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LA DICHA

victoria vaserman


LA DICHA

Estás aquí, acariciando mi rostro humedecido,
lágrimas de nostalgia y propias conclusiones,
desarmo el amanecer que nos encuentra abrazados,
y un tango entre los dedos muriendo en un piano.

Atrapada en la dicha me hundo despacio en tu pecho,
mis párpados encauzados bajo los álgidos sentidos,
el deseo se esfuma lento sobre un mar de verbos,
y soy sólo un ciprés alto y erguido que apunta el cielo.

Tú, hombre de todo mi tiempo amarrado,
eres la razón cómplice de la pirámide del beso,
el deseo desfallece ahora y se enrama el fuego,
y el corazón hilvanado al tuyo como húesped perenne.

El aroma de tu cuerpo prisionero en el aire,
mi boca jadeante consumida en tu piel con sed alocada,
en cada oasis se despunta el impulso del desborde,
y se enlaza el destino fundido en la alborada.


ANIE

30/06/2007
 
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