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TENORIO MODERNISTA - de Pablo Parellada

Pablo Parellada, Tenorio Modernista


Tenorio modernista (de Pablo Parellada)
Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos

Alma dedicante

Yo he restregado mi intelecto en las hipocrenieces de los efebos glaucos imperantes y afratelados en nexo exedraico.
Yo nimbé mi doliente espíritu con aromencias de crisantemos melancolinos, con irisaciones esfumadas de libélulas nictalopentes, con efluvios de nenúfares nostálgicos y emanaciones nefeloídeas de siringas neurasténicas.
Yo he quitaesenciado mis guedejas con cáncamo helénico.
Yo he delectado el beso del color en las fimbrias desfloradas de dejadeces abúlicas y he dado un buz al prístino opalescer del día abriente.
Yo he cruzado el expando en alas de una armonía pentamétrica, cristalización prolífica libada en las fontanas glaucas.
Yo debiera de ofrendar mi remembrucia donjuantenoriesca a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.
Yo no ofrendaré mi remembrucia a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.
Yo no procederé con la lógica obsoleta porque esto fuera proceder contra glaucura, y mi alma se siente glauca como los iris de una hetaira en el conticinio, en la intempesta...
Yo ofrendo media remembrucia a:
Don José Samaniego L. de Cegama
Yo ofrendo la otra media remembrucia a:
Don José Samaniego L. de Cegama
Yo no ofrendo otra media remembrucia porque no quedan más medias remembrucias.
Yo espero de Don José Samaniego L. de Cegama un prólogo, prolabio, proemio, protógala, prostetis, prótasis, atrio, vestíbulo, zaguán o frontispicio en el cual me ponga más allá del expando, según es práctica entre los efebos glaucos afratelados en nexo exedraico.
Pincia, 16 de Octubrescente de 1906.
Pablo Parellada.




¡Isagoge!

¡Salve, panicida filenoso, que al poner bajo mi abrigaño las febriciteces de tu multicorde intelecto, hiciste colidir con la mía tu ánima venialmente cotufante!
¡Cómo isagogearte a ti, jocundo feruleador de favilosos cálamos, Anticristo de la floripondiez modernosa, juglero que musitas opognieces a la pálida musa de Verlaine!
Al eco jubiloso de tu sonolidante sistro, mi pájaro azul tornó a la libredumbre; orbiculó errabundo por las áureas golferieces de la cosmópolis celestiana, y avizoró añorante, embozada en los nimbos del misterio, la umbría de los bosques milenarios, do la cigarra helénica desgranó su ritma adormilente, y la cornamusa del divino Pan unisonó sibilina y milagrera con el carcajadeo de los sátiros y el tremar suspiroso de las ninfas.
Mi pájaro azul zigzagueó nostálgico.
Maya, la blonda virgen imposesa, testigueó su raudo voltijeo y ofrendole, protectrice, los lirios eucarísticos de sus manos -manos traslúcidas, manos flevilinas-, y mi pájaro azul sistolediastolizó en ellas grecitante, sistolediastolizó en ellas flajelino... Pero sistolediastolizó.
(Hemos quedado en que sistolediastolizó.)
Y como habiendo confianza da gusto, he aquí lo que musitó al oído de la púdica virgen, mi sincera avecilla:
-Sabrás, oh inasequible y codiciada esfinge, ante quien por tan varias y laberínticas sendas se encamina la innúmera caravana de soñadores, que un esforzado paladín del clasicismo hispano acaba de asestar, valiéndose de las artes del ingenio, mortífero golpe a la greñuda grey que sirve a la escarlata la lengua de Cervantes, el divino.
No he de hacer yo que ignores, oh enigmática soberana de un país ideal, que las imperecederas gallardías donjuanescas, vividas donosamente al modo glauco, son el ataque más formidable, trascendental y valeroso infligido al estetismo militante en su asendereada retaguardia. Y convendrás conmigo en que si en la regeneradora misión de dar al traste con faunos patizambos, siringas hipóginas, libélulas verdescentes, féminas cloróticas y nenúfares sitibundos, contase el insigne autor de Tenorio Glauco con el concurso de media docena de escritores de su talla artística y de su sinceridad literaria, la peluda cohorte de Verlaine podía ir pensando en cortarse con serrucho las melenas.
No podrás negarme, oh Maya, que si por mal entendidos convencionalismos tal cosa no sucediera y siguiese triunfando Glauco, hijo legítimo de Sísifo el embustero, no por ello sería menor la gloria ni menos dignos de encomio los merecimientos de quien en nombre del sentido común y jugándoselo todo en la partida, predicó con el ejemplo, fiel a la máxima del ilustre Goethe, que dice: «No pegues en el avispero, mas si lo haces, ¡da de firme!».
Y como sobre el avispero del modernismo hay que pegar sin duelo, como pegó Cervantes sobre el de los libros de caballería, y como el hecho de no haber existido más que un Cervantes no pude autorizar que sean tolerados y aplaudidos por más tiempo los ridículos desmanes de la andante glauquería, yo aplaudo con toda mi alma a Melitón González y no ofendo con nuevos elogios su modestia, porque la saladísima remembrucia con que ha honrado el nombre de mi dueño, dice en alabanza de su autor mucho más que cuanto mi pico pudiera musitar en tu oído...
Maya, la púdica virgen imposesa, palmoteó con entusiasmo y mi pájaro azul voló...
¡Salve, panicida filenoso, Anticristo de la floripondiez modernosa, joglero cotufante y multicorde, que pusiste bajo mi abrigaño las fulgurosas albescencias de tu mágica siringa!...
¡Anda la siringa!
José Samaniego L. de Cegama.



ALICUANTAMIENTO

SERES
  ACTORES

DON JUAN. BARRAYCOA.
DON LUIS. SIMÓ-RASO.
COMENDADOR. RUBIO.
DON DIEGO. PACHECO.
CAPITÁN. ZORRILLA.
BUTTARELLI. LA RIVA.
NENUFAREDA. DE DIEGO.
PRAXITELES. ROMEA.
MIGUEL. R. DE LA MATA.
CHÓFER. PADILLA.
SERAS
  ACTRICES

DOÑA INÉS. DOMUS.
BRÍGIDA. VALVERDE.




Retundidos

Doña Inés viste olosérica, verdegayante con brillanteces áureas, aunque mística, magüer que modernista smart.
Brígida sigue negrescente como antes, alegrada su falda con greca bordeante, compuesta de una carta, una llave, otra carta, otra llave, otra carta, otra llave... de tamaño natural o supernatural, y amenizada la greca con lentejuelas de azur o violáceas.
Don Juan y Don Luis visten traje de esport; gorra de moda con chapita, banderita, etc., al frente; cazadora con cinturón del mismo paño, polainas gualdas o media exótica.
Comendador y Don Diego, lo mismo pero de negro; capa moderna. El primero lleva en la cazadora la cruz del trébol rojo, antiparras de automovilistas, lo mismo que Don Juan y Don Luis, en el primer lapso.
Nenufareda y Capitán, esmoquinizados y calzoncorteados.
Praxiteles, tipo parisién barriolatinesco.
Estatua del Comendador, blanca, de levita y chistera.
Buttarelli y Miguel, lógicamente.




Plañería

Si el señor Guión escénico desea introducir alguna variante, sea fina y de quiroteca albescente.




Apostilla

Esta obra será soporosa a todo público alpargatífero o que muestre deleiteces por Talía putrefacta. Ténganlo presente las Gangarillas, Naques y Cambales generochiquitescas.






Lapso prístino


Hora y lugar. Es la hora carmínea. Aspecto interno de un asomoar; válvula al frente por la que se pupilea la calle; un reloj mural.



Apulso prístino


BUTTARELLI, asimilándose un libro; después vendrá MIGUEL.


BUTTARELLI.-
 (Lee.)
   «Los rápidos vencejos,
    los rápidos conejos,
   se pierden lejos, lejos
   si corren hacia allá.
    Los rápidos vencejos, 5
   los rápidos conejos,
   no llegan lejos, lejos
   si corren hacia acá.
      Lejos están,
   rápidos pasan, tornan, giran; 10
    rápidos pasan, tornan, van».
¡Hermoso! ¡Onomatopéyico! Se ven pasar los conejos por entre los pies de uno.
   «Rápidos pasan, tornan, giran;
    rápidos pasan, tornan, van».
¡Qué descriptivo!

MIGUEL.-   (Por el foro.)  Señor amo.
BUTTARELLI.-  ¿Qué aportas, Miguel?
MIGUEL.-  En la librería me han dado esto para usted.
BUTTARELLI.-  No se dice librería, se dice el universo empastado, la alacena de intelecto.
MIGUEL.-  Bueno, pues en la alacena me han dado este cartabón.  (Manifiesta un libro triangular y de colores chillones.)
BUTTARELLI.-  Otro libro de poesías.
MIGUEL.-  Modernistas rabiosas.
BUTTARELLI.-  Magnificente; forma triangúlica.
MIGUEL.-  Cuando me lo dieron pensé si sería un bacalao.
BUTTARELLI.-  Pero, colaterálico fámulo, efebo prosaico, ¿crees posibelente que una intelectualidad hipocrénica se exteriorice en forma bacalácea?
MIGUEL.-  De todo son capaces esos poetas melenudos.
BUTTARELLI.-  Se dice hirsutos.
MIGUEL.-  Yo hablo a la pata la llana.
BUTTARELLI.-  Patalallaneas.
MIGUEL.-  Eso, patalallaneo.
BUTTARELLI.-  Tú eres un terreno de secano, yo, de mojano; tú darás maleza, yo daré bueneza, porque he regado mi intelecto con la lectura de «Silencios precoces» y «Charcas compungidas».  (Mostrando el libro.)
MIGUEL.-  Bueno, pues abra usted esa regadera.
BUTTARELLI.-   (Abre y lee.)  «Aurelius Rodrígueris». ¡Buena firma! «Construcción en doce lapsos». Que son: «Alma Enero; alma Febrero; alma Marzo; alma Abril»...
MIGUEL.-  Etcétera.
BUTTARELLI.-  Hasta «Alma Diciembre».
MIGUEL.-  Los doce meses del año...
BUTTARELLI.-  ¡Y qué título! ¡Qué título! Luego decís de los modernistas. ¿Qué título debe ponerse al manojo de las doce almas de los doce meses del año?
MIGUEL.-  ¿Qué sé yo?
BUTTARELLI.-  «Alma... naque».
MIGUEL.-  A mí deme usted «El diablo mundo».
BUTTARELLI.-  Rudeces grises.  (Despectivo.)
MIGUEL.-  ¿Y el Tenorio?
BUTTARELLI.-  Anticuado, obsoleto, vulgarideces grisáceas. ¡Ah, si el Tenorio estuviese escrito por los míos!
MIGUEL.-  Quisiera verlo; el Tenorio con hipos verdes y flatulencias azules. Me voy a fregar platos.
BUTTARELLI.-  A fregoplatear.  (Echándole.)


Apulso bis


BUTTARELLI. Lee.



   «Alma Agosto,
   tiempo caluroso, 15
   suelo resecáceo,
encuéntrase tan sólo algo frescoso
       el cetáceo.
   Aire caligino,
   brisa de rescoldo, 20
impónese el gazpacho de pepino
      y el toldo.
   Ronronean moscas
   y demás compinches,
    y se ponen hoscas 25
      las chinches.
   Tarde bochornídea,
   el pastor sestea,
   se tumbalarguídea
   y piernasueltea». 30

BUTTARELLI.-  «¡Tumbalarguídea!» «¡Piernasueltea!» ¡Hermoso! Si con este lenguaje se escribiera el Tenorio... ¡Ah! Yo, yo lo escribo, pero... poco a poco; primero pensemos la obra, vamos a verla con los ojos del intelecto. Ya tiene título: «El Tenorio Glauco». Reparto: Seres: don Juan, don Luis... etc. Seras: doña Inés, doña Brígida... etc. «Se levanta el telón...» no, eso es anticuado; «se atabilla el caladaris», más moderno. Lapso primero; nada de hostería, el bar; don Juan labora la carta en una máquina de escribir... tiqui... tiqui... tiqui; Buttarelli dispone los beberes  (Botellas.)  y los sentares.  (Sillas. Entonado.)

   Y luego el Comendador,
    que llega y dice al entrar:


(El reloj cambia su esfera por otra transparente que, en vez de las horas, tiene diferentes colores y señala el rojo; de este tono se esplendoriza la escena.)




Apulso trino


BUTTARELLI, COMENDADOR, por el foro.


COMENDADOR
¿Sois el dueño de este bar?
BUTTARELLI
(¡Don Gonzalo!) Servidor.
COMENDADOR
Laconizad. ¿A un don Juan 35
y a un don Luis conocéis vos?
BUTTARELLI
En breve lapso, los dos
aquí conjuncionarán.
COMENDADOR
Conozco su apuesta ruin.
BUTTARELLI
Veremos quién gana o pierde. 40
COMENDADOR
¿A qué hora?
BUTTARELLI
A la hora verde.
COMENDADOR
Estamos en la carmín.
BUTTARELLI
Así lo dice el reló.
 (El reloj mural.)
COMENDADOR
El mío se me ha parado.
 (Lo lleva en la muñeca.)
BUTTARELLI
Lleváreisle colocado 45
a la moda, como yo.
 (En un tobillo.)
COMENDADOR
Si en los pies me lo pusiese,
¿qué ventaja reportara?
BUTTARELLI
Que constantemente andara,
andaría o anduviese. 50
COMENDADOR
Desde aquí tomaré notas.
 (Se sienta.)
BUTTARELLI
¿Queréis leche adulterada?
¿Vino pernicioso?
COMENDADOR
Nada.
BUTTARELLI
¿Con o sin gotas?
COMENDADOR
Sin gotas.


Apulso cuarto


Dichos, por foro DON DIEGO, con un papelito que lee.


BUTTARELLI
(¡Otro embozado negroso!) 55
DON DIEGO
 (Lee.)
«Tres y cinco, bulevar».
(Aquí debe ser.) ¿El bar
del símbolo victorioso?
BUTTARELLI
Estáis bajo su dintel;
internad, buen caballero. 60
DON DIEGO
¿Está en el bar el barero?
BUTTARELLI
Palabrando estáis con él.
DON DIEGO
Vengo para presenciar
un mat de que me han hablado.
BUTTARELLI
Sentoso y antifaceado 65
lo podréis pupilear.


Apulso quinto


Dichos, por el foro CAPITÁN y NENUFAREDA, y otros más si la compañía dispone de ellos.


NENUFAREDA
Ya están los dos en Sevilla.
CAPITÁN
Entremos, Nenufareda.
BUTTARELLI
Señor Capitán eléctrico...
¿Cómo vos por estas tierras? 70
CAPITÁN
Siempre fui coincidente
en toda función orgiesca.
NENUFAREDA
Tráenos algo que libar.
BUTTARELLI
Lenguajid lo que desean:
cocaína, éter sulfúrico, 75
inyecciones hipodérmicas...
CAPITÁN
Tupinambo.
NENUFAREDA
Torrefacto.
BUTTARELLI
Al punto.
 (Vase izquierda.)
CAPITÁN
Las verdes suenan.

(El reloj señala verde; la escena luciernaginea de este color.)




Apulso sexto


Dichos, por la válvula fórica o forense. DON JUAN, DON LUIS y otros efebos. Los dos primeros van a ocupar las sillas que por tradición les corresponden.


DON JUAN
Ese artefacto sedente
es para un bohemio gris. 80
DON LUIS
Es para mí.
DON JUAN
Sois don Luis.
DON LUIS
Sois don Juan.
DON JUAN
Precisamente.

(Se quitan la cáscara facial.)


DON LUIS
Horario no lapidemos
y a contar las fechorieces.
DON JUAN
Antes, unas predulieces 85
de vermut.
DON LUIS
Vermuticemos.

(Vermutizan.)


DON JUAN
Pues, señor, salí de aquí
albescente y opalino
y, arrabundífero, di
en Mónaco, porque allí 90
tiene el Príncipe un casino.
De féminas y de espor
horizontálica tierra,
y en ella, un gobernador
que a los puntos no da guerra 95
por timbar, ¿dónde mejor?
Donde hay casinos, hay juegos,
floresta, en los cercaníos;
frutesta, en los lejaníos;
vellonesca, en los borregos; 100
y anguilesca por los ríos.
Para la apuesta empezar,
mandé publicar en dos
periódicos al llegar:
Rest isí mesié Tenoar 105
pur qui desir quelque chos.
Las mónacas estatuosas,
sus caderas anforosas,
yo doliente y neurasténico...
mis pasiones de bohémico 110
se vieron expansionosas.
Pero como me jugué
mi dinero al ecarté,
era Mónaco muy tétrico
y tomando un kilométrico 115
en Milán me desgrané.
Así que en Milán me vi
otro reclam escribí,
claro está, en italianini:
Arrivato Tenorini 120
e non che huomo per lui;
di la princhipesa altese
a pescatora di angüila
di cuesto belo paese,
amerá lui, e desofïla 125
a tuti gli milanese.
No hubo mat, ni pul, ni espor
sin yo batir el recor
en mi automóvil montado
ni camino del Estado 130
que no llenara de horror.
Yo muerte a personas di,
yo carros atropellé,
sobre los mulos me fui
y todo cuanto encontré 135
a mi paso, lo barrí.
Así automovilizó
don Juan, y en este carné
están los que atropelló:
cuánto suman todos, yo, 140
como son tantos, no sé;
si lo queréis comprobar
sin matematiquizar,
os lo mostrará en el acto
de modo breve y exacto 145
mi máquina de sumar.
 (La manifiesta.)
DON LUIS
Buscando mayorizar
de mi hálito los expandes,
dije: ¿Qué mejor lugar
tratando de flanear 150
más indicado que Flandes?
Movibundo y rapidero,
de Flandes tomé el camino
un mañano diciembrero
de celaje cenicero 155
verdente y melancolino.
Así que flandequicé,
a un esporman-Club subí,
allí treinta cuarenté,
y dobla que yo jugué 160
fue dobla que yo perdí.
Al verme tan... desdoblado,
me ofrendé como chofer
en casa de un millonado
a la industria dedicado 165
del cochaje de alquiler.
Bien me amusé, ¡Sacrenón!,
y manejando el volante
fue tanta mi diversión,
que atropellamos en Gante 170
a una santa procesión;
gasolineando entre gentes
apostólico-creyentes,
aplasté catorce oblatas,
ocho curas negrescentes 175
y veintisiete beatas.
A Berlín marché al instante,
pero cierto almacenante
de bicarbonato sódico
me conoció, y el tunante 180
me delató en un periódico.
Corriendo a Persia me fui
y, como en Mónaco vos,
otro cartel escribí
en persa: «Maja lají, 185
jala jila, jala, jos».
Inmoverá dos semanas
sin otras cuentas galanas
ni otro negocio entre manos
que reñir con los persianos 190
y adorar a las persianas.
En Forbules, Lantenis,
Matinés, Gardenpartis...
donde fue la gente esporman,
se cristalizó en recorman 195
con su automóvil, don Luis.
Por donde automovilé
el pánico introducí,
a quien quise atropellé
y hedionda peste dejé 200
de gasolina tras mí.
Para ver cuántos mató
don Luis, y mostrar que no
son cuentas exageráneas,
aquí están las instantáneas 205
que de los muertos sacó.
 (Las manifiesta.)
COMENDADOR
¡Decadentes! A no estar
proclive a descaecer
había de exhaustecer
vuestra manera de hablar. 210
  (Se descacarilla la faz.)
DON JUAN
¡Ullón!
COMENDADOR
Con doña Inés
no esperéis el desposario;
quien destroza el diccionario
como vos, a Leganés.
DON JUAN
Me hacéis brotar el risaje, 215
modernizar es lo estético;
lo que es del Cosmos, «Cosmético»,
¿grupo de coros? «Coraje».
De funda, «Fundamentar»;
varias calvas, «Un calvario»; 220
tenor de ópera, «Operario»;
comer de balde, «Baldear».
DON DIEGO
No puedo más tu cinismo
escuchar, porque es ultraje
de Cervantes al lenguaje, 225
y al sagrado clasicismo.
Glauco prosigue, pero, ¡ay!,
por tu lenguaje epidémico
ya no serás académico;
me lo ha dicho Echegaray. 230
DON JUAN
¿Quién ultrajecervanteó
por palabrizar así,
ni qué me importa, en Madrí,
ser académico o no?
DON DIEGO
Adiós, don Juan.
DON JUAN
No será
235
sin quitarte la careta.
 (Lo ejecuta.)
DON DIEGO
¡Barro parisién! ¡Esteta!
DON JUAN
¡El marido de mamá!
 (Jocundo.)
COMENDADOR
Vamos, don Diego.
 (Evacua por la válvula forense acompañado de DON DIEGO.)
DON JUAN
Don Luis,
mañana continuaremos. 240
DON LUIS
Aquí mismo nos veremos.
 (Vase.)
DON JUAN
A las verde, la reprís.
CAPITÁN
Que aquí todo el mundo se halle.
 (Vase con NENUFAREDA.)
DON JUAN
Chófer.
CHÓFER
Mesié.
DON JUAN
Oye atento.
Hora gris, en el convento. 245
Hora glauca, en esta calle.

(Vanse.)






MUTATIS MUTANDUM






Lapso bis


Hora y lugar. Es la hora parda con irisaciones polícromas. Aspecto de celda muy chic, en un convento roquero de mademoiselles honorables. Al frente gran ventanaje por el que se especta un celaje y un campiñaje rutilantes, reverberantes y lucíparos. Una puerta univalva a cada coté. Muebles fantasiosos entre los que cuspidea una anaclítera.



Apulso prístino


DOÑA INÉS y BRÍGIDA. La primera, habillada de monja verdegayante y escapulario carmíneo, ostenta un ingente rosario de vidriantes uvas rojas eléctricas, las cuales se incandescerán cuando yo diga «Ahora».


BRÍGIDA
Mirad, mirad, doña Inés,
lo que os traen de la tienda.
DOÑA INÉS
¿Un libro?
BRÍGIDA
Sí, que os ofrenda
don Juan.
DOÑA INÉS
Muy bonito es.
BRÍGIDA
Don Juan lo mandó editar 5
y está por don Juan escrito
en verso, y el pobrecito
os dedica un ejemplar.
El manto es de piel de atún;
  (Cubiertas.)
el hojaldre, piel de angula. 10
 (Hojas.)
DOÑA INÉS
¿Y cómo al libro titula?
BRÍGIDA
Leed.
DOÑA INÉS
 (Lee.)
«Flores de betún».
¡Está en blanco!
BRÍGIDA
Hay que leer
en el canto.
DOÑA INÉS
¡Cielo santo!
BRÍGIDA
De las hojas, en el canto, 15
hoy se escribe; es la dernier.
Las cosas andan cambiadas.
DOÑA INÉS
En el libro hay un papel.
BRÍGIDA
Para ofrendaros en él
sus flores embetunadas. 20
DOÑA INÉS
¡Ay, Brígida! En donjuanismo
don Juan mi pecho ha nimbado
y creo que se ha esfumado
de mi pecho el complejismo.
Cuando no está en mi presencio 25
siento nostalgialidad,
fulgores de oscuridad,
estampidos de silencio,
el reposo del correr,
lo claro de la espesura... 30
BRÍGIDA
Y del carbón, la blancura.
DOÑA INÉS
Eso.
BRÍGIDA
Vamos a leer.

(Vuelve la llave de la luz eléctrica; estará en la pared. Ahora es cuando se incandesce el rosario de que hemos tratado.)


DOÑA INÉS
¡Ay, que el papel que ha venido
en el libro es incendiario!
¡Mi mano arde!
BRÍGIDA
Es el rosario,
35
que se ha puesto incandescido.
DOÑA INÉS
 (Lee.)
«Inés, flor de Arimatea».
¡Virgen Santa, qué incipiencia!
BRÍGIDA
Vendrá escrito en gaya ciencia,
y el pobre ripioplumea. 40
Vamos, no fragmenticéis.
DOÑA INÉS
«Luz que a febea derrumba,
irisácida columba
mártir de encerrosidad,
si, exorable, en este léxico 45
abrí vuestros miradores,
no los cerréis con temores
místicos, epilogad».
BRÍGIDA
¡Qué humildez y qué decires!
¡Qué sentires y anhelares! 50
DOÑA INÉS
Brígida, siento temblares...
BRÍGIDA
Seguid, seguid los leíres.
DOÑA INÉS
«Nuestros padres, mancomúnidos,
nuestra emulsión acordaron,
porque entrambos bucearon 55
en las almas de los dos,
y halagüeñado por esa
bipaternal proyectanza
feretreo de añoranza
remembrando sólo en vos. 60
Ese amor prematurente
en mi pecho voltejea
y, callado, grigritea
con un mutismo locuaz
y su fuego incrementado 65
se expandece y vibridiza,
se alarguece y ensanchiza
inmensitudo, voraz».
BRÍGIDA
Pobre don Juan, es un nene.
DOÑA INÉS
Al mar fue por naranjía... 70
y naranjas no tenía...
BRÍGIDA
La esperanza le mantiene.
DOÑA INÉS
«No podrían extinguirlo
los modernos bomberajes,
bocarregajes, mangajes 75
y escalajes en montón;
pues sobre mi neurastenia
el escombraje viniera
lo mismo que si cayera
sobre rosa en floración». 80
Ésta es la carta de un loco.
BRÍGIDA
Una carta abracadabra.
DOÑA INÉS
Yo no entiendo una palabra
de lo escrito.
BRÍGIDA
Ni él tampoco.
DOÑA INÉS
«Inés, cabello sinfónico 85
que mi eseyencia imaneces,
sarta de madreporieces,
libélula del Edén,
cisne del lago penúmbrico
que con su cola eucarística 90
en el agua traza artística
guirnalda con su vaivén,
si extericonventualizas
y tu pensamiento invaden
las suarés de Baden-Baden, 95
Biarritz y San Sebastián,
remembra que a los cimientos
de esos muros monolíticos
te esperan los cariñíticos
tentáculos de Don Juan». 100
¡Ay! Que se nubla mi vista...
Brígida, yo estoy muriendo.
BRÍGIDA
¿Y quién no se muere oyendo
lenguaje tan modernista?
DOÑA INÉS
«Remémbrate de quien plañe 105
de tus amores la inedia
desde la hora azul y media
hasta sonar la hora gris;
remembra que existe un hombre
que los espacios cruzara 110
y por tu ventana entrara
con que sólo hicieras: ¡Chis!».
¿Por la ventana? Imposible.
¡Veintidós metros de altura!
BRÍGIDA
Pudiera.
DOÑA INÉS
¿Cómo?
BRÍGIDA
Criatura,
115
con su globo dirigible.
DOÑA INÉS
«Adiós, lavanco lucíparo;
adiós, mosca fragantina;
guarda y meditabundina
los decires que aquí van. 120
Y si repudias la celda,
volará sobre ese risco
de tu conventual aprisco
el globo de tu Don Juan».
¡Ay! ¿Qué letal bebedizo 125
es el que me dais aquí
que como verde enfermizo
zigzaguea sobre mí?
BRÍGIDA
¡Mirad cuán raudo navega
ese globo, Doña Inés! 130

(Foro izquierda.)


DOÑA INÉS
¡Atraca!
BRÍGIDA
¡Baja!... Ya llega
el aeronauta...

(Vase derecha.)


DOÑA INÉS
¡Él es!


Apulso bis


DOÑA INÉS. Del ventanal emerge DON JUAN y se detiene ventanalibundo.


DON JUAN
¡Inés!
DOÑA INÉS
Os prohíbo entrar.
DON JUAN
Que hace dos días, repara,
salí de Guadalajara; 135
permíteme descansar.
 (Ingreda.)
Deja, pues, neurastenura
y perdona si un momento
saboreo del convento
la nostálgica foscura. 140
 (En la anaclítera.)
¿No es verdad, fauno de amor,
que a la orilla del aguaje
fulge más puro el lunaje
y se halitea mejor?
La brisa que errabundea 145
entre nimbos de colorios
de los boscajiles florios
que ese fluvio regadea;
el río en que ondulantea
por su transpuril color 150
el cantoso pescador,
monocorde y monorrítmico,
¿no es verdad, fauno aromítmico,
que son hálitos de amor?
El silfo que grácil salta, 155
sin que sus dinas extinga,
sobre helénica siringa
desde la fronda más alta;
el prestigio con que exalta
su vozneo trinador 160
el exulto ruiseñor
de acento epitalamítmico,
¿no es verdad, fauno cielítmico,
que son desgajes de amor?
Y estos hablares que van 165
restando desesperanza
a la anémica añoranza
del neurótico don Juan,
y cuyos gemires van
orquestando en tu interior 170
un foco vesubiador
hetáirico y graderítmico,
¿no es verdad, fauno florítmico,
que son gérmenes de amor?
Y esas dos lícuas libélulas 175
que en tus pupilas pululan
y erráticas funambulan
ofrendándome bebélulas
nefeloidares, a no vélulas,
en su autosupercador, 180
y el purpúreo sonrojor
de tu frontis eburnítmico,
¿no es verdad, fauno sublítmico,
que son trunqueces de amor?
¡Oh! Sí, hierática Inés, 185
de luz febea despojos,
timpanearme sin sonrojos
azulentes, amor es;
mira a tus zócalos, pues,
el intrínseco calor 190
de este pecho propulsor
de espíritu antiamorítmico
salmodiando, fauno enrítmico,
la infinidad de tu amor.
DOÑA INÉS
Silenciad, don Juan, por Dios, 195
que tanta palabra glauca
me perplejiza y embauca
labializándola vos.
Silenciad, que vuestro acento
el espíritu me encona 200
y me transforma en la dona
móvile cual piuma al vento.
Vuestra palabra divina,
vuestro lenguaje selecto
me producen el efecto 205
de la capilocarpina.
Yo voy a ti enamorada,
fluyente y desvoluntiza
como el agua se desliza
por una tabla inclinada. 210
A mi voluntad monomia
extremecen tus hablares,
me conturban tus mirares
y tu voz me manicomia.
¡Don Juan! Mi razón se pierde; 215
ámame por compasión
o muere mi corazón
de neurastenura verde.

(Allá ellos.)


DON JUAN
¡Qué dolencia tan artística!
DOÑA INÉS
Ahora de moda está... 220
Mas silenciad... ¿Qué hora da
en la torre?

(No suena nada.)


DON JUAN
La hora mística.
DOÑA INÉS
¡Hora lechuzante..., inmóvil!
DON JUAN
Silenciad, oigo un rumor...

(Se oye bocina de automóvil.)




Apulso trino


Dichos. Por la derecha BRÍGIDA.


BRÍGIDA
¡Señor!
DON JUAN
¿Qué?
BRÍGIDA
El comendador,
225
que viene en un automóvil.
 (Vase derecha.)
DOÑA INÉS
¡Mi papá!
 (Se desmaya en la anaclítera.)
DON JUAN
¡Desvanecida!
 (Al foro.)
¡Ciutti, abrid el gasógeno
y el globo llenad de hidrógeno!
  (Toma a DOÑA INÉS en brazos.)
Hay que volar en seguida. 230
La fatalidad cruel
me hace volar a la luna.
¿Qué me importa? Será una
grandiosa luna de miel.

(Vase por foro llevándose a DOÑA INÉS. BRÍGIDA, detrás. Acto seguido se oye dentro.)


¿Estáis todos?
MUCHEDUMBRE
¡Sí!
235
DON JUAN
¡A una! ¡A dos! ¡A tres!

(Se ve pasar el globo por el fondo con DON JUAN, DOÑA INÉS, BRÍGIDA y CHÓFER.)






MUTATIA MUTANDUM






Lapso trino y póstumo


Hora y lugar. Hora nictalopente, o sea la hora amarilla con pintas negras. Lugar necrodúlico. Estatuencias irisadas en colores rutilantes. Cipreses rojos. Luna cuadrada. Un enjambre de fraganciosálicas flores circunda la pétrea y marmórea estancia de la ex DOÑA INÉS. Lo demás, allá el Apeles.



Apulso prístino


PRAXITELES.


PRAXITELES
Firmofeché. La campana
tocó la hora amarilla.
La coleteante Sevilla
abandonaré mañana.
Tornaré a la patria mía 5
cuando alborezca el expando
luciernaginoso, cuando
se desenchiquere el día...
¡Ah! Mármoles sitibundos
que esculturé con afán, 10
los sevillanos vendrán
a veros, absortibundos;
y al sorber del panteón
las nuevas necropolieces,
mostrará admiraciones 15
de glauca generación.
Siglos y siglos, pasados,
persistiréis en los puestos
en que os puse, mis enhiestos
remembros petrificados. 20
¡Oh! Pomas de mi intelecto
que con mi cincel mondé,
y en las que exterioricé
personificante efecto,
aquél que os formalizó 25
os ruega que los laureles
recojáis del Praxiteles
que forma vívida os dio.


Apulso bis


PRAXITELES y DON JUAN.


DON JUAN
Me alegro de verle bueno.
PRAXITELES
Perdonad, es la hora parda 30
y el dueño en su casa guarda
las llaves.
DON JUAN
¿Sois el sereno?
PRAXITELES
La equivocación disculpo...
DON JUAN
Como con linterna vais
y la hora me cantáis... 35
PRAXITELES
Yo no sereneo, esculpo.
DON JUAN
Ah, sois vos el escultor
que esto ha panteonizado.
PRAXITELES
El que ha praxiteleado
cuanto veis en derredor. 40
Los que enterrados están,
intelectualentes fueron
que poesías leyeron
del glaucófilo don Juan.
DON JUAN
¡Sapristi! ¿Tan glauco fue? 45
PRAXITELES
Mucho; cuentan que en la fonda
tomaba sopas con honda
y merluza con rapé.
Para él eran Calderón,
Lope, Zorrilla y Cervantes 50
unos percebes andantes.
DON JUAN
Y le sobraba razón.
PRAXITELES
 (Señalando las estatuas.)
Todo se compró a propósito,
y el pago tocatejeado;
éste es de cemento armado, 55
 (Mejía.)
como el del tercer depósito.
DON JUAN
 (Delirante.)
Aquí estoy, piedras nerviosas,
pletórico de armonía,
enfermo de poesía
y de ideas verdegosas... 60
PRAXITELES
 (Aparte.)
¡Un glauco!...
DON JUAN
 (Delirando.)
La fronda..., el florio,
la tortuga cataléptica
y la libélula escéptica...
PRAXITELES
Señor...
DON JUAN
Soy don Juan Tenorio.
PRAXITELES
¡Don Juan Tenorio!
DON JUAN
Sí tal;
65
y si pronto no te alejas
y las llaves no me dejas,
te recito un madrigal.
PRAXITELES
Tomad.
 (Aparte.)
No quiero «foscura»,
ni «gemmas», no «flatos líricos». 70
Ahora, los guadalquivíricos
le aguanten la guilladura.
 (Ha entregado las llaves y emigra.)


Apulso trino


DON JUAN, deambula.


DON JUAN
Mi genitor se gastó
en esto mi metalía;
a mí, plin, al otro día 75
la hubiera naipeado yo.
No protestaréis de mí
si con la parca os casé;
si mal os talamicé,
bien os necropolicí. 80
Impóndera es, ciertamente,
la idea del panteonaje,
y... place al corazonaje
la noche oscura y silente.
Como esta noche tan calma, 85
pasé más de mil a solas
con el ladrar de las olas
y los molinos del alma.
Sí, pasados esos lapsos,
cuyos remembros me pánican, 90
siento que aquí me titánican
opalescentes colapsos.
¡Oh! Tal vez me los emita,
como albescencias de aurora,
esa sombra auspiciadora 95
que, por mis versos, no halita.
 (Rumbea hacia la pétrea remembranza de DOÑA INÉS, palabreándola reverente.)
Lapidente doña Inés,
corporal e inanimácea,
deja que un alma violácea
plaña brevente a tus pies. 100
Te llevé, tiempo a través,
en mi cerebral armario,
y hoy, que, como antidotario,
tu amor busca con afán,
te halla metida don Juan 105
en tu estuche funerario.
En ti sólo remembré
desde que Villadieguí,
y, desde que me esfumí,
volver encefalicé. 110
Yo tan sólo esperancé
de tu espíritu el santuario,
y hoy que retorna precario,
cual lacrimente caimán,
solo se encentra don Juan 115
con tu estuche funerario.
Liliácica doña Inés,
cuyo peplo de bellencia
ergastuló en sepultencia
quien plañendo está a tus pies, 120
sí, de esa piedra, el revés
te refleja el inventario
del que te adoró anhelario
como al fauno adoró Pan,
localidiza a don Juan 125
en tu estuche funerario.
Germinaste por mi bien;
por ti, vívida camelia,
he pasado en la eutrapelia
de la vida en el andén. 130
Sí, en el momento presén,
como efluvio de incensario,
veo un ser imaginario
que nimbifica a don Juan,
y se exhaustece mi afán 135
en tu estuche funerario.
¡Oh! Inés de mi convivencia,
lejánica luz de Sirio,
madrigalizante lirio
de mi bohemia existencia, 140
si de tus labios la esencia
llega al celestial estuario
y hay alguien tras el muestrario
de astros que fulgiendo están,
di que atalaye a don Juan 145
en tu estuche funerario.
 (Gravitoequilibra en el aposento necrodúlico, eclipsando su personal frontispicio; y mientras estatiquiza, una emanación nefeloide que emerge de la vitrina necrodúlica pantallea la pétrea remembranza de DOÑA INÉS. Cuando la nefeloide emanación se esfuma, la pétrea remembranza se ha invisibilizado. DON JUAN surge de su estupefacientismo.)
Esa luna cuadrantal
las glauqueces me refresca;
luna miliunanochesca,
abracadabrante y... tal. 150
¡Cielos! En el sustental
no está el mármol estatuario;
aquel contorno Inesario,
¿fue de mi mente un desmán?


Apulso cuarto


DON JUAN. La cabeza de DOÑA INÉS aparece en el cáliz de una rosa, tulipán, girasol o de otra megaflor.


DOÑA INÉS
No hay tal estuche, don Juan, 155
ni tal mármol funerario.
DON JUAN
¡Aún vives! ¡Dime cómo...!
DOÑA INÉS
Vida me dio Floralia.

(Música dulcídea dentro; aria de las flores en Fausto.)


Al morir y enterrarme en este sitio
he sido, en estas flores, transformada; 160
      mis colores, flores,
      mis despojos, plantas.
Mi cerebro dio jugo a las violetas,
mi tronco, a los claveles y a las dalias;
los floralios colores son los míos, 165
y mi aliento, enfriado, su fragancia;
       mis colores, flores,
      mis despojos, plantas,
      flores gilbas,
      flores gualdas, 170
       flores grises,
      flores glaucas.
DON JUAN
Pues ya era mía; voy a trasplantarte.
DOÑA INÉS
De hacerlo, guarda;
en tocando tus manos estas flores 175
quedarán marchitadas
y dejarán de ser para in aeternum,
       mis colores, flores,
      mis despojos, plantas.
DON JUAN
 (Aparte.)
      Cuando flautas, pitos, 180
       cuando pitos, flautas.
DOÑA INÉS
      Si dejas, por impura,
      la poesía glauca,
vendrás al lado mío cuando mueras;
tus raíces serán entrelazadas 185
con las mías, pues han de ser entonces,
       tus colores, flores,
      tus despojos, plantas.
  (Se oculta. Cesa la melopea.)


Apulso quinto


DON JUAN.


DON JUAN
¡Pasad, sombras zigzagueantes,
pasad, nubosos arpegios 190
de amorosos florilegios
y de nimbos ronroneantes!
¡Flores abracadabrantes
tintadas de rosicler,
dejad de retrotraer 195
a mi cerebro cansino
el aromencia divino
del ángel que os diera el ser!

(Pausa.)


Culpa mía no fue; mordiome un glauco
y el virus me infiltró de la glaucencia 200
y, metido de lleno en el embauco,
en vez de «aroma» pronuncié «aromencia».


Apulso sexto


DON JUAN, ESTATUA DEL COMENDADOR y otras.


ESTATUA DEL COMENDADOR
Aquí estoy.
DON JUAN
¡Cielos!
ESTATUA DEL COMENDADOR
Don Juan,
vienen en mi compañía
los que con tu poesía 205
mataste con glauco afán.
DON JUAN
¡Yo! ¡Jesús!
ESTATUA DEL COMENDADOR
¿De qué te alteras,
si al glauco nada hay que asombre,
pues pinta morado al hombre
y verdes las calaveras? 210
DON JUAN
¡Terrible verdad!

(Campanas y música alegre.)


ESTATUA DEL COMENDADOR
En vista
del modo con que procedes
en todo, veré si puedes
con mi cena modernista.
DON JUAN
¿Y qué me das de yantar? 215
ESTATUA DEL COMENDADOR
Ahí, fuegaje; ahí, cenizaje.
DON JUAN
Se me encrespa el cabellaje.
ESTATUA DEL COMENDADOR
Hoy vas a combustionar.
DON JUAN
¿Y esas campanas que allá
suenan híbridas?
ESTATUA DEL COMENDADOR
Por ti
220
doblan.
DON JUAN
¡Doblando por mí!
¡Que desdoblen!...
ESTATUA DEL COMENDADOR
No será.
DON JUAN
¿Y aquella gente que reza?
ESTATUA DEL COMENDADOR
Es tu entierro.
DON JUAN
¿Muerto yo?
ESTATUA DEL COMENDADOR
El globo hecatombizó 225
y caíste de cabeza.
DON JUAN
¡Ah! En todo lo que escribí
el castellano insulté,
palabras introducí
y con ellas consoné, 230
es decir, consonantí;
el glauco quintaesencié
si el consonante fue en e;
si fue en i, quintaesencí,
y en todo escrito dejé 235
remembro glauco de mí.
ESTATUA DEL COMENDADOR
Don Juan, a los cielos ruega,
pues no hay conmiseración;
dame la mano.
DON JUAN
¡Perdón!
ESTATUA DEL COMENDADOR
Ven conmigo a la delega. 240
DON JUAN
Aparta, forma estatuida,
suelta mi braceante remo,
que aún queda una gemma, o gemmo,
del nenúfar de mi vida.


Apulso final


Dichos y DOÑA INÉS.


DOÑA INÉS
Don Juan perdonado está; 245
de lo glauco acepto el rito
porque, de lo glauco escrito,
algo bueno quedará.
Cesad, cantos necrodúlicos.

(Cesan los cantos.)


Callad, clérigos de bronce. 250

(Cesan las campanas.)


Sombras, volved al esconce
de vuestros nichos abúlicos.

(Melopea; apoteosis con ángeles modernistas; llevan alas, esmoquin de color, calzón corto y sombrerito Frégoli.)


DON JUAN
¡Estro glauco! Gloria a ti.
Dirán los guadalquivíricos
que con mis glaucismos líricos 255
un extremo introducí;
al contrario, queda aquí,
a los clásicos, notorio
que un poeta perfunctorio
de subintelectualencia 260
refrescó con su glaucencia
el anticuado Tenorio.

(Se desatabilla el caladaris.)

A DORMIR

Autor: Pablo Parellada y Molas, por pseudónimos «Melitón González» y «Pancho y Mendrugo» (Valls, provincia de Tarragona, 1855 - Zaragoza, 1944), escritor, comediógrafo, humorista, periodista y dibujante español.
Escribió en periódicos y revistas no sólo satíricos (en La Avispa, Madrid Cómico, Barcelona Cómica, Gedeón, pero también en Blanco y Negro, La Vanguardia, ABC, Nuevo Mundo, La Correspondencia de España, Heraldo de Aragón, en las bonaerenses Caras y Caretas y El Hogar y en la neoyorquina Pictorial Review.
Empezó a estrenar piezas teatrales en el Teatro Lara (Madrid), con el sainete Los asistentes (1895). Escribió dos novelas extensas: Memorias de un sietemesino y El filósofo de Cuenca, y varias novelas cortas para El Cuento Semanal, Los Contemporáneos, La Novela Mundial, La Novela de Viaje Aragonesa, El Cuento Azul...
Su humor es fino, observador, inteligente, nada grosero ni pomposo; es original en las situaciones, casi siempre inesperadas, ingeniosas de trama y resolución y nada tópicas. Su lenguaje es castizo, puro y elegante, aunque es capaz de deformarlo con motivo caricaturesco, como demuestra en su Tenorio modernista (1906), «remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos», en la que ataca el lenguaje hiperculto, declamatorio y pomposo del Modernismo ininteligible para muchos. Algunos de sus artículos de humor fueron traducidos al inglés y recogidos en el volumen The Patent London Superfine (1896)
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