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LA PRIMERA QUINCENA

padre e hijo, día del padre



LA PRIMERA QUINCENA

I

Voy a contarte una escena
que la viví allá en mi casa,
son esas cosas que pasan
y toda el alma te llenan.
Llegué a la hora de la cena
medio cansao del laburo,
con unas ganas, te juro,
de sentarme allá en la mesa
y darle a unas milanesas
tranquilito y sin apuro.

II

Lo notaba, sobradora,
la mirada del cachorro,
medio le amagué un mamporro
pero dijo mi señora:
respétalo, che, que ahora
anda con plata el mocoso
y el chabón espamentoso
en gesto que estuvo un kilo,
metió la mano en el grilo
y dijo ceremonioso:

III

"Chapá, viejo, aquí tenés",
me aclaró con desparpajo.
"Hoy cobré allá en el trabajo,
es el sueldo de este mes.
Después, si vos querés
algún cien, me resbalás".
Decime, che, vos te das
cuenta que satisfacción,
sentí en aquella ocasión,
decime que la junás.

IV

El que no entiende estas cosas
pa' mí, che, no sabe nada,
pensarás que son pavadas
pero en el fondo, ¡qué hermosas!
Se prenden como ventosas
y al corazón te lo dopan,
me atraganté con la sopa
y yo pa' disimular
volví de nuevo a llenar
con vino tinto la copa.

V

Y mientras me lo tomaba
mis recuerdos se alejaron,
hasta los días volaron
en que era pibe y yugaba.
Los patrones me pagaban
15 pesos por quincena.
Hoy que revivo esta escena
encamada en el purrete,
créemelo, che, gran siete
que hasta sentí algo de pena.

VI

Mi viejo que ya no está
se me piantó, mala suerte,
yo era borrego y la muerte
se lo llevó a descansar.
Venía de laburar
una noche, así, igualita,
traía apretada la guita
pa que no se me perdiera.
Él estaba en la catrera
y a su lado mi viejita.

VII

Calculá, yo no sabía
lo que en mi casa pasaba.
Era pibe y no junaba
la tristeza de esos días.
Le dije con alegría:
"Tomá, papá, me pagaron"...
Me acuerdo que se miraron,
yo no sabía ni medio,
si tal vez ni pa' un remedio
esos pesos alcanzaron.

VIII

Sabés qué esfuerzos hacía
pa' que no me deschavara,
algo que aquí por la cara
correr con ansias quería.
Pa' no enturbiar la alegría
del pibe me serené,
pero después que cené
diciendo "Gil, no me falles"
chapé la puerta de calle
y a caminar me largué.

Autor:
Juan Arrestía. El poeta nochero, de Quilmes
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