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POEMA DE LA GARZA Y EL LAGARTO

garza y lagarto


Poema de la Garza y el Lagarto

Fábula en cuaderna vía



A la busca de mosquito que saciase mi acidez,
exploré yo una marisma por primera y sola vez,
pues salió de los juncales, con ansiosa rapidez,
blanca garza pescadora harta ya de sapo y pez.

Prisionero del gran pico, le rogué yo compasión:
Me esperan seis lagartijos, bajo mi gris paredón.
Soy viudo y si no les llevo un jugoso moscardón,
o un saltamontes gigante, morirán de inanición.


Truco típico y muy viejo - replicó la garza. A cien
como tú les he escuchado la misma fábula... Ven,
ven a mi estómago porque tuve hijos yo también.
Reza un buen 
Ora pro nobis y no olvides el amén.

Indúlteme, amiga mía - supliqué temiendo el fin.
No quiera usted que su pico vierta líquido carmín.
Tengo la sangre más fría que mi primo el culebrín.
Mire que soy indigesto como piel de puercoespín.



Muy débiles argumentos, lagarto, los que me das.
No eres mi amigo, tú eres sólo merienda, sin más.
Ven a explorar mi garganta. Buche abajo callarás.
¡No te salva hoy ni Pilatos, mi sabroso Barrabás!


Ay mis hijos lagartijos. Ay qué pena y qué dolor.
Ay que no tendrán jamás a este padre proveedor.
Mi mujer murió y no puede cultivar ningún amor.
¿Qué será de ellos ahora? Qué futuro aterrador…


¡Calla, tonto! - dijo ella. O me vas a hacer llorar.
Vete pronto de esta ría donde el río besa al mar.
Si te vuelvo a ver tan lejos de tu grieta familiar,
te perderás a ti mismo como aguja en un pajar.


Lo que iba hacia tragedia, tuvo así un final feliz.
Ni tan siquiera por rima murió allí ni una perdiz.
Pero si he de ser sincero como luz del astro cid,
yo no soy viudo ni padre; eso fue sólo un ardid.

AUTOR: ELIO MILAY
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