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CELOS (de Héctor Galiardi)




CELOS

(Poema del extraordinario prócer de la poesía,
don Héctor Gagliardi, de Buenos Aires)

¿Hasta cuándo - te pregunto- vas a seguir con tus celos
o te crees que vengo a casa, para quererme amargar...?
¡Y no me andés olfateando, que yo no soy ningún perro
si hasta el perfume que llevo, vos misma me lo comprás...!

Y tomá llevate el saco y revisalo a tu gusto
que a lo mejor el pañuelo, tiene una mancha de "rouge"
y te aviso por las dudas, para evitarte el disgusto
que este número que tengo... ¡es del doctor Santa Cruz...!

Y apurate que te falta examinar la camisa
y analizá esta manchita... vas a ver que es de café
que lo tomé sin azúcar... por no usar la cucharita
paradito en Do Brasil a las cuatro y veintitrés...

Y después le toca el turno al pantalón por supuesto,
eso sí... en la cartera, por favor no demorés...
que siempre cuento "la tela" por temor a los impuestos;
tengo 2 de cincuenta, 6 de cinco y 3 de cien.

Y en vista que la pesquisa no te ha dado resultado
sentate cerquita mío, que me quiero confesar
de todo lo que yo hice, cuando me fui de tu lado
esta mañana a las ocho, después de desayunar...

Como taxis no venían... me subí a un colectivo
y las cosas del destino, donde el hombre se ubicó
que si es otro se desmaya, pero yo... quedé tranquilo:
¡De un lado Sofía Loren... del otro... Brigitte Bardot...!

¡Y las dos por conquistarme, de rabia se derretían...!
Una me dio un codazo... la otra lo repitió...
ésta que me miraba... aquella me sonreía...
que al final, les dije: ¡Niñas, compostura por favor...!

Pero viendo que las cosas más oscuras se ponían
dije al llegar a Congreso: "¡Pare, que bajo yo...!"
"No te vayas... cuchi cuchi..."- me suplicó la Sofía
"Mi Tarzán... no me abandones"- ¡suspiró Brigitte Bardot...!

Eso... ocurrió a la mañana, que la pasé descansando
pero justo al mediodía, un amigo me avisó
que Ava Gardner me esperaba, para tomar un "cortado"
que venía con la Gina y esa rubia Diana Dorst...!

¿Ah... te reís... te causa gracia, y decís que son mentiras
porque jamás una estrella, en mí se podrá fijar...?
¿Entonces, yo qué merezco... esa gorda de la esquina,
esa que vende empanadas... en la esquina frente al bar...?

¡O no ves que en tu egoísmo, te rebajás a vos misma
cuando el esposo no vale, no hay motivos de celar,
y si vale... hay que cuidarlo, no aburrirlo con pamplinas
¡y hacerle gratas las horas cuando viene a descansar...!

¿O pensás de que tus celos, son motivo de cariño
y que a mí, me causa gracia, los papelones que hacés...?
¡Si cada día que pasa... sin querer me desanimo
y el día que diga: ¡Basta!... ¡Jamás me volvés a ver...!

Esa cuestión de celos, dejala para los novios
que se enojan veinte veces, para volverse a amigar...
o te creés de que a mis años... estoy pa´ hacerme el Tenorio
con los problemas que tengo, por mantener el hogar...

¡Y no llores que estas cosas no se arreglan con suspiros,
se arreglan queriendo fuerte, con cariño, con lealtad...!
¡Y ahora vení... dame un beso... y abrazalo a tu marido...
que no le gusta que llores... porque lo hacés aflojar...!


Héctor Gagliardi
del libro "El sentir de Buenos Aires"
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