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EL CHUCHO (de María Elena Tamayo)

poesía para perros




EL CHUCHO


El día que vine al mundo
a nadie hice yo feliz
apenas un simple chucho
feo y sin “pedigrí”.

Mi mamá sí me quería
y con amor me cuidaba,
también hermanitos tenía
con ellos corría y jugaba.

Cierto día unos señores
a mis amos visitaron.
Dijeron que yo era gracioso
y con ellos me llevaron.

Yo me sentía muy triste
al faltarme mi mamá,
no quería ser gracioso,
quería con ella estar.

Al rato llegaron dos niños
y saltando fui hacia ellos,
¡qué contentos se pusieron!
Me tomaron en sus brazos
y me llenaron de besos.

Yo ya estaba más alegre
pues aunque nunca podría
olvidar a mi mamá
vi que mi nueva familia
me quería de verdad.

Fueron pasando los meses
y yo satisfecho y feliz
iba creciendo y creciendo.

Qué orgullo para mis amos,
estarían muy contentos.
Decían que ya era muy grande
que si seguía creciendo
sería un perro gigante.

Una tarde todos juntos
fuimos de excursión al campo,
fue una tarde muy dichosa
corrí tras una pelota.

Quise cazar mariposas,
me revolqué por la hierba,
y ya cansado y feliz
dormí una larga siesta.

Cuando desperté ¡oh Dios mío!
No estaba nadie conmigo,
todos se habían marchado,
me habían dejado solo...
¡Se habían de mí olvidado!

Corrí por el campo ladrando
buscando a mis amos perdidos
pero sólo encontré a unos niños
que huyeron despavoridos.

Vi a lo lejos unas gentes
y hacia allí fui esperanzado,
pero no pude acercarme
a pedradas todos me echaron.

Han pasado muchos días
nadie ha venido a buscarme
y sigo solo en el campo.

Estoy cansado y herido
siento miedo, hambre y frío
y tengo el cuerpo dolorido.

Ando buscando otros amos,
alguien que cuide de mí
pero ahora ya soy grande
y nadie me quiere así.

No soy perrito gracioso,
ahora soy un simple 'chucho'
que no tiene “pedigrí”.

© María Elena Tamayo
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