" 
les obedecí en el fierro.

Ladiándole el bulto al centro, 
rumbié pal lao del estadio
y al bastonero del radio 
le dio por gritar: -"Adentro!",
yo iba a marchar al encuentro 
del portón a rienda suelta
cuando aquella voz resuelta 
quiso evitar el desorden
acaté la contraorden 
cuando me dijo: "¡Otra vuelta!"...

Fui a doblar a la derecha 
pero aquel mandón porfiao
por gritarme: -"¡Al otro lao!",
me zambulló contra flecha.
Como la calle era estrecha 
vi que la cosa era brava
porqué un camión se acercaba 
tremendamente veloz
y alcancé a escuchar la voz 
advirtiéndome: -"¡Se acaba!".

Un golpe ensordecedor 
tronó en los carrocerajes
y una lluvia de engranajes 
fue cayendo alrededor,
al juntarse el radiador 
con el asiento de atrás
se salvó el radio nomás,
que marchando lo más bien,
le preguntó a no sé quién:
-"Engañera, ¿pa' onde vas?"
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