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EN ALGÚN LUGAR DEL MUNDO


En algún lugar del mundo…

En algún lugar del mundo
hay alguien que nos espera.
En algún lugar del mundo
alguien por nosotros vela.


En este largo camino
es el amor una estrella,
una guía luminosa
encendida por la idea
que brilla en los corazones
de la humanidad entera.


En este largo camino
muchas voces nos alientan.
Entre esas voces hay una
-la de alguien que nos espera-
que dice un nombre en silencio
como si ese nombre fuera
la clave de la esperanza
la razón de su existencia
un golpe de viento nuevo
que disipa la tristeza
el ayer siempre presente
y ese futuro anhela.


Si pensaste alguna vez
en darte en luz a la tierra,
en volcar en tus palabras
tus sueños y tus quimeras,
para llevar a los hombres
la palabra verdadera.


Si queda en tu corazón
lumbre de la primavera,
una chispa bastará
para ahuyentar las tinieblas,
para encender en los ojos
de las niñas las estrellas,
para que sea tu voz
un canto a la vida plena.


Entonces, si tienes sangre
galopando por tus venas,
si están parados tus huesos
sobre el dolor de la tierra
y sientes subir por ellos
toda la amarga condena
de mil siglos de opresión
de rebeliones y penas.


Si quieres llamar hermano
a aquel que a tu lado sueña,
y que las rosas que otros
hicieron nacer no mueran.
Para que al gritar ¡Presente!
esté viva su presencia.


Si sabes que hay un camino
que abrimos con nuestras huellas
que trazamos todos juntos,
coco a codo hacia la meta,
que es la libertad del hombre,
que es un mundo sin fronteras,
guiados por las palabras
de aquel que orientó la senda;
entonces nunca permitas
que el desaliento te venza,
ni que arrastren sus pies
muertos como muerte lenta,
ni pienses volver atrás
porque atrás ya nada queda;
sólo un mundo carcomido
que se disuelve en la niebla.


Si tomaste ese camino
que te dictó tu conciencia
no puedes retroceder
ni detenerte siquiera
una fracción de segundo
para volver la cabeza.
Quienes lo hicieron quedaron
plantados junto a la huella
vueltos estatuas de sal,
heridos por la tristeza,
olvidados de la historia,
con la angustia que les quema
los ojos y el corazón.


Por eso, no te detengas,
no destruyas la esperanza
de quien confía y espera,
de quien te nombra en silencio,
de quien te escribe y te piensa,
de quien te piensa y te escribe:


“Aquí estoy yo, soy el mismo
el que siempre te recuerda.
Durante el más crudo invierno
descubrí la primavera.
Estaban los cielos grises
cerrando todas las puertas
herían el aire quieto
estertores de sirenas,
mientras funestos carruajes
cruzaban las calles yertas
-silencio, terror, angustia-
agitando su carrera
en remolinos de espanto,
las últimas hojas secas.


Yo estaba lejos entonces
pero me sentí tan cerca,
que una rosa dolorida
ardió en mi mano derecha.
Pero me guardé las lágrimas
y me mordí la tristeza,
y sentí que me crecía
por dentro toda la fuerza
que en tantos encuentros fugaces,
en tantas frases apenas,
tu corazón le da al mío
tu valor a mi flaqueza,
poniendo a mi convicción
la fe que mueve las piedras.


Por eso puedo esperar:
esperé tres años, treinta,
trescientos esperaría.
Guardo intacta tu sonrisa
y mi caricia más tierna,
y también guardo en mi almohada
lugar para tu cabeza.
Todo lo tengo presente:
tus sueños y tus ideas,
tus ansias y tus proyectos:
quiero que mi mano sea
en las buenas y en las malas,
de tu mano compañera.


Quiero seguir a tu lado
por el camino que lleva
a la libertad de todos,
a la paz sobre la tierra,
al amor que en tu recuerdo
enciende su clara estrella.
Para decir lo que digo
desde el tiempo de mi espera
me basta con las palabras
que en el pulso me golpean
¡¡Te quiero, te necesito!!
Sólo así, sólo con ellas,
mi corazón tiene alas
y al lado del tuyo vuela”.


A vos, como a mí y a todos,
hay alguien que nos espera.
Una voz que es muchas voces
nos enciende y nos alienta.
Por eso avanzamos juntos,
por eso ninguno tiembla,
por eso tenemos claro
que hay que llegar a esa meta
que es la libertad, hermana,
por el amor, y por ella.

* Del autor desconocido la única referencia es U9 La Plata, Nov ‘78, aludiendo al Penal de esa ciudad argentina donde hubo detenidos durante el terrorismo de Estado. Texto publicado en la Argentina durante la década de 1980 por el Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos. 
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