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EL OMBÚ COPOSO (Versiones de Higinio Cazón y Manuel Cientofante)


EL OMBÚ COPOSO


(Décimas del payador
Higinio Cazón)

Una tarde vi pasar
un hombre triste y lloroso,
bajo el ombú coposo
sentose allí a descansar.
Lo vi ponerse a llorar,
lo miré sobresaltado,
después que había descansado
bruscamente se levantó
y de tan recio tropezón
que vuelve a caer sentado.

Al verlo quedé admirado
mas dijo: ¡será demente!
Lo vi secarse la frente,
hasta el sombrero tirar,
sus dientes a rechinar
comenzaron al instante,
aquel desgraciado errante
para mí encontró reposo
al quedarse dormitando
bajo el ombú coposo.

El sueño fue tan extenso,
la noche se aproximaba,
una niña apareció
llorosa y descabellada,
era un ángel por su forma
descalza y muy fatigada.
¡Levántate!, le gritaba,
soy tuya y serás dichoso,
y el joven siempre dormía
bajo del ombú coposo.

La joven vestía de seda,
de color de carmesí,
a gritos decía: ¡Ay de mí!
que nací tan desgraciada,
¡por una mujer malvada
toda mi suerte acabó!
A su amado levantó,
limpió sus ojos llorosos,
el joven seguía durmiendo
bajo del ombú coposo.

Con ademán lastimero
en un tronco se sentó,
empezó a rogar a Dios
por el fin de su querido,
creyó que no estaba vivo
mas la pobre equivocó,
en la frente lo besó
diciéndole:"ángel hermoso,
vienes a buscar la tumba
bajo del ombú coposo.

Con los vestidos rasgados
y de rodillas hincadas
llorando a Dios suplicaba
que le cambiase la suerte
¡Oh, Dios! Mándame la muerte
como mi amado encontró,
¡qué desgraciada soy yo!
¡Matame! Dios poderoso,
contenta muero a su lado
bajo del ombú coposo.

Dándole un beso amoroso
en la frente con lealtad,
diciendo: - Si fría está
la frente de mi querido,
la pérfida lengua ha sido
la que mal nos malquistó,
mi amado la muerte halló
bajo de éste árbol hermoso.
¡Adiós mundo! También muero
bajo del ombú coposo.

Un puñalito incrustado
con esmeralda tenía,
en su mano relucía
inclinado el corazón,
al lado de él se sentó,
sus sollozos reprimía
y con la mayor sangre fría
lo clavó en su pecho hermoso,
cayó medio agonizante
bajo del ombú coposo.

Se enterró en el corazón
con tanto brío el puñal,
que fue la sangre a saltar
a la cara de su amante.
Volvió en sí él al instante,
mas un triste cuadro vio,
medio ciego se levantó
aquél joven tembloroso,
sin saber cómo se hallaba
bajo del ombú coposo.

Entre cortados sollozos
la joven se despedía,
tiernas palabras decía.
Cuando a su amante escuchó, ´
él triste enloquecido
con la sangre congelada,
mira, conoce a su amada
y exclama: "¡Dios poderoso!
cae perdido y sin sentido,
bajo del ombú coposo.

Se levantó atemorizado
después de pasado el mal,
corre, le arranca el puñal,
la joven había expirado.
Loco, ciego y atolondrado
alto el puñal elevó,
en su pecho lo clavó
con un desprecio grandioso,
así fue el fin de los dos
bajo del ombú coposo.


Autor: Higinio Cazón.

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Versión de Manuel Cientofante

EL OMBÚ COPOSO 


Allá en la agreste lomada
donde el trébol verde crece,
un coposo OMBÚ aparece
ante la fuerte mirada
del criollo de tez bronceada
y de negra cabellera. . .
que al cruzar por la ladera,
en su ágil potro arrogante,
le dijo: siempre ¡ADELANTE!
a la tradición campera.

Ese OMBÚ tiene su gloria, 
ese OMBÚ tiene su drama, 
ese OMBÚ tiene su fama, 
ese OMBÚ tiene su historia, 
que yo voy con mi memoria 
lectores, a recordar, 
si es que me vais a escuchar, 
ya que el momento ha llegado 
que pinte lo que ha pasado 
bajo de ese OMBÚ popular.

OMBÚ solemne, aislado,
que al presenciar miles dramas, 
desprendía de sus ramas 
las hojas y horrorizado, 
tuvo que quedar callado 
porque así era su misión, 
hoy la misma tradición 
del buen gaucho americano, 
lo recuerda como hermano 
que le prestó protección.

Cuántas veces refugió 
en su tronco carcomido 
al gaucho, que perseguido 
por la justicia se vio; 
cuando cantar escuchó 
del paisano acongojado,
¡cuánto ser desventurado 
bajo su copa murió! 
Por lo tanto quiero yo 
decir lo que he presenciado.

Un hombre y una mujer, 
vestidos decentemente, 
los vi palmearse la frente 
a eso del anochecer; 
cuando no podía ver 
por la oscuridad reinante, 
sentí en el postrer instante 
una gran detonación 
que puso en conmoción 
¡a mí espíritu gigante!

Sin dejar de meditar 
lo que podía suceder, 
acudí, mas la mujer 
acababa de expirar; 
pero pude aún encontrar 
aquel pobre hombre con vida, 
el que por una ancha herida 
roja sangre le brotaba, 
y aún en su diestra empuñaba 
el revólver del suicida.

Mas de pronto se levanta 
del suelo donde yacía, 
murmurando -¡oh!. . . María, 
con una expresión que espanta; 
levanta, -mi virgen santa, 
levanta, lucero hermoso, 
castiga Dios poderoso, 
al que dio muerte a María... 
pero ella siempre dormía 
¡bajo del OMBÚ coposo!

Aquel hombre trastornado 
al ver que nadie responde, 
se aproxima al sitio donde 
está el cadáver helado, 
de su María que ha caído 
por su pasión mundanal;
comprendiendo así tal,
aquel hombre en el momento. 
Lleno de remordimiento, 
sacó del cinto un puñal.

Puñal con el cual se dio 
un sinfín de puñaladas... 
que quedaron bien marcadas 
muy cerca del corazón; 
aquí el drama de pasión 
tocó su punto final, 
¡bajo el OMBÚ colosal 
que se levantó altanero, 
sin temerle al pampero 
ni a su tremendo huracán!

Manuel Cientofante


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