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PARAÍSOS FISCALES


PARAÍSOS FISCALES

Operando en paraísos fiscales,
sociedades que estafan, a menudo,
usan trucos y leyes como escudo:
¡un disfraz y fachada de legales!

Malversando recursos y caudales
con políticas de desfalco agudo
se evidencian corruptas, al desnudo,
pero ocultan sangrientos capitales.

Sus nefastas y viles repugnancias
son el antro de perversos mundiales.
Convertidos en monstruos y chacales

asesinan con tal de más ganancias.
Mas, no habrá vigilancia que al banquero
le evite el cataclismo financiero.

© Rubén Sada. 23/01/2013

MÁS CASOS RELACIONADOS:

BALANCES MORTALES

EXECRABLE CONTUBERNIO CLEPTOCRÁTICO

COLAPSO FINANCIERO INTERNACIONAL



Más información:
http://tiempo.infonews.com/nota/8742/lisandro-de-la-torre-y-los-paraisos-fiscales

(Informe de Eduardo Anguita-15 de Abril de 2014)

Lisandro de la Torre y los paraísos fiscales
El caso de las 30 cajas con documentos halladas en el barco Norman Star en 1934 y cómo, al menos desde entonces, se utilizan infinitos vericuetos para evadir impuestos.
       
Hace ocho décadas, en el invierno de 1934, en plena Década Infame, por orden judicial, fue allanado en el puerto de Buenos Aires un barco de propiedad británica. El Norman Star estaba a punto de zarpar a Londres y fue abordado por una comisión de funcionarios y un grupo de marinos. Los datos que guiaron a los investigadores fueron dados por fuentes reservadas pero coincidieron con una investigación fogoneada por el senador Lisandro de la Torre. Ese ex radical santafesino levantaba polvareda con su intransigencia frente a los frigoríficos ingleses y también norteamericanos que, entre otras cosas, fugaban divisas hacia Gran Bretaña. 

Los propios balances de las empresas mostraban ganancias siderales al tiempo que, gracias al pacto Roca Runciman, firmado el 1º de mayo de 1933, los precios pagados a los ganaderos argentinos eran cada vez más bajos. Esas incongruencias de la contabilidad, tuvo un punto de inflexión con el descubrimiento realizado en el Norman Star. En el depósito del buque, además del carbón mineral, debajo de un cargamento de abono animal maloliente, había 30 cajas cerradas y rotuladas como Corned Beef, con precinto del Ministerio de Hacienda en ese entonces dirigido por Luis Duhau, un terrateniente y comerciantes que vivía en una mansión en la calle Alvear, conocido como Palacio Duhau, comprado por la cadena internacional Park Hyatt para montar un hotel del lujo que funciona desde hace una década para clientes exclusivos. Pero en esas cajas no estaban los cortes de falda hervidos en sal muera y envasados que servían de alimento para los obreros ingleses. En cambio, había documentos enviados por los gerentes del frigorífico Anglo de los hermanos William y Edmund Vestey.

Esta historia es citada en Las islas del tesoro del investigador y periodista inglés Nicholas Shaxson, un libro publicado hace tres años por Random House, que tuvo muchas ediciones en inglés y que el Fondo de Cultura Económica acaba de publicar en castellano. La bajada del libro es muy directa: “Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo”. Los hermanos Vestey fueron pioneros precisamente en esas artes y los documentos que estaban en esas cajas de corned beef nutrieron la comisión investigadora que encabezó Lisandro. Allí había pruebas irrefutables de la sumisión de Argentina a una serie de compañías extranjeras. Según Shaxson, los Vestey eran la familia más acaudalada de Gran Bretaña y, a su vez, los mayores evasores de impuestos. Para ese entonces controlaban el mercado mundial de carnes. Hoy son el Vestey Group, una de cuyas subsidiarias es Vestey Foods. Están presentes en todo el mundo y en América latina ya dejaron atrás los frigoríficos Anglo de Fray Bentos en Uruguay y de Dock Sud en Argentina. Sus inversiones principales están en Brasil, que dicho sea de paso se convirtió en el principal comprador de frigoríficos en Argentina. Al respecto, es conveniente citar una frase textual del libro de Shaxson: "El secreto de su éxito radicaba en el afán monopolista. Los hermanos Vestey bautizaban a sus empresas con diferentes nombres para disimular que eran los propietarios y compraban todas las existencias de sus rivales. Si un rival les oponía resistencia, ellos usaban su extraordinario poder de mercado –fundado en la posesión de la entera cadena de suministro, desde el pasto, las vacas, los mataderos, los frigoríficos y los barcos hasta la distribución y las carnicerías minoristas– para desplazarlo aplastando los precios hasta llevarlo a la quiebra".

Bueno sería tratar de averiguar, en los tiempos de transnacionalización extrema, si los frigoríficos argentinos no han vuelto a ser parte del dominio inglés. Pero eso debería ser parte de alguna comisión investigadora actual. Volvamos a la historia de don Lisandro, no relatada en este libro pero sumamente instructiva de la relación entre políticos y empresarios vernáculos y grandes grupos capitalistas. El entonces senador por Santa Fe, un año después de aquel hallazgo, presentó las conclusiones sobre el daño que ocasionaba el tratado de privilegio británico para comprar carnes argentinas. Allí, De la Torre acusó de fraude y evasión impositiva a los frigoríficos Anglo, Armour y Swift, a la vez que aportaba pruebas de corrupción de los ministros de Agustín P. Justo. 

En la sesión del 27 de junio de 1935, donde asistió Duhau, De la Torre hizo un extenso discurso del que un fragmento tiene una vigencia notable si se lo toma desde la perspectiva de la creciente extranjerización verificada en la economía argentina de los últimos 20 años, incluyendo desde ya esta última década en la que la tendencia no se detuvo.

Dijo De la Torre aquel día, con una lúcida visión de lo que es la soberanía: "Gran Bretaña es una entidad política independiente de los frigoríficos y no está obligada a sentir lesionado su honor porque Swift, Armour o Vestey dejen de disponer del monopolio de las carnes argentinas. Recién el día en que bajo la dirección de un gobierno más inteligente que el actual, de un gobierno que admitiera el concepto de que hay algo más que hacer que divertirse, se modificará el sistema interno de despojo que han establecido los frigoríficos en nuestro país, recién entonces se encontrarían los argentinos en condiciones de tratar con Inglaterra sobre otras bases que las actuales, con ventajas para ambos países. Debemos tratar con Inglaterra en términos cordiales, de igual a igual, como tratan las naciones soberanas: podemos y debemos ofrecerle a Inglaterra amplias ventajas, pero si no son apreciadas y si nos pretende tratar como a una factoría, podemos y debemos tomar represalias. Hay que concluir con las humillaciones e injusticias prevalentes en la actualidad, y hay que exigir que la carne argentina entre a Inglaterra importada por argentinos, como el carbón de Cardiff entra a la Argentina importado por ingleses. Y si no puede entrar lo uno, que no entre lo otro."

Un mes después, el 23 de julio, en otra sesión acalorada del debate, Duhau agredió físicamente a De la Torre y salió de inmediato del Senado. En el tumulto ocasionado, el ex comisario Ramón Valdez Cora, disparó contra De la Torre pero las balas mataron a su compañero de bancada Enzo Bordabehere. Tres años y medio después, en su pequeño departamento de Esmeralda y Avenida de Mayo, Lisandro De la Torre se pegaba un tiro en el corazón. A unos dos kilómetros hacia el este, Luis Duhau disfrutaba de su mansión y de los dineros de la corrupción. 

LOS PARAISOS. Los paraísos fiscales no solo ofrecen la posibilidad de evadir impuestos sino también dan confidencialidad sobre el origen de los fondos y la identidad de los accionistas de las empresas fantasmas. Shaxson aclara que las cantidades sobre el dinero que evade o elude impuestos en el mundo es imposible de cuantificar con precisión. Sin embargo, afirma que las estimaciones serias son alarmantes: más de la mitad del comercio internacional pasa por los paraísos fiscales. Más de la mitad de los activos bancarios y un tercio de las inversiones extranjeras directas de las multinacionales van por el sistema extraterritorial. El FMI calculó en 2010 que solo los balances de los centros financieros llamados paraísos fiscales son 18 millones de millones (billones) de dólares, lo cual equivale a un tercio del PBI mundial. La Auditoría General de Estados Unidos informó en 2008 que 83 de las 100 corporaciones más grandes de ese país tenían filiales en paraísos fiscales. Al año siguiente, Tax Justice Network corrigió el dato: eran 99 de las 100. 

El dinero manejado por la banca off shore no es marginal sino central. Basta un dato histórico para comprender quiénes inventaron esos mecanismos. En los años cincuentas, las grandes corporaciones norteamericanas tributaban dos tercios de su renta mientras que en la actualidad pagan un quinto. Es decir, del 40% de impuestos pasaron al 20%, la mitad. El 0,1% de la población más rica de ese país pagaba el 60% de su ganancia en impuestos en 1960 mientras que en 2007 pagan el 33%. No es difícil entonces entender quiénes son los creadores de este sistema perverso. Basta seguir la ruta del dinero. 

Los medios de comunicación suelen escandalizarse con las noticias referidas al dinero ilegal que manejan las redes de narcocriminalidad. Sin embargo, en Las islas del tesoro hay información inquietante respecto de cuánto es el dinero que manejan las multinacionales para disminuir las cargas impositivas. Alrededor del 60% del comercio mundial es, afirma Shaxson, en el interior de esas compañías. Ese comercio intra-empresas tiene infinidad de vericuetos que permiten burlar a las agencias fiscales. Crean registros artificiales para evitar tributar en los Estados con alta carga impositiva y derivar parte sustantiva de sus ganancias a compañías artificiales en los paraísos fiscales con impuestos cero. "Si las multinacionales se vieran obligadas a desglosar –afirma el autor- país por país la información financiera, revelando qué hacen en cada lugar, los mercados globales se transparentarían. Un tesoro secreto de información que resulta vital para los ciudadanos, inversores, economistas y gobiernos saldría del mundo extraterritorial para recalar en tierra firme".

Para la Argentina, aquella época en que los barcos salían cargados de vacas o granos y volvían con sanitarios, tejas, ventanas, escaleras y portones para hacer mansiones tiene muy poco de esplendorosa. Las deudas con bancos ingleses quedaban para el Estado mientras que un puñado de empresarios y políticos acuñaron fortunas incalculables. Así como Lisandro de la Torre desentrañó cómo era el negocio de las carnes, Raúl Scalabrini Ortiz hizo lo propio con los ferrocarriles y también con la banca y el comercio. Aquella espléndida Torre de los Ingleses que la comunidad de negocios británicos donó en las fiestas del Centenario es una prueba viviente del agradecimiento infinito de la potencia imperial de entonces a la opulenta casta de estancieros, políticos, militares y abogados que constituían sus socios locales. Retiro era por entonces un gran centro ferroviario que miraba el puerto. Desde la torre, en efecto, pueden verse no solo el puerto sino la orilla oriental del Río de la Plata. Hoy Retiro es una muestra del pobre estado de los ferrocarriles. En la magnifica torre, no anda ni el ascensor. Claro, ahora Retiro es una terminal para la gente de a pie. Los puertos de salida de las oleaginosas están en Rosario y en Bahía Blanca. 


Las islas del tesoro parecen un manual obligatorio para todas aquellas áreas financieras, fiscales, de aduana y de comercio exterior donde se deben detectar las maniobras de las grandes comercializadoras. Seguramente, en otros rubros, como los vinculados a la industria automotriz o la electrónica podría sugerirse su lectura. -

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