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MIS AMORES CON NAPOLEONA (Recitado criollo de Abel Soria)

poema de amor


MIS AMORES CON NAPOLEONA
Cuando llegué a este rincón

dispués que anduve y anduve,
de las diez novias que tuve
en toda la población,
se ganó mi corazón
Napoleona Santa Cruz
que me marió con la luz
de sus pupilas inquietas
y me hizo hacer más gambetas
que carrera de avestruz.


Yo andaba atrás del arao

cuando a lo lejos la ví,
y jué cuando comprendí
que ya estaba enamorao
porque al mirarla embobao
como el que ha visto visiones
trompezaba en los terrones,
se me ladiaba la yunta
y al dar güelta en cada punta
eran puros camellones.


La ví por segunda vez

en la estancia “El Sarampión”,
se divorciaba el patrón
y armaron baile después,
llegaban hasta de a diez
engualichaos de alegría
y el pago se divertía
con música y tortas fritas
y las mozas más bonitas
de toda la ranchería.


Pero al llegar Napoleona

con la mirada, nomás,
le hizo perder el compáz
al viejo de la cordiona.
Era un ángel en persona
enviao desde el cielo santo,
lástima que pal encanto
de su cuerpo de barrica
la puerta resultó chica
y tuvo que entrar de canto.


Cuando la invité a bailar

dijo en tono lisonjero:
-Güeno, por ser el primero,
no lo voy a dispresiar.
Soy difícil pa lidiar
por que estoy juera de ensayo
pero si me pisa un callo
o me lastima un juanete
ai sí, del primer moquete
garanto que lo desmayo.


Yo parecía una hormiga

alrededor de una parva
porque apenas con la barba
le daba por la barriga.
Me dijo: “el güey se fatiga
si la yunta es despareja”
y acompañando una queja
se dobló casi en cuclillas,
entonces yo de puntillas
me le declaré en la oreja.


Mi ardiente pasión frenética

y su fría indiferencia
son factores de influencia
sobre mi estampa esquelética…
Le hablé cuidando la estética
con frases de alto copete,
y me contestó: “Rispete,
dotorcito, ¿qué se ha créido?
¿que por ser un mozo léido
me va a agarrar pal chijete?


Aunque vi la cosa oscura

de tal manera insistí
que al fin me dijo que sí,
con romántica ternura,
y al estrechar su cintura
me suplicó maliciosa:
“No apure tanto la cosa
que dispués mama me reta
y deje esa mano quieta
que soy medio cosquillosa”.


Y me pidió: “Por favor,

le ruego que no comente
de que usté es mi pretendiente
y que hemos hablao de amor,
no olvide que soy menor
y me perjudicaría;
cumplí treinta el otro día
y los mozos me cortejan
pero en casa no me dejan
tener novio todavía”.


Entonces, le dije yo:

“Preparáte pa mañana;
te escapás por la ventana,
juyimos y se acabó!”
“Mañana, -me contestó-
en cuanto asome el lucero
ensillá tu parejero
y andá nomás por mi rancho;
si no se dispierta el chancho
te espero atrás del chiquero.”


Pero pensé al otro día

que con Napoleona en ancas
mi colorao “patas blancas”
a gatas resistiría,
no quise hacer la herejía
de cargar con su silueta
porque el mancarrón maceta
se iba a clavar de punta.
Entonces uñí la yunta
y me juí con la carreta.


Dieciséis años pasaron

y vivimos muy felices,
tenemos doce gurises
que del cielo nos mandaron.
Todos ellos adornaron
como flores nuestro hogar
y nos queremos casar
porque yo, principalmente,
tengo miedo que a la gente
le diera por murmurar.

Autor: Abel Soria (Uruguay)
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