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ALMAFUERTE EL POETA (CAP 15 Y 16: Detalles de la personalidad de Pedro B. Palacios, por Antonio Herrero)

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Narciso Ibañez Menta interpretando a Almafuerte en la película "Almafuerte" (Año 1949)
Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Almafuerte_(pel%C3%ADcula)

CAPÍTULO 15: SIGNIFICADO DE ALMAFUERTE EN LA

EVOLUCIÓN ARGENTINA

En el sentido espiritual, que es el más representativo
de Almafuerte, no es éste una aparición única
en la Argentina. Su anhelo de progreso, de justicia,
de mejoramiento humano, están ya representados
en los orígenes argentinos por Moreno, Rivadavia,
Echeverría, y muy especialmente por el
vidente Alberdi y el genial Sarmiento; su espíritu
rebelde, ardoroso y violento, propicio al anatema
contra los tiranos, tuvo por antecesor a Mármol en
sus poesías contra Rosas; y su alma popular y justiciera,
amiga y aun hermana de la chusma, está representada
en el pasado por el autor de Martín Fierro.
El genio más cercano, más análogo al espíritu
prócer de Almafuerte, en el pasado argentino, es
el borrascoso y férvido Sarmiento: su violencia, su
entusiasmo combativo, su fe en el porvenir y su
iracundo amor al progreso, culminaron más tarde
en Almafuerte, quien poseía además el genio metafísico,
la inspiración poética y un amor desesperado hacia los
siervos y los tristes. El Emperador indiscutible del pensamiento
argentino, como le llamó Almafuerte, no renovó ni acreció
fundamentalmente el pensamiento humano, pero fue ejemplo
magnífico y fecundo del hombre de pensamiento
y de acción renovadora; y en el sentido espiritual,
fue el digno precursor del poeta profético que había
de abrir nuevos rumbos a la orientación moral e 
ideológica del hombre.
Mas, en sentido integral, Almafuerte no ha tenido
antecesor. Su espíritu esencialmente metafísico y abstracto,
no tiene precedente en toda la literatura castellana;
(Calderón era un cura con todos los dogmatismos
y limitaciones de su casta) y muy difícilmente
en la poesía universal. Guerra Junqueiro
con quien le ha comparado alguien es una mente
vulgar al lado de Almafuerte; Carducci era moderno,
renovador y rebelde, pero poco metafísico; y Verhaeren,
de quien se ha hablado también, es un poeta
exterior, aunque subjetivo, y sin sentido moral. Era
sólo una conciencia exasperada por el dolor moderno.
Almafuerte es un genio en el sentido más alto
de esta palabra; y ése es un don que los pueblos
obtienen difícilmente y más aún los pueblos jóvenes
como lo es la Argentina. Hasta el momento en que
un pueblo no ha producido un genio universal, no
puede figurar en el concierto del mundo superior
de la cultura. En ese mundo imperecedero, que
constituye el tesoro permanente de la especie humana,
Grecia está representada por una pléyade entre
la cual destacan Esquilo, Sócrates, Platón y
Homero; Inglaterra por Shakespeare; Italia por
el Dante; Francia por Víctor Hugo; Alemania por
Nietzsche, Kant y Goethe ; España por Cervantes;
Norte América por Poe y Emerson, y la Argentina
estará representada por Almafuerte.
Desde luego, que tal afirmación será tachada de
absurda y excesiva por los detractores del poeta,
y de aventurada y prematura por los que no tienen
fe en su propio juicio y esperan a conocer la sanción
universal antes de consagrar con su admiración
a un genio contemporáneo, y más aún si es
connacional; pero los hechos se encargarán de justificar
sobradamente el concepto expresado.
En el porvenir moral e ideológico de la Argentina,
ejercerá la obra de Almafuerte una profunda influencia.
Dice Bovio en su obra sobre "El genio" que "en
la soledad el genio elabora la propia ascensión, para
presentarla como modelo a la ascensión humana" ; y
afirma que "cada raza que prepara su advenimiento
histórico, envía por heraldo al genio".
Tal ha sido la obra de Almafuerte y el significado
que ella tiene para el porvenir de la Argentina.
En un pueblo en formación, destinado a engendrar
una nueva raza forjada en el crisol de las anteriores,
y por lo mismo predestinada a producir
un tipo más alto de humanidad, pues según Galton
el cruce de las razas es favorable a la aparición del
genio y de tipos humanos superiores, Almafuerte
ha concebido y ha fundado una moral más perfecta
y un arquetipo del hombre, que será el eje de un
nuevo orden moral y el faro de una ascensión ilimitada
hacia las cumbres ; la base de una más justa,
más humana, más integral civilización.
Almafuerte sintetiza todo lo que hay de grande,
idealista y noble en el alma argentina, y reúne en
sí a la vez, como en un foco, las aspiraciones y tendencias
más puras y elevadas del espíritu humano
en un ideal altísimo, que podría calificarse de divinización
del hombre, o forjación del hombre integral.
Este poeta servirá al pueblo argentino de firmísimo
cimiento para su ascensión renovadora, y llegará
a convertirse en lo futuro, en el símbolo más
alto de la nacionalidad ideal.

CAPÍTULO 16: PRINCIPALES PRODUCCIONESDEL POETA ALMAFUERTE

Breve síntesis y comentario de las mismas
Después de haber estudiado en su conjunto las
obras y la vida de Almafuerte vamos a tratar de
hacer una ligera síntesis de sus principales producciones
para dar una idea de ellas a aquellos
de los lectores que las desconozcan:
Breve síntesis y comentario de las mismas
Después de haber estudiado en su conjunto las
obras y la vida de Almafuerte vamos a tratar de
hacer una ligera síntesis de sus principales producciones
para dar una idea de ellas a aquellos
de los lectores que las desconozcan :

Milongas clásicas. — Empieza por declarar que
va a cantar al pueblo, a su "chusmaje querido",
y que va a plegar sus alas para que sirvan de
escoba y estropajo en las piezas de los miserables.
Hay aquí una soberbia inaudita y una elocuente
grandiosidad al hablar de sí mismo; y al
definir los motivos por los cuales se acerca y
canta al pueblo, pone todas posibilidades del mal
y del bien. Es ello la integral comprensión de la
vida y sus instintos contradictorios. Los versos
se deslizan cantarines y suaves como el agua de
un arroyo por un álveo de arena. Y cada estrofa
contiene una elevada sentencia. Son flechas de
idealismo arrojadas desde lo hondo del pantano
hacia las más remotas estrellas. Son todos estos
versos una admirable fusión de la más alta y honda
metafísica, con la clásica llaneza del alma popular.

Olímpicos. — En estos versos el poeta designa
cuáles son los más altos y excelsos timbres que
señalan al hombre como digno de serlo, como héroe y elegido:
son los presentimientos de una vida más alta;
el estoicismo en el dolor; la amargura
y la nostalgia en el placer; la visión interior de
una luz lejana; la conciencia de ser centro de un
mundo invisible y manantial de bondad.

Cristianas. — Todo tiende a la suprema perfección
en la armonía final del universo. Cada ser calificado
como espíritu del mal, no es más que una
potencia que ocultamente trabaja para el bien,
por caminos opuestos, en apariencia, a la senda
de la vida. Son energías desviadas o que no han
llegado aún a su total perfección. Pero en ellas
también brilla la sacra chispa ideal. Y con genial
intuición adivina el poeta los destinos más altos
que se esconden en cada pecho protervo ; y ve las
cimas remotas hacia las que se dirigen todos los
tortuosos caminos.

"¡No; no cabe la noche completa
allí donde gira la estrella de un alma!
¡Vive un juez prisionero en el hombre
que jamás prevarica ni calla!
¡Hay un golpe de luz en el fondo
de aquellas más viles vilezas humanas!"

Mancha de tinta. — Es la afirmación rotunda
de la absoluta soledad del hombre en el desierto
de la vida. Quiere saber el poeta quién le ama.
Busca al pueblo, al "cardumen muerto de hambre"
que le rodea, y éste le pone en la picota.
Va tras de los amigos y le engañan todos; la mujer
a quien amaba, le traiciona; muerto de dolor,
entonces se remonta a los cielos y se dirige a "la
dorada puerta Pia" y al acercarse no había "ni
luz, ni puerta, ni nada". Esta es la crueldad consciente
de la vida. Quien no haya pasado por este
sentimiento, aún no ha nacido. En este verso
está contenida toda la filosofía de Max Stirner.
Pero aquí no es razonamiento, sino sentimiento
hecho idea; lo cual es más rotundo y verdadero.

Apóstrofes. — Es esta una bellísima poesía,
donde se hermanan admirablemente lo sublime
del fondo con la perfección absoluta de la forma.
Para abarcar las ideas tan sabias y tan hondas,
tan bellas y tan altas que se contienen en ella,
sería preciso hablar extensamente. Esta sola poesía
merece un libro. Encierra toda la sabiduría de la
evolución humana y del destino. Concentra y funde
en sí los dos acentos contradictorios de la fatalidad
y de la libertad. Es el poema de la ascensión
del espíritu humano, cuya libre voluntad vive
esclava del Destino. Baja el poeta al fondo del
ser y sorprende allí los más hondos secretos. Vibra
y ondula su verso, gracioso y terso, bajando
a los abismos y ascendiendo a las nubes.
Es tan vasto que comprende a toda la humanidad y tan
sutil que penetra lo más recóndito del espíritu. Y
termina el poeta con un apóstrofe, imprecando airadamente
a toda la humanidad, a quien somete y domina:
"Con la luz esplendorosa
Con el hierro incandescente de la fe".

Trémolo. — Honda nota sombría de angustia
y de dolor, terriblemente desoladora, que se alza
de las entrañas del espíritu humano como un grito
prometeico hasta la faz de Dios. ¿Qué valen al
lado de esto las protestas de Job, sus llagas y sus
dolores? El poeta recoge los lamentos del dolor
universal sintetizados en su alma y se presenta
ante Dios para acusarle de crueldad. Siéntense
crugir aquí los andamiajes del universo, se remueven
los cimientos de la vida y vacilan cuarteados
los pilares que sostienen el cosmos. Es que ha
nacido una nueva concepción más alta que destrona
y substituye y arroja del Olimpo a la concepción
judaica. El poeta prometeico se presenta ante
el Júpiter del Olimpo cristiano, exigiéndole cuentas
estrechísimas de su implacable dureza. El corazón
del poeta y las plantas de sus pies están
hechos una llaga, como el cuerpo de Job. Gimen
los gemebundos algarrobos y braman los leones
prisioneros en la cárcel de su instinto. Y en tanto
se refugian como liebres los Genios de la Luz y
Dios vive feliz en sus Edenes, rodeado de sus
vírgenes. "¡ Tirano sin control ! . . . ¡ Vete a tu
cielo ! ¡ No mereces ser Dios !" exclama soberbiamente
el poeta que había soñado un dios más bueno;
y se presenta ante él para exigirle que le
pague su dolor. Las notas de estos versos resuenan
clamorosas, con siniestra y solemne amargura,
como un canto "De profundis" donde se hubiese
volcado todo el humano dolor. Por su vasta
y compleja ideación y su ritmo acompasado y
grave de religiosos acentos, esta poesía parece recordar
el coro de los peregrinos en el Tanhauser.
Pero aquí hay un infinito desgarramiento que tortura
el espíritu, y lo arrebata y eleva a la cumbre
moral de la vida desde la cual se abarca y se
juzga el universo.

Gimió cien veces. — El alma del presidio formula
sus pesares y se erige severa como un juez
ante la sociedad que la condena. Canta la hórrida
angustia de su destino en tristísimos versos tan
solemnes y graves como un "Miserere". Pide
misericordia el alma del presidio, pide la misericordia
de la muerte. Y se presenta ante los intachables,
los perfectos sin lucha, para acusarles por
su maldad, por el orgullo con que la insultan y la
soberbia que muestran de su pureza irresponsable.
Ella, el alma del presidio, es también irresponsable.
"¿Les dije yo a mis padres... Pude decirles
que amasaran mis carnes con azucenas?",
exclama tristemente el presidario.
Y la suprema, total pureza sobre todos los destinos
brilla aquí como un sol de mediodía, que alumbrara
la vida con una nueva luz. En estas altas,
magnificas estrofas, zumban como saetas las palabras
de Nietzsche en su canto "Del pálido criminal".
Pero no es que las repita, no que expresen
lo mismo, sino que están aqui comprendidas y
superadas. Allí sólo hay conocimiento: aquí hay
bondad consciente, magna bondad trocada en sabiduría
y en integral potencia de ascensión, de
anhelo de lo perfecto.

Siete sonetos medicinales. — Al leer las más
grandes obras de la literatura universal, las más
alentadoras y exaltadoras del hombre, encontraréis
en Ibsen la ambición infinita, en Nietzsche
la dureza más rotunda, en Carlyle la exaltación
del heroísmo, la individualización en Stirner, en
Emerson la afirmación del yo interior y en Walt
Whitman el ímpetu marcial. Pero leed después estos
"Siete sonetos medicinales" y decidnos si no
está aquí contenido, sintetizado, todo el poder
idealista y ascensional de aquellas obras, formulado
de un modo absolutamente nuevo y personal.
Ved también si en aquel desprecio con que se habla
de los leones, no hay un sentido más alto de
valoración del hombre, por encima de la Naturaleza,
que jamás se había expresado antes de ahora.
Aquí están superados y desvanecidos cuantos
fantasmas pudieran encadenar al hombre. Este
reina de un modo soberano, y su voluntad y su
energía se exaltan y endurecen, se acrisolan y
depuran en los sonetos estos, como en la forja de un dios.

La sombra de la patria. — Idealista y sublime
clarinada guerrera que llena los espacios infinitos
con su protesta airada y dolorida ; que levanta sus
acentos hasta el trono de Dios y hace estallar allí
fulminador el volcán de sus ansias, reduciendo a
pavesas la dorada ilusión providencial; que baja
luego a la tierra y ruge sombríamente al comprobar
que la virtud y el bien, la libertad y el derecho,
únicamente son palabras resonantes, ilusión
y mentira. Y el poeta, enloquecido de dolor,
apostrofa a la Mente invisible que debiera regir
el universo, y la acusa de todos los males que
constituyen la esencia de la vida. La sombra
prostituida de la patria pasa ante el alma del
poeta, y éste siente la noche de los siglos acumularse
en su mente y gravitar sobre sí todo el
peso de los orbes. Y tras de haber llamado a juicio
a la Naturaleza y a los dioses, diríjese a la
juventud para pedirle que salve y redima y eleve
a la patria mancillada.
Un acento sublime de dolor y de ira santa hay
en toda esta poesía, que parece la voz de los profetas.
Aquí el espíritu humano se remonta a una
fusión altísima del yo individual con el alma de
un pueblo y el destino de una raza en la suprema
aspiración del bien, a pesar y por encima de la
fatalidad del mal que rige a la naturaleza.

La canción de un hombre (En el abismo).
Esta poesía es un autoretrato psicológico del
poeta, una autodefinición moral del genio.
Las más altas verdades filosóficas, las más
profundas afirmaciones morales y las averiguaciones
ideológicas más modernas y altivas, hállanse
contenidas en estos versos que pueden muy
bien marcar lo sumo a que hasta hoy ha ascendido
el espíritu humano. Es la expresión suprema
de la intuición consciente. Es la individualidad
afirmándose con rotunda fiereza, pero abarcando
y conteniendo en sí la conciencia colectiva,
el alma universal. Es el hombre elevándose
por encima de la naturaleza, del tiempo y el espacio
y proclamándose síntesis universal y eterna.
Tenemos la convicción de que en ningún idioma
existe otra afirmación tan formidable, tan integral
y tan alta, aunque tan breve, que sintetice
como ésta el espíritu del genio y la divinización del hombre.

Jesús. — Con altísimo vuelo ascensional y nítida
pureza de idealismo, dibuja aquí el poeta el
mágico perfil del Nazareno. No hay en esta poesía,
al hablar de Jesús, ni la ciega admiración de
los creyentes, sean católicos o no, ni el concepto
mezquino de los "espíritus libres", como el mismo
Nietzsche. Hay nada más que comprensión,
una comprensión total del espíritu de Cristo, una
definición superabstracta y metafísica del fenómeno
de la Redención y de las doctrinas de Jesús.
Cierto es que aquí se contiene, como no podía
menos, la afirmación de Schopenhauer : "el mundo
es nuestra representación" ; pero también está
comprendida la de Nietzsche : de que el bien y el
mal son valores convencionales. Sólo que estas
afirmaciones no tienen en aquellos filósofos el valor
y el sentido que Almafuerte les da. Al decir
Schopenhauer que el mundo es nuestra representación,
como él no cree en otro mundo que el
visible, aniquila totalmente la Realidad y cae en
el nihilismo, en el pesimismo. De igual manera
Nietzsche al comprender que los valores morales
son un convencionalismo, destruye el bien absoluto
y sólo crea un bien un mal para el hombre
fuerte, para el individuo que es la única realidad
en la cual él cree. Pero Almafuerte, no; si afirma
que es ilusión el mundo externo, es para sostener
que nuestras ilusiones son la única realidad, y
que en nuestro espíritu está Dios, la eternidad y
el destino; de lo cual se deduce, contrariamente
a Schopenhauer, un optimismo absoluto y consciente;
y al asegurar aquí el poeta que el bien
y el mal humanos son palabras vacías, no atribuye
a los hombres, como Nietzsche, la facultad
de crearse otro bien y otro mal personales y
egoístas, sino que a la vez, proclama un bien
absoluto, eterno, y un transitorio mal que se cambiará
por fin en bien. Estas afirmaciones, pues,
en Almafuerte no son individualistas, ni engendradoras
de pesimismo. Exaltan y glorifican la
individualidad humana, pero unida al espíritu absoluto;
destruyen el mundo externo para imponer
el reinado de la vida interior; aniquilan los valores
transitorios y humanos, pero proclaman el Bien eternal y divino.

La inmortal. — Baja el poeta al fondo de la
"chusma sagrada" y vuelve de allí cargado de
amargas verdades que arroja a los poderosos, a
la faz de los grandes de la tierra. La inmortal es
la chusma que labra y forja el mundo con su
esfuerzo, que con su sangre ha regado toda la
tierra y ha impregnado con la esencia de su ser
hasta las aguas del mar. De ella sale, de su seno
y sus entrañas, la chispa luminosa de los genios y
el amoroso fuego de los santos. Y sin embargo
es la esclava y la condenada, la sometida y la
proscripta. Pero ella ve o adivina la justicia y la
razón y por eso a los códigos del bien que le dictan
los amos, a las divinas pragmáticas que se le
imponen, contesta con una risa demoníaca y sarcástica,
con una risa de bestia libre de freno,
carcajada desgarrante que conmueve y desgaja
los cimientos sociales y las columnas de los cielos;
carcajada nihilista que desmiente y destruye
todas las perfecciones y progresos conquistados
aparentemente por la humanidad. Como los canes
que vuelven a la madrugada y arañando y aullando
en la puerta solicitan albergue de sus amos,
así los genios más grandes, los consagrados y
los héroes aguardarán el día de la justicia ante
las puertas de bronce que separan la sombra
de la luz.
Tú, poderoso y señor, no temas nada, aunque
se hunda el templo, mientras queden creyentes.
Teme, sí, cuando tu ley sin ley moral, tu concepto
salvaje de cruel egoísmo, de déspota sin freno,
penetre hasta el fondo mismo de la chusma ; cuando
ella vea que no va su ración en la carga y
se canse de ser pedestal y abandone la cruz ; porque
entonces se desquiciará todo el mundo presente.
Este poema es el más extenso de Almafuerte y
también el más vasto, el más grandioso. Es de una
grandeza cósmica y de un altísimo sentido moral.
¿Cuándo se escribió nada tan profundamente
justo y moral como ésto? Aquí no hay la conformidad
burguesa y la complicidad del silencio que
se ve en todos los poetas respecto a la gravísima
transgresión moral que implica la injusticia humana,
el predominio de la fuerza y de la astucia.
Pero tampoco hay las "rebeldías necias de lacayo"
que constituyen la protesta anarquista, ni
el desconocimiento de la ley moral que profesan
los ácratas. El alma y la esencia de este poema
es una ley interior sublime que cual hilo de oro
corre por encima de los hombres, sin que haya
llegado nadie, hasta hoy, a reconocerla ni acatarla.
Almafuerte, como un dios, restablece el imperio
de esta ley, y la pone por eje espiritual y por
cimiento y base de los pueblos.
Aquí sintetiza el poeta, más que en ninguna
otra de sus producciones, la tendencia de toda su
obra a realizar lo que podría llamarse apocatastasis
humana, es decir, a reintegrar en la humanidad
todas las almas y a dar a cada espíritu la
conciencia de toda la humanidad.
Tiende también su acción a realizar lo que ha
llamado Saint - Ivés "sinarquía", o sea gobierno
de los principios, de las leyes morales. Pero Almafuerte
no predica esto, como no predica nada.
Con su genial vista interior vislumbra la ley
moral desconocida por todos y él la enuncia y la
obedece. Esta es, en síntesis, su misión y su obra.

El misionero. — He aquí el más bello, el más
rotundo y trascendental de los poemas de Almafuerte.
En él está formulada y concretada toda su
vida y su fe. Cada estrofa es una sentencia de
bronce y todo él está escrito, no "con sangre
y medio loco", como Nietzsche decía, sino con
la esencia misma de su existencia. Porque las
afirmaciones que aquí se contienen las ha amasado
el poeta con su propio dolor, en una lucha
heroica y solitaria contra el cieno y el mal.
Larga y difícil tarea sería el señalar ahora todas
las altas verdades definitivas, absolutas, de
iniciación reciente o antiguamente expresadas por
los más altos espíritus y por él coloreadas con un
matiz personal, que se contienen profusamente
en este poema. El es un evangelio de idealismo,
de bondad, de sabiduría interior, y merece profundos
y extensos comentarios que desentrañen
y formulen la honda filosofía encerrada en sus
versos. Hállanse aquí sintetizadas, como hemos
dicho, las más modernas ideologías, pero a la
vez están superadas por la visión integral del
poeta, por su ímpetu inexorable de ascensión, por
la llama que arde en él, de heroica y de fierísima
bondad. El vasto ideal que le inspira de liberación
total y superación del hombre, de imperio del
espíritu y de bondad consciente, solamente lo
hemos visto expresado con igual intensidad en
José Antich, el autor de "Andrógino", apóstol y fundador,
filosóficamente, del ideal de divinización humana.
Pero como poeta propiamente, como hombre
que canta en verso y encarna en su existencia sus
propios ideales, no le encontramos semejanza ni
antecedente alguno.
Es el primero que toma como único sujeto de
sus cantos al hombre, al espíritu del hombre, de
manera sintética y ascendente, con un criterio
nuevo y audacísimo de moral ego - altruista.
En todo este poema se destaca la figura del
Cristo dictador, del heroico creador de una nueva
ley moral, del tirano del bien, cuya cruel energía
se consagra íntegramente a servir e imponer el
ideal de amor.

Apóstrofe. — Esta poesía ha coronado y sintetiza
toda la obra y la vida del poeta. Lacerada
su alma por el bárbaro espectáculo de la fuerza
agresora y humanicida que pisotea el derecho y
pretende erigirse en dictadora y soberana de la
humanidad, busca al principal culpable de este
cataclismo, con el seguro instinto de su intuición,
y alzándose por encima de todas las cobardías y
vacilaciones que atan el pensamiento universal,
él apostrofa y condena al responsable de la horrorosa
tragedia con la violencia infinita y la sagrada
indignación que sólo pueden prestar un
alma gigantesca y un corazón sin mácula. Ya hemos
hablado de la forma de esta poesía — tan reprobada
por los estetas y por los vasallos espirituales
del déspota germano — y por lo tanto no
insistiremos en su análisis. Pero sí aseguramos
que sobrevivirá como un monumento humano de
rebeldía consciente, de alto sentido moral y de
espíritu altruista y justiciero.

Evangélicas. — Las "Evangélicas" de Almafuerte
son una serie de artículos compuestos de
pensamientos en forma de versículos.
En ellos se razona y sentencia sobre todas las
cosas divinas y humanas, pero siempre desde el
punto de vista del sentido moral y de la vida interior
del hombre.
Contienen una filosofía áspera y ruda, original
y bravía ; recuerda los aletazos de las águilas y el
selvático olor que las fieras exhalan. Pero el criterio
y el fondo de todos estos pensamientos es
fuerte y sano, edificante y austero. Expresan un
concepto de rigidez moral, de dureza consciente,
de individualismo interno, a la vez que de bondad
exquisita y de suprema civilización humana.
Son estas evangélicas un verdadero código moral,
un método de individualización; despiertan y
fortalecen, humanizan y elevan.
A pesar de que, sin pretenderlo, reflejan las
corrientes de pensamiento actuales," tienen además
una originalidad singularísima por su brusca expresión,
por su tono candente de realidad. Compréndese
muy bien que no son pensamientos de
hombre sentado, como decía Nietzsche ; que han
sido elaborados no ya andando, sino viviendo ; que
se los ha forjado en el yunque de la vida y con
el martillo de la idea.
Elévase también aquí el poeta a cumbres de
idealidad formulando profundas y penetrantes
sentencias, al hablar del carácter, al definir el
genio, al meditar sobre el hombre y sobre la vida.
Consideramos como uno de los más conscientes
y hondos pensamientos éste que forma parte de
una de sus evangélicas : "El estado perfecto del
Hombre es un estado de ansiedad, de anhelación,
de tristeza infinita : una tremulación interrogante
de tentáculo".

Discursos y conferencias. — Muchas son las
producciones de este género que existen del poeta
y todas ellas versan sobre temas morales. Se caracterizan
por la construcción de largos periodos
sostenidos en que el poeta se elevaba a las cumbres
de la ideación, con la tenaz insistencia, la
intensa pasión moral para expresar una idea hasta
en sus consecuencias más remotas y en su sentido
más recóndito, que era lo más peculiar y lo
más resaltante de su genio. Los límites obligados
de este trabajo no nos permiten entrar en el análisis
de esa parte de su obra; pero señalaremos
entre las más bellas de sus piezas oratorias el discurso
sobre Mitre, la conferencia "La gran misión",
el discurso en homenaje de Carducci y la
conferencia sobre el niño.

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