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CANTO A BELGRANO (Homenaje de Lidia Cristina Lacava, poeta de Neuquén)

poema bandera argentina


CANTO A BELGRANO
NACE EL HÉROE

Magno varón, espíritu elevado.
Quiso ser luz e iluminó la tierra.

Guerrero audaz con alma de labriego.
Ángel caído en campo desolado.

Quiso la Patria tenerlo por dilecto
               hijo del pueblo adusto.
Fuego ignorado animó su alma
y la sublime empresa concedida
    por hado extraño.
Ser el abanderado en suelo que venera
                                      la libertad como conquista.
Sueño de nación pura. Ansia de pura vida.
Majestad descendida a un campo de batalla,
de desigual postura, de aciago signo,
                          para el héroe en lucha.
Búsqueda de verdad en llana estepa,
feraz monte o quebrada, grito al viento.
Aguafuerte vivaz en la Bandera.
Insigne pauta que a seguir llama.
Trompeta que redime de dolor no esperado,
al alma inquieta por hallar el camino.

Oscura ruta, siniestro fin.
Su cuerpo es un dolor que no se acaba
y muestra herida cruel que nadie cura.

Fugaz estrella que el amor persuade.
En sacro suelo su gentil figura
   señala el firmamento.
En él la plena vigencia de la luz
        azul celeste y blanca.
Pendón que espera al caballero ilustre
                    que sea su líder.
Nada más bello que la vista augusta
De un horizonte que es futuro incierto.

-Mi Patria espera y debo responderle.
                           Gime su fuerza heroica.
-Hijo dilecto soy de esta llanura
y estos valles que amé desde que fuera
ojo extendido y oído silencioso.

Cuando supo el destino que fatal aguardaba
santa alegría puso su cara al norte.
En la pelea, encuentro desigual,
más siempre gana “la espada que ala es”.

EXODO JUJEÑO

Insinuado El camino, el iniciado
decide su verdad y vida entera,
fatal entrega al hado que lo guía.
Muerte feroz, plegaria humilde.
Pueblo que emigra en estoicismo.
El mensajero da la nueva de la huida.
El éxodo asimila la palabra
                                          en penoso camino.
La esperanza al final como una rosa.

EL TRIUNFO Y LA DERROTA

En Salta y Tucumán hay buena estrella.
Inconclusa pelea desde las nubes vese.
Vigoroso adalid, en la batalla
rige su luz antigua.
Quizás todos los nombres de guerrero
caberle puedan al hombre que se acerca
a la gloria que escapa de sus manos de niño.

Hora fatal, no importa el resultado.
Perder también es parte de la guerra.
Hora fatal, el genio no reposa.
Duda su sino, pero resurge airosa
la Bandera que orienta, el Norte para el Sur.
                                      Del Sur, el Norte.
Rebaño de dolor es Vilcapugio,
Ayohuma el remate, poco queda.

¡Ay! Dolor que carcome la desgarrada entraña.
¡Ser luz y ni siquiera sentirse iluminado!

HACIA LA MUERTE

¡Oh! Patria que canté desde la cuna,
protegerte quisiera, más la muerte
oscura espera en el camino.

Hacia ella voy, destino, grito ingente…

Nunca mi vida tuvo otro horizonte
que el deber a cumplir, siempre entregado.
¡Oh! Patria adormecida junto a un sueño
que la agonía impide,
que cumpla en esta vida, por lo menos.
No levante el hermano su palabra
en contra de la tierra que lo guarda.
Cobijo dulce de madre bienhechora,
a ti regreso después de magros días
de dolor infinito y honda pena.

Patria que necesito como faro.
Mi muerte está a la vera del camino
sinuoso, que recorrer no puedo.
Piélago solo, desierto inmenso.

Pero es mi Patria y muero
en su glorioso suelo lastimado.
Entrego mi alma a ti. Serás el hecho
de mi melancolía, y tu luz pura
me dará el reposo, postrer sueño.
Partir será quizás como un viaje
cargado de ilusiones animadas,
de mundos redimidos y felices.

Quiero creer, aunque me duela el alma,
que volveré, para mirar el llano;
y los hombres en él, en la faena
orientados al fin por la Bandera.
Signo de sus destinos sin dudar,
guía de sus vidas.
Serena luz que muestra:
                                     El camino en la bruma,
                                     de vano devenir,
                                     en la calma del viejo,
                                     en la gracia del niño,
                                     en la perfecta fe
                                     que Dios en mí dejara.

Patria mía, sé que no ha concluido
la obra encomendada. Siento pena
por tanto desacierto y tanta lucha
con fuerzas extraviadas que me agotan.
Con tanto por gozar; por tanto tiempo
a realizar trabajo en patrio suelo
   y bajo cielo patrio.
LA BANDERA

Bandera nuestra, madre idolatrada
bajo de ti, tu sombra protectora
es consuelo en mi fe y es fe en la vida.
Vida que fuera a la Patria entregada.
Mi amada Patria:
                          Espejo de mi alma
                          que refleja su luz.
                          Espíritu primero.
                          Vives en mi razón.
                          El gran amor que siento
                          me trasciende los tiempos.

EL OCASO

Como celeste lumbre, voy muriendo
apagando la llama de mis horas,
por amoroso afecto acompañadas
en la causa suprema de mi tierra.
Vientos de paz, ansío me acaricien;
aromas dulces aspirar deseo.
Rosa que no marchita, eternizada
cual palabra secreta nunca dicha.
Perenne brillo cuyo fulgor no deja
lugar a ver, amén de su hermosura.

Amaneció y conmigo la certeza
de que sería el postrer, el final día.
Ya no podía seguir, no más jornadas.
Afuera la pasión oscurecida.
Dentro de mí, mi tierra y su destino.

Navegante que solo se hace a la mar.
                                                         Desierto embarcadero.
                                                         Olvido solamente,
                                                         de dolor impregnado.
Quiero gritar, prefiero la pelea
a campo abierto; o algún cielo estrellado,
en que la Cruz del Sur me marque ruta.
No quiero este morir tan en silencio.
Prefiero el llanto, el grito de batalla.
Quiero el dolor de mis paisanos fuertes.
Quiero llevar la limpia escarapela.
Y no temblar ante el cañón que ruge,
y no dudar que estamos combatiendo.
Siento el feroz desgarramiento eterno
de tener que olvidar lo designado.
No más la marcha, el clarín o la carga.
No más la polvareda del infierno.

Mi pensamiento vuela más mi cuerpo
no responde al llamado y queda yerto.
Si puedo dar, que el gran Dios lo permita.
Si puedo hacer, por qué no realizarlo.
Mis ojos secos después de tanto llanto
ciérranse al escenario de la vida.
Voy tras la libertad, bajo su influjo
padezco mi delirio, amarga pena.
Partir, partir en el olvido cierto.
Triste final y triste adiós me esperan.

Por mi Patria veré pasar el tiempo.
Unido a su verdad dejo este sueño.
Envuelto en mi Bandera tan amada
por cielo azul y blanco protegido.
Partir en el olvido inevitable.
Triste final y triste adiós aguardo.                              

Autora:  LIDIA CRISTINA LACAVA (POETA Y ARTISTA PLÁSTICA DE NEUQUÉN - ARGENTINA)



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